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DRM: SISTEMAS PARA PROTEGER LOS DERECHOS DE AUTOR
Por Andy Ramos Gil de la Haza
La historia de los dispositivos de grabación ha sido al mismo tiempo la historia de la lucha por el respeto de los derechos de autor. A diferencia de la analógica, la tecnología digital permite al usuario crear copias exactas e ilimitadas de un original, pudiendo dichas copias multiplicarse a su vez sin mermar en absoluto la calidad del original. Esta tecnología, la apertura de Internet al gran público y los nuevos sistemas de compresión de archivos ha supuesto un auténtico replanteamiento legal y tecnológico del panorama de los derechos de autor. Es por ello por lo que la industria musical, y ahora también la cinematográfica, están invirtiendo fuertes cantidades de dinero en investigación para el desarrollo de tecnologías capaces de restringir, o al menos controlar, las copias que se realizan de cada original. Ante este escenario nacieron los DRM (siglas en inglés de Digital Rights Management o “Gestión de Derechos Digitales”), que es por un lado una tecnología que impide, o en cierta medida limita, la copia de obras digitales protegidas por los derechos de autor y, por otro lado, determinadas restricciones legales que el autor ha querido conferir a su obra. Los DRM junto con lo que se ha denominado “Trusted Computing” pretende crear un futuro de interactividad entre la Red y dispositivos portátiles, equipos hi-fi, ordenadores y otros aparatos digitales respetando de principio a fin los derechos de los autores de las obras transmitidas y reproducidas.
Desde el punto de vista técnico, la tecnología DRM es un conjunto de servicios tecnológicos (como pueden ser, entre otros, objetos Metadata, tecnologías de identificación, de encriptación, de protección de derechos y de privacidad, o tecnologías de pagos) recogidos en diversos medios digitales, ya sea en el dispositivo final del usuario, en Internet o en el archivo descargado de dicha Red. En otras palabras, esta tecnología va contenida en una canción, en un reproductor de música portátil o en un ordenador, y a través de la lectura de dicho archivo, el dispositivo es capaz de gestionar los derechos que el autor ha querido dar a dicha obra.
Obviamente esto implica muchos retos, el primero y más importante, el ser capaz de crear una tecnología que no sea fácilmente franqueable, o al menos, si dicha protección es pirateada, que pueda ser rápidamente actualizada (de hecho ésta es una de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual en esta materia publicada en noviembre de 2003). Prueba de este peligro es que Jon Johansen, el joven noruego que rompió la protección de los DVD, publicó el año pasado un programa que quebraba la seguridad en un entorno Linux de las canciones descargadas de iTunes, lo que ha provocó que VirginMega denunciara a Apple por falta de diligencia en el desarrollo de su tecnología DRM (denominada “FairPlay”), aunque dicha reclamación fue posteriormente rechazada por un Tribunal de la Competencia Francés considerando que Apple sí actuó diligentemente al mantener en secreto dicho sistema. |
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