La protección del “Conocimiento Indígena” | Thursday 12 July 2007

Creo nunca os había hablado del “Conocimiento Indígena” y traigo este tema hoy a colación de una noticia que anuncia que varios expertos prevén que se otorgue protección internacional al “Conocimiento Indígena” o “Traditional Knowledge“.

Pero ¿qué es el “conocimiento indígena”?. Este término responde a la protección sui generis del conocimiento generado por determinados pueblos y tribus, generalmente indígenas, para proteger las aplicaciones o los usos que del medio ambiente, han conseguido obtener y que tienen fines curativos, sanitarios o de cualquier otro tipo. Simple y llanamente sería proteger la “cultura popular”, las “pociones de toda la vida” o esos remedios caseros tan eficaces que posteriormente son comercializados por empresas farmacéuticas.

Después del fracaso del Broadcasting Treaty, parece que la OMPI quiere levantar cabeza a través del establecimiento de un régimen internacional para la protección del “conocimiento indígena”  que repita los éxitos que, en este campo, se han conseguido en países como China o Perú (los únicos que yo conozco que regulan este tipo de conocimientos). En la actualidad se discute si establecer este régimen sobre los acuerdos TRIPS de la Organización Mundial del Comercio, a través de la propia OMPI, o por la Convención de la Diversidad Biológica.

El sistema peruano es realmente curioso (lo siento pero nunca he tenido los suficientes recursos como para estudiarme el chino), ya que a través de la Ley Nº 27.811, que establece el régimen de protección de los conocimientos colectivos de los pueblos indígenas vinculados a los recursos biológicos” (pdf) (el título casi lo dice todo), se protegen los conocimientos adquiridos por los pueblos indígenas con una doble finalidad, evitar que terceras personas patenten medicamentos u otras innovaciones basadas en los conocimientos de estos pueblos; y favorecer a estos pueblos, que deberán autorizar la explotación comercial de sus conocimientos.

De esta forma, se protege sin importar si el conocimiento ha caído ya en dominio público o no, y sin importar la temporalidad, ya que la protección que se establece es imprescriptible. Además, este derecho que otorgan a las tribus indígenas sobre su conocimiento no puede ser cedido a terceros por su carácter de inalienable, lo que provoca que los licenciatarios de sus conocimientos no estén capacitados para otorgar sublicencias de estos productos.

Parece que estas medidas están funcionando muy bien en estos países (en China, el 90% de las medicinas que se intentan patentar vienen de recetas tradicionales), pero intentar regular a nivel internacional una problemática que existe en determinados territorios, creo que es querer regular por regular. No discuto la utilidad de estas medidas, por ejemplo, para evitar que terceras empresas patenten una innovación que no es novedosa, ya que era conocida por una determinada tribu, pero de ahí a ampliar esta cuestión local a todos los países del mundo, se me antoja una solución desmesurada.

En España poco se ha escrito poco sobre el tema, apenas Javier Gutiérrez, director general de VEGAP, se ha atrevido a opinar sobre el tema (estando a favor de su protección, por cierto). Para los que le interese el tema, recomiendo la web peruana de la INDECOPI y su microsite de los “Conocimientos Tradicionales de los Pueblos Indígenas”.

Restaurante protegido por Propiedad Intelectual | Friday 29 June 2007

Es bastante frecuente leer por Internet que, por el camino que vamos, hasta las recetas van a estar protegidas por derechos de autor. No hace falta hacer una lectura muy profunda a la Ley de Propiedad Intelectual (esa gran desconocida) para darnos cuenta de que una receta no se va a poder proteger por estos medios, y ni tan siquiera como patente, aunque algunos se enorgullezcan de ofrecer a sus comensales sus famosas “recetas patentadas”. Por el único medio por el que se pueden proteger recetas de cocina, aunque de forma muy limitada, es a través de los “secretos industriales”, que hacen que muchos libros de cocina no revelen al completo los ingredientes o la forma exacta de preparar un plato para que quede “como en la foto”.

Leo en el New York Times que una Chef de esta ciudad ha denunciado a un competidor por infringir sus derechos de propiedad intelectual, y claro, lees dicho titular y te asombras, pero a medida que sigues con la lectura te vas dando cuenta que el titular es un tanto engañoso.

Rebecca Charles es una prestigiosa cocinera y empresaria de la Gran Manzana, especialista en rollitos de langosta, cangrejo frito y otras delicatessen de Nueva Inglaterra. Hace 10 años abrió su restaurante Pearl Oyster Bar en el West Village y desde entonces ha visto como otros competidores han ido abriendo negocios “imitadores”. Hasta ahora ha ido soportando como podía a tanto imitador, pero el último en llegar, Ed McFarland, dueño del restaurante Ed’s Lobster Bar en el SoHo y antiguo pinche de cocina del Pearl Oyster Bar, ha ido demasiado lejos según Charles, lo que ha propiciado una demanda en el Federal Circuit Court in Manhattan por infracción de sus Intellectual Property Rights.

Pearl Oyster Bar, el restaurante de la demandante

Ed’s Lobster Bar, de la demandada

En la demanda, Charles argumenta que Ed’s Lobster Bar ha copiado “todos y cada uno de los elementos del Pearl Oyster Bar, incluyendo la barra de mármol blanco, la pintura gris del revestimiento de madera, las sillas altas con el mismo respaldo de madera, los paquetes de galletas saladas de ostras colocadas en cada mesa, el menú y el aliño de la ensalada César. McFarland, por su parte, se defiende diciendo que es cierto que su restaurante es similar al de la demandante, pero que en ningún momento es una copia.

Y es entonces cuando entra en juego un concepto anglosajón más cercano en nuestro entorno a la competencia desleal, y es la figura del “trade dress”, o la imitación del estilo de un competidor, de su “look and feel”. He hablado ya en otras ocasiones del “trade dress” como protección del aspecto de un negocio, tendente a evitar que terceras personas utilicen elementos similares a los de un competidor para aprovecharse de su notoriedad o para inducir asociación en el público.

Los abogados de la parte demandante reconocen que la mayoría de los casos de “trade dress” que han llegado a los tribunales no han conseguido demostrar ni la existencia de un elemento protegible, ni la imitación compulsiva del competidor, pero consideran que este caso es diferente ya que Charles ha estado meses tomando cientos de pequeñas decisiones sobre el “look and feel” del restaurante y de su menú, lo que le hace merecedora de dicha protección.

Pero parece que lo que más ha molestado a Charles no ha sido que haga un restaurante que ella identifica como reflejo personal de sí misma y de su familia, sino que el aperitivo del demandado “Ed’s Caesar”, que aunque no lo ha probado, está segura de que contiene su receta secreta de la ensalada Caesar. Charles reconoce que enseñó al demandado a preparar esa receta que heredó de su madre, pero se aseguró de recordarle decenas de veces que dicha receta era secreta y que no podría utilizarla en ningún otro sitio.

En este tipo de casos, más allá del concepto del “trade dress”, como dije al principio, proteger una receta de cocina no es posible si no es a través de los “secretos industriales” y ello es sólo posible si se toman determinadas medidas como dejar claro a los empleados que determinados elementos son considerados secretos, que firmen un acuerdo de no revelación o utilización de los mismos (los famosos Non-Disclosure Agreements) y que evite la exposición evidente de tal secreto. Creo que puede ser un interesante tema para un futuro podcast; mientras tanto me quedo con esta curiosa demanda.

La piratería en China | Friday 4 May 2007

Por extraño que parezca, no voy a hablar del descubrimiento de la clave para eludir el AACS (ya me encargaré de ello en el podcast, que si no ocurre nada excepcional, saldrá a la luz -por fin- este fin de semana). De lo que quiero hablar ahora es de algo más simpático y sobretodo sorprendente.

A pesar de los esfuerzos de EE.UU., Europa y de la Organización Mundial del Comercio por reconducir a China por el “buen camino” del respeto a los derechos de propiedad intelectual, lo cierto es que el gigante asiático es toda una mina de productos pirateados, empezando por obras audiovisuales y terminando por… ¡parques temáticos!. Descubro en BoingBoing el Shijingshan Amusement Park, un parque de atracciones donde todo es real, quiero decir, realmente falso.

El Pato Donald y Minnie Mouse en versión china

El Castillo de la Cenicienta

Un puesto de Blancanieves

Los 7 Enanitos con Blancanieves al fondo.

Pero lo que realmente no tiene desperdicio es el siguiente vídeo que muestra imágenes del parque temático, con las falsificaciones de personajes de diferentes estudios, incluidos Disney, Doraemon o Hello Kitty, llegando a extremos de cutrerío que no pueden provocar más que carcajadas.

http://www.youtube.com/watch?v=u94PTC-Gd1U

Realmente no tiene desperdicio.

Y sobre infracciones, me llama la atención que Sergio Rodríguez, periodista/blogger de El Catalejo de El Mundo diga tan frescamente que distribuir 80 copias caseras del último disco de Jarabe de Palo no infringe ninguna ley:

(…) Los responsables de esta página (hachemuda.com), molestos por unas declaraciones de Pau Donés (cantante de Jarabe de Palo), fueron a un concierto con 80 CDs del grupo grabados por ellos… y los regalaron sin infringir ninguna ley.

Quizá no sabe que las copias privadas (si se puede considerar la descarga una copia privada, claro) son sólo para disfrute del copista y que la puesta a disposición del público del original o de las copias de la obras, en un soporte tangible, es un derecho exclusivo de los titulares de la obra, y por tanto requiere su expresa autorización…

Hombre Quemado, Marca Registrada | Monday 19 February 2007

Una de mis series favoritas es “Malcom in the Middle”, que en España la emite Antena 3 a unas horas complicadas de seguir, los fines de semana a media mañana. En uno de los episodios de Malcom, la familia emprende un viaje al desierto de Nevada para acudir al Festival de Hombre Quemado (“Burning Man”, en su nombre original), un lugar de expresión cultural y libertad absoluta cuyo lema es “un acto espontáneo de auto-expresión radical” (“a spontaneous act of radical self-expression“).

Aunque este festival, que se celebra todos los años en el Black Rock Desert coincidiendo la fiesta americana del día del Trabajo, tiene un áurea de libertad, los fundadores se están peleando por la marca “Burning Man“.

El Hombre Quemado nació en 1986 en Baker Beach, San Francisco, de la mano de Larry Harvey, Jerry James y varios amigos, y su nacimiento tiene connotaciones de leyenda, con historias adúlteras de por medio. En 1990 se mudaron a Nevada ante el enorme crecimiento de la fiesta (en la actualidad acuden más de 40.000 personas), y en ese cambio de emplazamiento influyó la figura de John Law, miembro de la Sociedad de la Cacofonía (Cacophony Society), que organizó uno de los eventos con más público dentro del Hombre Quemado.

El problema, como digo, reside en la marca. Aunque en un principio ésta pertenecía a los tres fundadores, Larry Harvey, John Law y Michael Mikel, en 1997, todo ellos formaron la sociedad “Paper Man LLC”, a la que transfirieron la marca en cuestión, aunque las facturas las pagaba Black Rock City L.L.C., que estaba formada por Larry, Michael y otro cuatro, entre los que no se encontraba John.

John Law ahora se opone al intento de Larry y Michael de reivindicar la marca “Burning Man” como de su exclusiva propiedad, dejando fuera de la misma al primero, y lo hacen, según John, para explotar económicamente la misma, algo que va en contra de los principios del festival. John quiere recuperar la marca y ponerla en el dominio público, donde, según él, debe estar al igual que el espíritu y el arte de “Hombre Quemado”.

“Burning Man”, una marca registrada que huele a chamusquina.

Enlaces Profundos o Comunicación Pública | Wednesday 24 January 2007

Leo una de esas sentencias que no gustan nada a los que abogan por una Internet libre, y es que un tribunal de Texas (EE.UU.) ha condenado al propietario de una página web por facilitar enlaces que direccionaban a retransmisiones en vivo de eventos deportivos.

El caso tiene más chicha de lo que pueda parecer: Rober Davis es el propietario de la página web Supercrosslive.com, una página web en la que pone enlaces directos a retransmisiones en vivo de carreras de motociclismo; las retransmisiones de audio no las realiza el propio Davis, sino SFX Motor Sports, una empresa especializada en cubrir este tipo de eventos.

La sucesión de acontecimientos ha sido realmente rápida, ya que SFX Motor Sports solicitó una medida cautelar el 12 de diciembre del pasado año, medida que fue concedida, y pocos días después, el pasado 9 de enero, el Juez Lindsay dictó un fallo sumario que siguió los razonamientos de la resolución que aprobaba las medidas cautelares, todo ello justo el mismo día que el bueno de Davis intentaba apelar la adopción de las medidas cautelares. En España nos quejamos de la lentitud de la justicia, pero esto ya es pasarse…

Lo curioso del caso es que el Juez Lindsay no ha analizado el caso estimando que dichos links facilitados son en realidad deep links o enlaces profundos, sino entendiendo que SFX Motor Sports es el titular de los derechos de propiedad intelectual de sus retransmisiones y que los enlaces de Davis a las mismas, son “emisiones o comunicaciones públicas copiadas”:

“The court finds that the unauthorized ‘link’ to the live webcasts that Davis provides on his website would likely qualify as a copied display or performance of SFX’s copyrightable material”

Me sorprende especialmente que, en vez de basarse en casos de deep linking, pone el ejemplo del caso PrimeTime, en el que el juez dijo que la protección de la comunicación pública comprende cada paso necesario para que una obra llegue a la audiencia, entendiéndose protegido.

También me llama la atención que el demandado no requirió de asistencia letrada en ningún momento, representándose a sí mismo, decía, guiado por bloggers como William Patry, Abogado de Google en temas de propiedad intelectual.

Llegado el caso, este asunto podría aplicarse con analogía a cualquier utilización de enlaces en una web, ya sean links que lleven a textos planos, o enlaces hacia vídeos de YouTube o retransmisiones en vivo. No sé, veo el razonamiento de este caso demasiado parco, debería haber analizado mejor su postura ya que es una cuestión que podría dar mucho jugo.

De camino a casa me voy a leer con tranquilidad la sentencia, que está disponible aquí.

Perfumes | Thursday 28 December 2006

Llevo varios días intentado sacar al menos media hora para escribir sobre temas que tengo en el tintero, pero por un motivo u otro (trabajo y trabajo) al final nunca lo consigo. Hoy, incluso con el peligro de irse todo al traste, quiero plasmar en palabras la deformación profesional que reflotó ayer mientras que venía la película El Perfume: historia de un asesino.

Como digo, ayer por fin pude sacar un rato para ir al cine a ver El Perfume, adaptación cinematográfica de un libro que ya me cautivó hace unos años y que ha generado bastantes críticas positivas en Internet. Independientemente del buen sabor de boca que te deja este filme y sobretodo de la gran cantidad de esencias imaginarias que es capaz de provocar, durante varias escenas de la película no pude relajarme y salió mi lado profesional.

Un perfume, según la RAE, es una sustancia que se utiliza para dar buen olor, pero ¿cómo se protegen legalmente?. Es indudable que la industria del perfume tiene una fuerza y un poder considerable, además de un gran interés por proteger sus productos ya sea buscando su protección mediante marca, por patente o por propiedad intelectual, y me refiero al perfume en sí, no al nombre del mismo, a su caja o al diseño del frasco en el que se contiene.

Hace unos meses hablé de la protección de olor mediante marca ya que el problema real de este tipo de “creaciones” es que no hay una forma de exteriorizarlas, al menos no de forma escrita o gráfica; para plasmar melodías se creó el pentagrama y las notas musicales, la escritura sirve para exteriorizar historias e ideas, pero un perfume sólo se puede exteriorizar o a través del olfato o por la descripción de sus componentes (pero ¿huele siempre igual el jazmín).

La plasmación de una esencia mediante su composición química como elemento gráfico necesario para el otorgamiento de la marca ya ha sido rechazado por el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas, que entendía que la fórmula química de un perfume no permitiría a cualquier persona saber de qué olor hablábamos, ya que dicha capacidad estaría reservada sólo para unos pocos.

La protección de un olor mediante marca está aceptado por muchos ordenamientos jurídicos, aunque para casos muy concretos. Como ya comenté en su momento, la Oficina para la Armonización del Mercado Interior (OAMI) permitió el registro como marca del “olor a hierba recién cortada” en conexión a pelotas de tenis, mientras que la USPTO aceptó el registro de “high impact, fresh, floral fragrance reminiscent of plumeria blossoms” en hilos de costura en 1990.

Una pequeña parte de la doctrina española encabezada, quizá, por Sergio Balaña, afirma que sería perfectamente posible (y además idóneo) proteger un perfume por derechos de autor por cuanto una esencia puede ser creativa y original, fruto de la aportación creativa de su autor.

Tradicionalmente una esencia se protegía mediante secreto industrial ya que, como pone de manifiesto la película, era tremendamente complicado descomponer con precisión un perfume. Con los avances tecnológicos, la revelación de los componentes de un líquido se ha simplificado y por ello autores como Balaña afirman que ya es hora de ofrecer a la industria del perfume un marco jurídico acorde al avance de los tiempos.

Simplemente quería plantear esta cuestión en voz alta, y así utilizar el blog como terapia para intentar curar mis esporádicas deformaciones profesionales.

Sentarse en una marca | Monday 30 October 2006

El sistema marcario americano me produjo muchísima curiosidad y asombro cuando lo estudié hace un par de años, tanto por su extensa protección por el mero uso, como por figuras que están vagamente recogidas en nuestro sistema legal, como es el caso del “trade dress”.

El trade dress es la protección a través de marca, de la apariencia visual de un producto o de su envoltura, incluyendo su color, forma tridimensional, o incluso el olor del mismo. Para que una “envoltura” o “apariencia” pueda ser protegida mediante “trade dress”, debe cumplir dos requisitos, que son la presencia de un carácter identificativo y distintivo por parte del público (ya sea por su naturaleza de “inherently distinctive” o por adquirir “secondary meaning“, según el caso), y, en segundo lugar, no puede ser funcional (ya que ésto se protege como patente).

Para haceros una idea de qué podría ser protegido mediante “trade dress”, y por tanto, por marca, con las implicaciones positivas que ello tiene para el registrante, deciros que se ha concedido la protección por marca a la decoración completa de un restaurante o a objetos tridimensionales que en nuestro entorno se protegerían mediante diseño industrial.

Y todo esto viene a colación por un caso que he leído esta mañana, y es que Wenger Corporation, un fabricante de sillas, y en especial de la famosa silla Wenger’s Student Posture Chair Design, una silla especialmente diseñada para mantener las espaldas de los músicos de manera recta y apropiada, ha ganado una batalla judicial contra dos competidoras que habían comercializado sillas con un diseño similar.

No puedo garantizar que la silla de arriba sea la del litigio en cuestión (aunque en la web donde la he encontrado así lo describen), pero lo que sí parece claro es que el Tribunal considera que el diseño de la silla no tiene un carácter funcional, y sí ha adquirido el obligatorio significado secundario (“secondary meaning”).

Me llama la atención algo que dicen en la web donde he leído la noticia:

The Wenger Posture Chairs are engineered to minimize fatigue and stand up to years of heavy use. In particular, the look and quality of the Student Posture Chair and the entire Wenger Posture Chair line are what music educators across North America have come to consider as the industry standard for their programs for almost 30 years.

Si es capaz de disminuir la fatiga y destaca por su robustez, ¿no es gracias, en parte, a su diseño, lo que podría demostrar su carácter funcional? Sin embargo, ser considerado como “industry standard“, sí creo que podría demostrar su “secondary meaning“.

Pues eso, literalmente, sentarse en una marca.

Garmin Garmin, Juzgados, ha llegado a su destino | Tuesday 17 October 2006

Leo en The Register que Garmin y TomTom no están dispuestos a enterrar el hacha de guerra, ya que la última ha vuelto a denunciar a la primera, esta vez por infracción de derechos de propiedad intelectual, entiendo yo.

El culebrón de ambas compañías fabricantes de GPS’s viene de largo: a principios de año, Garmin denunció a TomTom porque entendía que la empresa holandesa estaba infringiendo 5 patentes sobre tecnología para calcular qué calles son importantes para al ruta de un conductor para que sean mostradas en pantalla. TomTom respondió diciendo que los americanos también estaban infringiendo 3 de sus patentes, y de nuevo Garmin, en un ataque de berrinche pueril, volvió a demandar a TomTom en Agosto por infracción de más patentes (¿habrá alguna que no violen ninguno de los dos?).

La pelota estaba en el lado de TomTom, y cual patata caliente, la tenía que mandar hacia el otro lado, y lo ha hecho, pero no por infracción de patentes (pues eso, creo que ya no les quedaba ninguna por alegar) sino por “copying the look and feel of its GPS based portable navigation systems.” Debo reconocer que desconozco si a lo que se refiere The Register es una demanda por infracción de marca o de diseño industrial, aunque me decanto más por esto último viendo que la demanda se ha presentado en La Haya y no en EE.UU.

Si todo sigue el curso normal, ambas compañías llegarán a un acuerdo antes de las vistas que nos dejará a todos sin un procedimiento que sería tan interesante como el culebrón que vivimos ahora.

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