Derechos de Imagen y Copyright | Wednesday 5 December 2007

Por algún extraño motivo, últimamente he tenido que resolver en el despacho varias dudas/conflictos sobre derechos de imagen, así como he leído varias noticias relacionadas con este mismo tema.

Una noticia que me llamó mucho la atención la semana pasada es la que afirmaba que The Romantics, un grupo de rock de los años 80, había denunciado a Activision por vulnerar sus derechos de imagen (“publicity rights”) en el famoso juego Guitar Hero. Para los que desconozcan este videojuego, en él se incluyen hasta una treintena de canciones famosas que los jugadores deben interpretar a través de varios botones que tiene un dispositivo con forma de guitarra. Activision, para realizar el juego, pidió correctamente los derechos de reproducción mecánica y de sincronización, que les permitía incluir la obra en el videojuego, pero no así el fonograma con la interpretación de la banda, que se solventó creando su propia grabación con otros músicos.

Activision pidió a estos músicos que la interpretación de What I Like About You, fuese lo más parecida posible a la de The Romantics, hasta tal punto que varios fans informaron a la banda de la incorporación de su master en Guitar Hero, algo que fue negado por el grupo. Éstos, al darse cuenta que la interpretación de su canción en el videojuego era muy similar (sino idéntica) a la suya, acudieron a su abogado para que demandase tanto a los desarrolladores del juego como a los que realizaron dicha grabación.

La Ley de Propiedad Intelectual (tanto la española como la americana) protege las interpretaciones de los artistas intérpretes y ejecutantes,  pero no confiere de originalidad a dichas interpretaciones, lo que permite, por ejemplo, que otros artistas graben o ejecuten las obras de forma idéntica al primero. Recuerdo hace unos años que como promoción, una cadena de pizzas a domicilio me obsequió con un CD con canciones de Bon Jovi; al reproducir el disco y escuchar las pistas, creí oir a Jon Bon Jovi cantando, pero al leer el libreto que venía adjunto, comprobé que los intérpretes no eran estos, sino una banda nada famosa.

Dado que las leyes de propiedad intelectual protegen las interpretaciones, pero no la originalidad de las mismas, no son pocos los cantantes, músicos o productores musicales que se quejan de esta discriminación, de hecho, hace poco hablaba con un productor musical que protestaba porque una famosa compañía de cosméticos había obtenido el derecho de sincronización de un canción producida por él e interpretaba por otra reconocida artista española, que fue muy popular gracias a una película de Almodóvar, grabándola posteriormente con otra cantante pero con un resultado exactamente idéntico al original, provocando que los televidentes creyesen que se trataba de la canción original.

Retomando la noticia de The Romantics, estos han denunciado a los desarrolladores del juego por “apropiarse de manera intencionada de la identidad de la banda y de su persona, y por la imitación del particular sonido de la reconocida y muy exitosa banda The Romantics”. La banda solicita indemnización por daños y perjuicios y una medida cautelar para impedir la comercialización del videojuego en las tiendas. Se denuncian infracciones de derechos de imagen, de propiedad intelectual y de enriquecimiento injusto.

Hay precedentes en EE.UU.; el genial Tom Waits ha demandado (y ganado) varias veces por este mismo hecho, es decir, por explotar comercialmente canciones con una interpretación muy similar a la suya, creando confusión en el público.

La demanda está aquí.

Feliz puente.

La Guerra del Fútbol (II) | Monday 24 September 2007

Hace casi tres semanas escribí sobre la guerra del fútbol que tanto está dando que hablar en los últimos meses, especialmente los días anteriores y posteriores a cada jornada. Lo cierto es que el fútbol me importa más bien poco, iría antes al Campeonato de Europa de Curling que a un partido de liga, pero desde un punto de vista jurídico, los tintes de cine negro y rosa que está alcanzando el asunto son más que interesantes.

Tras la publicación del anterior post, la Liga de Fútbol Profesional consideró que ya iba siendo hora de poner las cartas sobre la mesa e intentar poner un poco de orden entre tanto conflicto empresarial. De esta forma, la LFP dio un ultimátum a las partes, a las que instó a llegar a un acuerdo en un plazo de una semana, periodo que espiró el pasado 14 de septiembre. No sólo eso, porque en esa primera semana de septiembre también comunicó que si las partes no llegaban a un acuerdo, y en aras de respetar el “interés general” (¿de quién?), la LFP iba a entrar a los campos con sus cámaras para repartir la señal de los partidos a las televisiones.

Ninguna de estas acciones de la LFP llegaron a materializarse por la incapacidad técnica y jurídica de esta entidad de acometer tales iniciativas en forma de amenazas.

La semana pasada, tan rápido se confirmaba que AVS y Mediapro habían llegado a un acuerdo, AVS desmentía tal pacto y desacreditaba públicamente a Margalef, director general de TV3, quien anunció el tan esperado acuerdo y quien en realidad había cesado de su cargo días antes.

Después de una jornada de paro por los encuentros (o más bien, desencuentros) con la Selección Española, el conflicto ha vuelto con más fuerza que nunca, sobretodo este fin de semana, que ha provocado ya la confrontación con partes ajenas a Audiovisual Sport y Mediapro.

El viernes pasado, AVS envió al F.C. Barcelona una carta recordándole que ésta tiene los derechos de retransmisión de sus partidos y “recomendándole” que no dejasen entrar en el estadio a las cámaras de Mediapro ya que estos no tenían ningún derecho sobre sus imágenes. Esto iba a provocar que el “partido del sábado” dejase de ser en abierto, emitiéndose solamente por PPV. Pero la jugada le salió mal a AVS, ya no que sólo no pudo evitar que las cámaras de Mediapro entrasen en el estadio, sino que el F.C. Barcelona impidió a las cámaras de AVS emitir el encuentro, incumpliendo el contrato que tenía el club de fútbol con la sociedad del grupo PRISA.

Aunque haciendo una lectura preliminar de la situación parece que la “media razón” la tiene AVS, este conflicto se está poniendo muy en su contra, con caídas importantes de sus acciones en bolsa y con la sensación de que están perdiendo la batalla. Según algún confidencial (dándole la veracidad que se merece), la preocupación del Grupo PRISA es tal, que un gabinete de crisis presidido por el mismísimo Juan Luís Cebrían, ha decidido tomar tres líneas de acción para solucionar la cuestión: presionar y criticar más al Gobierno a través de los medios del grupo (El País, Cadena Ser, Cuatro,…) para que se postule a su favor; PRISA denunciará a todo aquel que incumpla un contrato existente (como por ejemplo, el F.C. Barcelona); y ha redactado informes personales de los directivos implicados para conocer sus debilidades y así saber por dónde atacar.

David Maeztu preguntaba en un comentario del anterior post el fundamente jurídico de tantos millones pagados, si sería por el derecho de imagen de los jugadores o por el derecho de acceso a los estadios para retransmitir partidos. Lo cierto es que aunque pensemos que acceder a un campo de fútbol para tomar imágenes para informar a los ciudadanos es un “derecho” de los medios de comunicación, éste lo es sólo por la aprobación de la “Ley Cascos” que tanto dio que hablar allá por 1997.

Ley 21/1997, de 3 Julio, reguladora de las Emisiones y Retransmisiones de Competiciones y Acontecimientos Deportivos (también conocida como “Ley Cascos”), establecía un derecho de acceso gratuito a los estadios de los medios de comunicación siempre y cuando los encuentros fuesen oficiales, profesionales, de la selección española o con interés general.

Como ya comenté en el podcast 23, el mismo Tribunal Supremo (STS 1017/2001) criticaba la “Ley Cascos” al considerar que la entrada de los medios de comunicación a los campos iba en contra de la actividad empresarial de los equipos de fúlbol, por mucho que su actividad pudiese tener “interés general”:

sin embargo (Telecinco) ha confundido el contenido del derecho de información con el de acceso a la grabación directa de imágenes de los partidos, que constituyen una parte esencial de los ingresos económicos de los clubes y, por tanto, un derecho privativo de los mismos

Aunque el TS parecía no estar de acuerdo con la Ley Cascos al considerar legítimo el derecho de los equipos de fútbol de lucrarse por la explotación comercial de todo aquello que ocurre dentro de sus instalaciones (privadas al fin y al cabo), no tuvo más remedio que aplicar esta ley tan bien acogida por parte de la sociedad.

Este culebrón seguirá dando que hablar.

Frikipedia y Telebahía, Responsables | Tuesday 16 January 2007

Circula por todas partes la noticia de la condena a la Frikipedia por las declaraciones injuriosas y calumniosas contra SGAE y contra su Director de Relaciones Institucionales, Pedro Farré, que hizo uno de sus visitantes. Ya hablé en su momento de este caso y de lo difícil que era trazar una línea que separe perfectamente la libertad de expresión lícita y los atentados contra el honor y la intimidad de las personas. No me voy a poner en la posición del juzgador y dar mi opinión sobre si el contenido es manifiestamente satírico o, por el contrario, atenta contra determinados derechos fundamentales de personas, aunque ya en el post anterior dejé entrever cuál era mi postura.

Lo que llama especialmente la atención en este caso es la condena, no a la persona que realizó el comentario satírico, sino al administrador del sitio web, que se queja públicamente de la sentencia en su blog. Como bien lo explica David Maeztu en su blog, la LSSI/CE no es de aplicación en el presente caso, sino simplemente la Ley 1/1982 de la protección civil del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen. Desgraciadamente, el extracto de la sentencia publicado no es suficiente como para hacer un análisis más detallado y preciso del asunto.

Además, esta noticia viene a colación con otra sentencia publicada la semana pasada en la que la Audiencia Provincial de Cantabria consideraba responsable civil solidario a Telebahía, por el daño al honor y a la imagen de terceros que pudieran realizar tertulianos o comentaristas a través de los programas de dicha televisión. En este caso, el tribunal de apelación consideraba a la cadena responsable solidaria por las calumnias que había proferido, de forma telefónica, una espectadora contra una enfermera del hospital Marqués de Valdecilla en el programa Bahía Noche. De esta forma, la demandante podrá exigir tanto a la cadena como a la injuriante, la indemnización de 1.000 € que establece la sentencia.

La Audiencia confirmaba la sentencia de primera instancia que condenaba a la demandada, y solidariamente a la cadena, por las injurias y calumnias que terceros pudieran propagar a través de medios de comunicación de masas. Según la magistrada firmante de la sentencia: “La única exigencia para establecer la responsabilidad civil del artículo 212 del Código Penal es la utilización del medio de propagación, en cuyo caso el medio de comunicación que los difunde es responsable civil solidario“. Y todo ello fue motivado porque los hechos alegados (maltratos a una paciente en el mencionado hospital), se demostraron falsos y sin fundamentos.

Parece que a partir de ahora, las típicas exoneraciones de responsabilidad del tipo “La Cadena no se hace responsable de los comentarios que pudieran hacer sus colaboradores”, no serán más que papel mojado y por tanto sin ninguna validez jurídica.

Sentencias que desde luego nos afectan a todos los que trabajamos en estos medios y que son lo suficientemente claros como para andarse con cuidado y vigilar (quien tenga la obligación de hacerlo) todo lo que se diga dentro de su ámbito de control.

La responsabilidad de Google y Yahoo! | Tuesday 28 November 2006

Conozco a través de Gustavo Tanús (¡gracias Gustavo!), abogado y responsable de www.ciberderecho.com.ar de una medida cautelar que se ha dictado recientemente (14 de noviembre de 2006) contra Yahoo! y contra Google, ambos en su versión argentina, por facilitar a sus usuarios la búsqueda de páginas en las que aparecen varias famosas en situaciones que violan su derecho a la intimidad, al honor y a la propia imagen, principalmente de contenido sexual, pornográfico o análogas.

Nos adentramos en el tumultuoso tema de la responsabilidad de los buscadores de Internet, para unos simples mensajeros, para otros entidades que intermedian de alguna forma en la constitución de un ilícito civil o penal. En este caso, tanto Google como Yahoo, a través de sus buscadores, permitían a sus usuarios “encontrar” websites en los que se vulneraban los derechos de terceras personas, principalmente derechos de imagen y al honor (bienes, por otro lado, constitucionalmente protegibles).

Google y Yahoo se defienden argumentando, lo cual es literalmente cierto, que son meros intermediarios de acceso a contenidos que terceros publican en la Red, por lo que tendría que ser a éstos a los que se reclame ya que “mientras que los propietarios de los sitios no remuevan el nombre (de la perjudicada) de aquellos, dicha vinculación continuará activa.”

A pesar de ello, la Sala I de la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal, entiende que el proveedor debe proceder por estar en mejores condiciones técnicas y tácticas de actuar ante la prevención o reparación del daño injusto, entendiendo, al mismo tiempo, que no puede la empresa responsable del servicio (de búsqueda, se entiende) amplificar, con su divulgación, los efectos dañosos en curso. Estableciendo finalmente, lo cual considero correcto y acertado, que si bien parece dificultosa la prevención del daño, no lo es la cesación de sus consecuencias.

En definitiva, se trata de imponer una medida cautelar para evitar la prolongación de la situación que se quiere cesar y que tiene una apariencia de ilicitud, máxime cuando se vulneran derechos constitucionales (tanto en España como en Argentina) de honor e intimidad.

Y éste es el debate de siempre, los proveedores de contenidos reivindican no responsabilizarles por los ilícitos realizados por terceros, mientras que los perjudicados intentan implicar también a aquellos que al fin y al cabo son los que facilitan la difusión y expansión de los hechos lesivos y que son a los que finalmente acuden los usuarios para encontrar información.

Como ya he dicho en numerosas ocasiones, la fórmula de “conocimiento efectivo” ha sido deficientemente adaptada en España, creando en la mayoría de las situaciones un bucle legal que tiene difícil explicación jurídica (véase artículo 17 LSSI). Aunque todo depende del lado en el que te encuentres; yo como persona física quiero que el ordenamiento jurídico me proteja ante situaciones en las que se vulneren mis derechos más fundamentales, pero que también evite que dichas infracciones se propaguen fácilmente gracias a la ayuda de terceros.

La justificación de “no se le puede poner puertas al campo” creo que carece de fundamento, sobretodo porque técnicamente es posible no indexar páginas web en las que se infrinjan derechos de terceros; solo hace falta diligencia y buena fe. Porque al fin y al cabo, Google y Yahoo! no son más que empresas que se benefician económicamente de las indexaciones y búsquedas, y como expuso un juez de Alemania en relación a los moderadores de foros, si el mismo no tiene recursos para controlar los perjuicios a terceros que se pueden cometer, pues que reduzca el alcance de sus operaciones comerciales.

Y no creáis que defiendo a ultranza a los perjudicados; como he dicho en muchas ocasiones es un tema de equilibrio entre las partes, equilibrio que creo que no se da si se exime de responsabilidad a una parte que puede, cuanto menos, evitar la creación de un daño a un tercero. El culpable final es el infractor, pero el intermediario que amplifica la infracción del primero tiene el deber de impedir dichos daños, máxime cuando dicha intermediación se realiza con fines puramente comerciales.

Excelentes argumentos de uno y otro lado se están ofreciendo en la Lista de Correo de Ciberderecho, aunque por ahora parece haber un empate técnico.

Borat y los pobres borrachos | Tuesday 14 November 2006

Cuando una película se convierte en éxito inesperado es mejor preparase para las demandas.

Al afrontar la producción de un largometraje, los abogados tenemos que tratar de evitar cualquier conflicto que pudiera surgir en el futuro, pero claro, cuando se produce una película de alto presupuesto no se deja al arbitrio ni el más mínimo de los detalles, algo que no suele ocurrir en pequeñas producciones o en filmaciones que espera atraer a poco público, ya sea por la falta de medios o porque su poca repercusión no anime a nadie a reclamar algo (dinero, generalmente) que no podrá conseguir.

Borat es la película revelación de esta temporada y con apenas 800 copias en su estreno (una cifra casi anecdótica), consiguió posicionarse en el número uno del box office americano. Borat es un personaje del show de Ali G (Da Ali G Show) interpretado por el propio Sasha Baron Cohen que da vida a un reportero de Kazakstán que recorre todo EE.UU. para cumplir su sueño, conocer a Pamela Anderson, de la que está locamente enamorado. En este largo camino se encuentra a defensores acérrimos de Bush, a tejanos anclados en pensamientos conservadores y a borrachos universitarios.

Y es que las denuncias se anticipan por dos frentes. Por un lado, un grupo de universitarios de la Universidad de South Carolina que aparecen en la película ebrios y en situación humillante, ha decidido demandar a la productora de la película (20th Century Fox y otras tres pequeñas productoras) por la forma en la que son denigrados en la película, principalmente por varios comentarios suyos contra las mujeres y las minorías de dicho país.

Según los demandantes, cuyos nombres no han sido revelados para no someterlos a mayor humillación, varios miembros del equipo de producción de la película les metieron en un coche, les emborracharon en un bar y les hicieron firmar (una vez ebrios) un documento de cesión de derechos de imagen y de descargo de responsabilidad. La película, según la demanda, “hizo que los demandantes fueran objeto del ridículo, humillación, angustia mental y emocional así como física, pérdida de reputación, buen nombre y respeto dentro de la comunidad”.

Este caso me recuerda a la famosa serie de vídeos universitarios “Girls Gone Wild“, en la que decenas de estudiantes universitarias borrachas enseñan sus “encantos” a cambio de una vulgar camiseta (cuando no se besan entre ellas). La productora ha sido denunciada en numerosísimas ocasiones, ganando la mayoría de ellas en base a que, según el tribunal, las chicas al enseñar sus cuerpos a la cámara a cambio de la camiseta, sabían perfectamente lo que estaban haciendo, lo que reforzaban las autorizaciones que las mismas debían firmar para evitar demandas. Desde luego, algo impensable en nuestro país.

La segunda demanda a la vista es esta vez por temas, no de derechos de imagen, sino de propiedad intelectual, ¿o no? Mahir Cagri es un ciudadano turco que se hizo tremendamente famoso en Internet allá por 1999 (creo que fue de los primeros freakies que consiguieron la fama gracias a la Red), que a base de un inglés chapucero y sus encantos turcos, consiguió que miles de mujeres (sobretodo americanas) desearan un beso suyo (su website es http://www.ikissyou.org). Mahir ha declarado que “Cohen me ha copiado, y el me ha imitado de forma negativa” y que no descarta iniciar acciones legales contra el comediante, al mismo tiempo que ha dicho que estudia la posibilidad de hacer su propia película.

Mahir insinúa violación tanto de derechos de propiedad intelectual sobre su personaje (o sobre su persona, mejor dicho, algo que sinceramente no veo), como de derechos a la imagen y al honor (según él, la gente ahora puede pensar que él es antisemita o machista como Borat).

Seudónimo | Monday 16 October 2006

Anoche se anunció el ganador de la 55ª Edición del Premio Planeta, que ha recaído este año en el escritor santanderino Álvaro Pombo, con la novela “La Fortuna de Matilde Turpín”, aunque lo que me llama la atención de esta historia es la utilización de un seudónimo muy renombrado y con anécdota incluida por parte del autor.

Pombo utilizó el nombre de “Cat Stevens” para presentarse al certamen, y la novela la renombró con el título de una canción de éste, “El año del gato”, o al menos eso pensaba el escritor, ya que durante la rueda de prensa tras la concesión del premio le dijeron que dicha canción no era del cantante ahora convertido al islam (y con el nuevo nombre de Yusuf Islam), sino de Rod Stewart.

Anécdotas aparte, me pareció curioso uno de estos casos de laboratorio de los que me gusta plantear de vez en cuando, y es la utilización de nombres de personajes notorios o populares con este tipo de fines, no directamente comerciales (ya que el libro no se venderá bajo ese título ni con ese seudónimo), pero sí con un atractivo premio en metálico.

Además leo en News.com que Second Life, ese deslumbrante mundo virtual, va a permitir la utilización de nombres reales ya que hasta ahora sólo dejaba a sus usuarios tener nombres como Hamdog Appleby u otros más ridículos si cabe. Ante la entrada en esta plataforma de empresas del Fortune 500 o de celebridades como Cory Doctorow o Lawrence Lessig, los responsables de Second Life van a empezar a permitir la utilización de nombres personas a razón de $100 dólares por la compra más $50 anuales por “matenimiento” ó 1.000 dólares y 500 si es el nombre de una empresa.

Voy a seguir con interés la política que tendrán a la hora de asignar nombres y si van a permitir registrar y utilizar el inocente nombre de “Britney Spears” o de “Julio Iglesias” para una actividad que no tiene por qué ser directamente comercial (aunque a día de hoy hay personas que ya viven gracias a los trueques de Second Life). Porque presentar una obra bajo un seudónimo notorio (o incluso registrado como marca) a un certamen literario con apetitosos premios no puede tener gran repercusión si utilizamos el nombre del “Pato Donald”, pero sí podría causar grave confusión la utilización del nombre de alguien que, como Cat Stevens, esté vivo, como por ejemplo Fernando Schwartz. Confuso como puede ser, igualmente, “vivir” en Second Life bajo el nombre de Paris Hilton, comportándonos como si fuese ella.
En fin, casos de laboratorio para la vida real.

multistory-speaker