La Protección de los Diseños de Moda | Tuesday 31 March 2009

(Este artículo ha sido creado por encargo para elblogdemoda.com, aunque lo reproduzco aquí por su relación con la temática de mi blog)

Todos tenemos claro qué es una falsificación, aunque a veces creemos estar comprando algo legítimo cuando adquirimos una réplica, un clon o una prenda que es un “homenaje” a otra de un determinado diseñador. La moda forma un sector industrial que genera miles de millones de dólares al año y lo hace sobre la base de unos diseños que en ocasiones son imitados por los competidores. Pero ¿protege la Ley estos diseños y hasta qué punto son legales otras prendas que imitan a las de los diseñadores famosos?

Por supuesto que el diseño de un bolso, traje, zapato o complemento de moda determinado puede estar protegido por nuestras normas; la Ley de Competencia Desleal o la Ley de Propiedad Intelectual podrían ser utilizadas para evitar que un competidor imitase unos diseños específicos, pero es la Ley de Diseño Industrial la que tiene un régimen especial para este tipo de obras tan características.

El último mes ha sido muy movido en varios blogs especializados en moda, que se hacían eco de las enormes coincidencias que existían entre varios modelos de prendas y zapatos de la firma Zara con otros de diseñadores más caros y exclusivos:

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Diseños de Zara y Balmain. Fuente: Moda y Tendencia

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Zapatos de Zara y Louis Vuitton. Fuente: Fashionisima 1.0

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Diseños de Zara y Balmail. Fuente: El Rincón de Moda

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Zapatos de Balmain y de Zara. Fuente: Fashionisima 1.0

Todos estos modelos tienen una cosa en común: han sido diseñados por un modisto o por una firma de prestigio (que invierte tiempo, dinero y talento en crear), para luego ser modificados levemente por un competidor, que lo comercializará por un precio (en ocasiones) muy inferior al original (por diversos motivos: coste de fabricación y calidades inferiores, no tienen que amortizar la inversión en diseño e investigación, etc.). Esta práctica es tan común que nos hemos acostumbrado a ver en las pasarelas unos exclusivos diseños que luego son copiados por las principales cadenas internacionales de ropa.

Y aunque esta práctica habitual nos pudiera hacer pensar que los diseños de moda no se pueden proteger, lo cierto es que las leyes españolas y europeas ofrecen diversas soluciones para que los diseñadores puedan impedir estas copias que, aunque hace la delicia de los consumidores que no pueden permitirse vestir como sus estrellas favoritas, hacen mucho daño a un importante sector comercial y sobre todo penaliza a los diseñadores que invierten su dinero y talento en crear moda y tendencias.

¿Todo diseño de moda se puede proteger? ¿hasta los leggings de vinilo que tan de moda están esta temporada?

La respuesta es, obviamente, no. La Ley de Diseño Industrial establece determinados requisitos que debe cumplir una prenda para poder estar protegida, pudiendo evitar así su diseñador que terceras marcas le copien, y son los siguientes:

1. El diseño de la prenda tiene que ser novedoso, lo que quiere decir que el mismo no puede ser idéntico a otro diseño dado a conocer con anterioridad. Fijaos que la ley dice (artículo 6) que el diseño no puede ser idéntico, aunque más adelante matiza que se consideran igualmente iguales aquellos cuyas características difieran sólo en detalles irrelevante. Por lo tanto, tomar un diseño de Amaya Arzuaga y cambiarle un par de matices insignificantes podría implicar una infracción del diseño de la modista burgalesa.

2. El diseño tiene que tener carácter singular, y esto ¿qué quiere decir?. Pues la Ley precisa (artículo 7) que tendrá carácter singular cuando una prenda produzca una impresión general a un usuario informado diferente de la impresión general producida en dicho usuario por cualquier otro diseño. Me diréis ¿qué definición más vaga e imprecisa? y lo cierto es que tenéis razón, pero el Derecho está repleto de este tipo de definiciones que permite adaptar una norma a diferentes realidades sociales y situaciones, y así los abogados podemos defender tanto una postura como otra (o incluso a veces, ninguna).

La clave aquí es que el “look-and-feel” o la sensación que le da una prenda a un usuario informado (es decir, alguien con cierto conocimiento en la materia) es similar al que le da otra prenda similar. Esta norma no nos puede llevar a pensar que se puede proteger un estilo o la “personalidad” de un determinado modisto, sino únicamente las prendas que éste crea (hace unos meses, Custo Barcelona amenazó a Desigual con demandarles por las “similitudes de los productos comercializados”, alegando que el estilo de sus diseños se parecían mucho, algo que, como hemos visto, tendría pocas posibilidades de éxito si acude por esta vía, aunque habría otras alternativas más difíciles de probar).

3. El diseño tiene que estar registrado en la Oficina Española de Patentes y Marcas, en su Registro de Diseños. Ésta es una gran diferencia entre la protección de la música, el cine o la literatura y la de los diseños industriales, ya que mientras la primera no requiere inscripción en registro alguno, la Ley de Diseño Industrial sí obliga a los diseñadores a registrar sus colecciones si quieren impedir a otras empresas que comercialicen diseños idénticos a los suyos.

Este requisito tan importante que obliga nuestra ley suele ser conocido por los diseñadores cuando se dan cuenta que un competidor les ha copiado, van a un despacho de abogados para defender sus intereses y estos le comentan que debería haber registrado su diseño antes de presentar la colección. Incluso en este punto se podría demandar a un imitador (por competencia desleal, por diseño comunitario no registrado o por marcas), aunque las probabilidades de éxito son mucho menores que si se hubiese registrado el diseño.

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Llegados a este punto, ya tengo mi colección creada y registrada en la Oficina de Patentes y Marcas (o en la OAMI, si quiero una protección en toda la Unión Europea), ¿cuántos años estará protegido mi diseño y qué puedo evitar y qué no?

La Ley de Diseño Industrial concede (art. 43) un plazo de protección de 5 años desde la presentación de la solicitud, con la posibilidad de renovación hasta un máximo de 25 años. Esto implica que si el diseñador lo desea, su prenda estará protegida durante todo este tiempo, pudiendo evitar que cualquier competidor realice en estos años una prenda idéntica a la suya (recordad la definición de “idéntico” que dije antes).

¿Esto quiere decir que puedo imitar los modelos de Coco Chanel, o el clásico bolso Speedy de Louis Vuitton?

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Sí y no (en Derecho, las cosas no son blancas ni negras, sino que hay una infinidad de elegantes tonos grises). Puede que el derecho sobre el diseño haya pasado ya al dominio público, pero lo más probable es que determinados elementos del mismo seguirán estando protegidos por otras leyes, como la Ley de Marcas (en el caso del Speedy, el logo y marca de Louis Vuitton o incluso la forma, como marca tridimensional).

Las leyes son textos complejos (de eso vivimos los abogados) y hay que estudiar cada caso concreto para no vernos envueltos en problemas legales (por ejemplo, nada de lo aquí dicho sirve para EE.UU.), así que antes de falsificar (o hacer réplicas o clones, que resulta mas glamouroso) prendas clásicas de los grandes modistos, acudid a un buen abogado especializado en estos temas para que os asesore correctamente (a la larga os ahorraréis problemas).

En resumidas cuentas, la ley permite que un diseño se “inspire” en otro, o que siga una tendencia, o incluso que rinda un profundo homenaje a un diseño clásico; el problema se genera cuando dicha prenda o accesorio toma prestadas demasiadas características de un original protegido de tal forma que un consumidor pudiera pensar que se trata de la misma prenda.

Por eso, la recomendación que siempre les hago a los creadores que pasan por mi despacho es que intenten ser originales (labor harta complicada), dejándose influir lo menos posible por otros creadores, aunque puestos a copiar, hazlo bien: toma cuantos menos elementos coincidentes mejor, inspírate o toma diseños que estén en el dominio público y, el cualquier caos, acude a un abogado de confianza para evitar problemas legales. Si eres consumidora, no compres imitaciones; es la forma de respetar a aquellos que innovan en el diseño y el estilo.

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Mamen: Andy, muchísimas gracias por tu explicación, me ha encantado tu análisis y, sobre todo, el hecho de ver que, además de Propiedad Intelectual (en este caso industrial), también sabes algo de moda. Tus ejemplos han sido muy ilustrativos. Sólo me queda una pregunta en el tintero: ¿Qué pasa con empresas como Zara, en su caso Inditex, que se sabe que se dedican a “traer al gran público” lo visto en colecciones de grandes (y en algunos casos no tan grandes) diseñadores? ¿Cómo pueden dedicarse a hacerlo abiertamente y con total impunidad?

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Esa es una pregunta que seguramente se hace todo el mundo a estas alturas del post (o por lo menos los que hayan llegado hasta aquí). Como he explicado, el ordenamiento jurídico es complejo: prohíbe determinadas copias de diseños registrados cuyo plazo de protección no haya expirado, aunque si no están registrados se podría reclamar protección a través de la Ley de Competencia Desleal, de Propiedad Intelectual o incluso por Diseño Comunitario No Registrado, aunque todo esto sólo sería posible en Europa, ya que en EE.UU. no existe esta protección, debiendo acudir los diseñadores al tradicional “copyright” o a las patentes de diseño.

Si no habéis entendido nada del párrafo anterior, no os preocupéis, simplemente intentaba resaltar la complejidad del sistema, que implica que las empresas deban tener una estricta política de protección de sus activos inmateriales controlada por especialistas en la materia. Además, la inexistencia de una protección global a los diseños (que contrasta con un mercado internacional) hace que muchas de las prendas que vemos en los desfiles y en las revistas no estén protegidos por la Ley de Diseño Industrial.

Más motivos para justificar tanta imitación y tan pocas sentencias son que, si os fijáis en las fotografías del inicio del post, ninguno de los modelos son exactamente iguales, sino que guardan determinadas semejanzas (algunos más que otros), y en esa frontera entre lo novedoso y lo reproducido circulan empresas como Zara o Mango. Es evidente que si alguna prenda se pone de moda una temporada, todas las marcas de masas intentarán imitarla; si es algo básico (y clásico) como unos leggings de vinilo, todos podrán hacerlo sin problema, mientras que si es algo más novedoso, los competidores (asesorados por abogados) intentarán hacer suficientes modificaciones a la prenda para evitar caer en la copia, aunque con las similitudes que reclaman los consumidores.

La cuestión, como digo, es la delgada línea que separa la copia de la inspiración.

Tom Waits, imagen y personaje | Tuesday 15 July 2008

El genial compositor e intérprete californiano Tom Waits anda por España estos días (por vez primera en su carrera) para hacer una serie de conciertos dentro de su gira “Glitter and Doom”; caprichos del Dios y de PEHDTSCKJMBA (no os perdáis la rueda de prensa de presentación de la gira), Waits no actuará en Madrid, para desgracia de muchos que admiramos cada golpe de herradura que aparece en sus discos.

Tom Waits es un tipo raro, una de esas personas que han sido tocadas por la varita del talento y es capaz de construir música donde el resto de los mortales sólo vemos cacharros, tornillos y óxido. Su voz es absolutamente inconfundible, y suena tal y como describió el crítico Daniel Durchholz “como si se hubiese empapado en una cuba de bourbon, colgado durante meses de una chimenea, luego sacado al exterior y atropellado por un coche”. Es sin duda uno de esos casos en los que la voz es parte inseparable de su imagen.

Waits nos ha dado además varios de los más interesantes casos sobre propiedad intelectual y derecho de la propia imagen, no sólo en Estados Unidos, sino también en Alemania e incluso en España. Hace unos meses, hablando del caso de Guitar Hero comenté de pasada uno de los casos más importantes de la historia judicial de EE.UU. y que se estudia en todas las universidades, el que mantuvo Waits con Frito-Lay por la utilización de una voz similar a la suya en un anuncio de Doritos.

Tom Waits es conocido por ser reacio a cualquier tipo de patrocinio o vinculación de un artista con una marca comercial, ya sea directamente o a través de su música. De hecho, su canción “Step Right Up” es una crítica -a través de la parodia- a esta práctica, lo cual parece que, irónicamente, atrajo a Frito-Lay a utilizar la misma como inspiración para componer otra que grabaría un artista que imitaba a Waits. La respuesta del genio no se hizo esperar y unos días después de lanzar la campaña, Waits demandó a Frito-Lay por “voice misappropiation“, y por “falsa designación de productos”, lo que sería en nuestro país, grosso modo, una vulneración de sus derechos de imagen. Resulta interesante el análisis de todos y cada uno de los puntos del procedimiento, especialmente el que estudia la diferencia entre la “voz” y el “estilo”, algo que intentaron alegar los demandados y que fue fue rechazado por el jurado que entendía que el fallo a favor del artista no implicaba proteger un estilo, sino la apropiación de la “voz” de Waits.

La sentencia de apelación confirmaba casi íntegramente la de primera instancia, concediendo a Waits una indemnización de cerca de 2.5 millones de dólares.

En 2005 Waits emprendió una acción parecida en Alemania contra el fabricante de coches Opel por el mismo motivo, llegando finalmente a un acuerdo en 2007.

España también ha sido territorio de juicios para el californiano, que en 2005 demandó a varias empresas, entre ellas Volkswagen-Audi España, SA, por infracción de sus derechos morales y patrimoniales. La historia es la siguiente: Audi, para el lanzamiento del A4 de 2000 contactó con una agencia de publicidad, la cual ofreció un proyecto que ellos aceptaron; en dicho anuncio debía aparecer la canción de Tom Waits “You’re Innocent When You Dream”, para lo que contactaron con la editorial que tenía los derechos de esta canción en España, Hans Kusters Music, S.A., y así recabar los correspondientes derechos de sincronización de la misma.

“You’re innocent when you dream” de Tom Waits

Hans Kusters Music les comunicó que podrían llegar a un acuerdo para la sincronización de la canción por unos 36.000 €, aunque posteriormente les comunicaron que su utilización sería imposible ya que el autor de la misma, el Sr. Waits, no permitía la utilización de ninguna de sus canciones o de su imagen en conexión con una marca publicitaria, por lo que se denegó la autorización. La agencia de publicidad decidió seguir adelante, contratando a un compositor para que crease una canción sustancialmente similar a la deseada, que titularon “Audi, ¿y si las cosas soñaran una vida mejor?” y que registraron en la Sociedad General de Autores y Editores. Su acción no se limitó a la mera composición de una obra parecida, sino a grabarla con una voz muy similar a la de Waits (tanto que yo pensaba que era suya) y a sincronizarla dentro del anuncio del Audi A4.

“Audi ¿y si las cosas soñaran una vida mejor?”

El fallo, ratificado por la Audiencia Provincial de Barcelona en sentencia de 17 de noviembre de 2005, estimaba las pretensiones en materia de propiedad intelectual (tanto por vulneración de derechos patrimoniales como morales, aunque no se alegó infracción de derechos de imagen -estoy deseando que se inicie algún procedimiento en España en el que se mezcle este derecho con la interpretación musical-), y denegaba las aducidas sobre competencia desleal (con lo que discrepo, sobretodo por el art. 11 de esta ley que sanciona los actos de imitación que generen un riesgo de asociación en los consumidores). El resultado fueron 36.000 € por daños patrimoniales y 30.000 € por daños morales, algo insignificante para un autor como Tom Waits que se niega rotundamente a que ninguna de sus creaciones (a las que considera como lo único que tiene un músico) aparezca asociada a una marca comercial.

Waits no sólo ha sabido darnos placer a través de su música sino también nos ha ofrecido varias sentencias que han enriquecido la escasa jurisprudencia en la materia, para el gozo de los que amamos esta especialidad del derecho. Es lo que tienen los Dioses…

La protección de los trucos de magia | Tuesday 11 September 2007

Dejo por unos días aparcado el tema de la guerra del fútbol, quizá hasta que vuelva la liga este fin de semana, para recomendaros un interesante artículo de Jacob Loshin sobre la propiedad intelectual como protección legal para los trucos de magia (Secrets Revealed: How Magicians Protect Intellectual Property Without Law), al que he llegado a través del blog de Ed Felten.

Lo cierto es que hace unos meses, un famoso mago me pidió un estudio completo sobre las posibilidades de protección legal de sus trucos de magia, basados sobretodo en métodos no mecánicos, y llegué a una conclusión similar a la que desarrolla ahora Loshin.

En el artículo de 38 páginas, Loshin hace un extenso análisis de la magia en general y de las diferentes vías para proteger los trucos de magia, llegando a la conclusión de que las leyes no ofrecen un marco adecuado para los magos, que ven sus trucos protegidos principalmente mediante el código ético del gremio.

Loshin analiza cómo la propiedad intelectual (en su concepción anglosajona, incluyendo patentes, marcas y secretos industriales) no puede servir de instrumento eficaz para la protección de la magia, y en especial lo analiza en cada caso concreto:

- Derechos de Autor: La propiedad intelectual (como la entendemos los europeos) protege obras literarias, artísticas o científicas, incluyendo las obras coreográficas, pantomímicas, y las teatrales. Un truco de magia per se no podría protegerse por derechos de autor, sino más bien el espectáculo en conjunto, entendido como una obra teatral o en ocasiones, hasta coreográficas, dependiendo del mago.

- Patentes: La ley de patentes permite proteger todas aquellas invenciones que cumplan tres requisitos básicos, que sean novedosas, que impliquen una actividad inventiva y que sean susceptibles de una aplicación industrial. En principio, un aparato que se invente que sirva para hacer un truco de magia podría cumplir con todos estos requisitos, pero ¿cuál es el problema? Cuando se patenta una invención hay que presentar una detallada solicitud explicando con precisión (algo que no siempre se cumple), cómo se fabrica y/o funciona la invención que se pretende patentar, solicitud que es publicada por la Oficina de Patentes para que cualquier persona pueda utilizar dicha patente una vez finalizado el plazo de protección que otorga la ley (20 años).

De esta forma, aunque no se puede patentar un truco de magia en sí, sí se puede patentar el aparato que utilicemos para desarrollar ese truco, aunque con el “daño colateral” de ver nuestra magia publicada y al alcance de nuestro público o de lo que es peor, de otros magos.

Como curiosidad, la patente presentada en 1921 del truco de la persona partida en dos y la patente (utilizada por David Copperfield y todavía dentro del plazo de protección) de la levitación.

- Secreto Industrial (trade secret): quizá es la vía más idónea para proteger un truco de magia mediante un sistema legal, aunque tampoco está ausente de inconvenientes. El secreto industrial permite la protección de una tecnología o conocimiento mediante su mantenimiento en secreto, lo cual no significa que no pueda ser revelado a un reducido grupo de personas y bajo cierto control, aunque no podrá estar al alcance del público en general.

El secreto industrial tiene grandes inconvenientes a la hora de proteger un truco de magia: sólo protege aquellos secretos revelados o utilizados mediante medios ilegítimos o inadecuados (un ayudante de mago que firmó una cláusula de confidencialidad y luego vende los conocimientos de su maestro, alguien graba con una cámara oculta cómo se desarrolla un truco, etc.); y no prohíbe que se desvele el secreto descubierto mediante “ingeniería inversa” (revelar el truco diseccionando el funcionamiento de un aparato o mediante el análisis del truco). Además, el mago deberá demostrar que ha tomado medidas razonables para mantener el truco en secreto, algo que puede no ocurrir cuando entre los magos es común “compartir” conocimiento y desvelarse entre ellos determinados trucos de magia, ya sea en reuniones o en revistas especializadas.

Al final, Loshin llega a la misma conclusión que yo llegué cuando tuve que redactar dicho informe y es que lo mejor es mantener tu truco en secreto y esperar que nadie lo explote por su cuenta. El artículo cita el caso del “mago enmascarado” (“masked magician“), aquél que hace unos años participó en una serie de especiales de la cadena americana Fox (pasado aquí por Antena 3) y que desvelaba los secretos de los trucos de magia más famosos. Andre Kole, un mago indignado por el programa, demandó a la cadena por violación de secretos industriales, aunque el tribunal desestimó el caso porque Fox pudo demostrar que la mayoría de los trucos estaban ya publicados en diferentes libros de magia (aunque éstos fueran difícilmente accesibles por el gran público).

En nuestro país el panorama no es muy diferente; ya hace unos meses comenté en un podcast un caso curioso en el que una persona que hacía trucos de magia con su vagina denunció a otra mujer por realizar un espectáculo parecido. El tribunal falló a favor de la demandada en base a que el único elemento común en ambos espectáculos era la utilización de la vagina de las partes implicadas, hecho que no podía ser protegible mediante derechos de autor, como intentaba la demandante.

Lo cierto es que la magia me ha fascinado desde pequeño y a pesar de mi admiración por determinados magos (admiro a Tamariz), nunca he tenido el más mínimo interés en descubrir cada truco para no perder ese halo de romanticismo que creo que encierra la magia. Y todo gracias a unos rigurosas normas gremiales que nos permiten seguir disfrutando de un sorprendente truco de magia.

Restaurante protegido por Propiedad Intelectual | Friday 29 June 2007

Es bastante frecuente leer por Internet que, por el camino que vamos, hasta las recetas van a estar protegidas por derechos de autor. No hace falta hacer una lectura muy profunda a la Ley de Propiedad Intelectual (esa gran desconocida) para darnos cuenta de que una receta no se va a poder proteger por estos medios, y ni tan siquiera como patente, aunque algunos se enorgullezcan de ofrecer a sus comensales sus famosas “recetas patentadas”. Por el único medio por el que se pueden proteger recetas de cocina, aunque de forma muy limitada, es a través de los “secretos industriales”, que hacen que muchos libros de cocina no revelen al completo los ingredientes o la forma exacta de preparar un plato para que quede “como en la foto”.

Leo en el New York Times que una Chef de esta ciudad ha denunciado a un competidor por infringir sus derechos de propiedad intelectual, y claro, lees dicho titular y te asombras, pero a medida que sigues con la lectura te vas dando cuenta que el titular es un tanto engañoso.

Rebecca Charles es una prestigiosa cocinera y empresaria de la Gran Manzana, especialista en rollitos de langosta, cangrejo frito y otras delicatessen de Nueva Inglaterra. Hace 10 años abrió su restaurante Pearl Oyster Bar en el West Village y desde entonces ha visto como otros competidores han ido abriendo negocios “imitadores”. Hasta ahora ha ido soportando como podía a tanto imitador, pero el último en llegar, Ed McFarland, dueño del restaurante Ed’s Lobster Bar en el SoHo y antiguo pinche de cocina del Pearl Oyster Bar, ha ido demasiado lejos según Charles, lo que ha propiciado una demanda en el Federal Circuit Court in Manhattan por infracción de sus Intellectual Property Rights.

Pearl Oyster Bar, el restaurante de la demandante

Ed’s Lobster Bar, de la demandada

En la demanda, Charles argumenta que Ed’s Lobster Bar ha copiado “todos y cada uno de los elementos del Pearl Oyster Bar, incluyendo la barra de mármol blanco, la pintura gris del revestimiento de madera, las sillas altas con el mismo respaldo de madera, los paquetes de galletas saladas de ostras colocadas en cada mesa, el menú y el aliño de la ensalada César. McFarland, por su parte, se defiende diciendo que es cierto que su restaurante es similar al de la demandante, pero que en ningún momento es una copia.

Y es entonces cuando entra en juego un concepto anglosajón más cercano en nuestro entorno a la competencia desleal, y es la figura del “trade dress”, o la imitación del estilo de un competidor, de su “look and feel”. He hablado ya en otras ocasiones del “trade dress” como protección del aspecto de un negocio, tendente a evitar que terceras personas utilicen elementos similares a los de un competidor para aprovecharse de su notoriedad o para inducir asociación en el público.

Los abogados de la parte demandante reconocen que la mayoría de los casos de “trade dress” que han llegado a los tribunales no han conseguido demostrar ni la existencia de un elemento protegible, ni la imitación compulsiva del competidor, pero consideran que este caso es diferente ya que Charles ha estado meses tomando cientos de pequeñas decisiones sobre el “look and feel” del restaurante y de su menú, lo que le hace merecedora de dicha protección.

Pero parece que lo que más ha molestado a Charles no ha sido que haga un restaurante que ella identifica como reflejo personal de sí misma y de su familia, sino que el aperitivo del demandado “Ed’s Caesar”, que aunque no lo ha probado, está segura de que contiene su receta secreta de la ensalada Caesar. Charles reconoce que enseñó al demandado a preparar esa receta que heredó de su madre, pero se aseguró de recordarle decenas de veces que dicha receta era secreta y que no podría utilizarla en ningún otro sitio.

En este tipo de casos, más allá del concepto del “trade dress”, como dije al principio, proteger una receta de cocina no es posible si no es a través de los “secretos industriales” y ello es sólo posible si se toman determinadas medidas como dejar claro a los empleados que determinados elementos son considerados secretos, que firmen un acuerdo de no revelación o utilización de los mismos (los famosos Non-Disclosure Agreements) y que evite la exposición evidente de tal secreto. Creo que puede ser un interesante tema para un futuro podcast; mientras tanto me quedo con esta curiosa demanda.

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