AVEI y la calificación por edades | Saturday 24 May 2008

A la segunda va la vencida. Gonzalo me instó en dos ocasiones a hablar de la otra noticia de la semana, la “denuncia” de la Asociación Videográfica Independiente (AVEI) ante el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA), órgano autónomo del Ministerio de Cultura, por las “irregularidades e incumplimientos de la normativa audiovisual llevados a cabo por (determinadas) webs de descarga a través del procedimiento denominado streaming”, webs entre las que se encuentran www.tu.tv, www.veoestrenos.es o www.directoseries.com.

Lo cierto es que hubo dos remesas de webs denunciadas, la primera contra sitios que ponen a disposición del público con total impunidad recientes series y películas cinematográficas, mientras que la segunda iba dirigida a páginas webs con abundante contenido pornográfico y calificado para adultos. Y aunque algunas de ellas ya han cerrado, en el resto he podido ver esta misma mañana cómo se sigue facilitando numeroso contenido audiovisual y como dice Gonzalo, con “claro ánimo de comercialización, pues incluyen publicidad”.

Hasta ahora, la estrategia de la industria audiovisual ha sido doble: muchas compañías tratan de ignorar estas explotaciones y siguen haciendo su trabajo lo mejor que pueden, mientras que otras (generalmente a través de asociaciones defensoras de sus intereses), han iniciado procedimientos judiciales contra los que ilegítimamente explotan sus contenidos, aunque, desde mi punto de vista de forma errónea, generalmente optado por la vía penal, reservada para casos especialmente graves.

Vistas las recientes resoluciones y lo reticentes que son los jueces a aplicar el derecho penal para asuntos relacionados con la propiedad intelectual, la AVEI parece que ha decidido presionar a estas páginas webs a través una vía alternativa (y creativa), esto es, a través del ICAA.

El ICAA, que dentro de poco será la Agencia Estatal de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales en virtud de la Disposición Adicional Primera de la reciente Ley del Cine, tiene como objetivos desarrollar la creación, incrementar la producción y favorecer la distribución de producciones españolas, el mantenimiento de todo el conjunto industrial del cine español, mejorar el grado de competencia de las empresas e incentivar la aplicación de nuevas tecnologías, la proyección exterior de la cinematografía y de las artes audiovisuales , la salvaguarda y difusión del patrimonio cinematográfico español y fomentar la comunicación cultural entre las comunidades autónomas en materia cinematográfica y artes
audiovisuales” (Exposición de Motivos del Real Decreto 1322/2004).

Entre las funciones del ICAA está la calificación por edades de las películas cinematográficas y de las obras audiovisuales, no estando obligadas las meras grabaciones audiovisuales (básicamente, aquellas que no tienen un guión definido), todo ello tal y como se dispone en el Artículo 8 de la Ley del Cine:

Artículo 8. Calificación de las películas y obras audiovisuales.

1. Antes de proceder a la comercialización, difusión o publicidad de una película cinematográfica u obra audiovisual por cualquier medio o en cualquier soporte en territorio español, ésta deberá ser calificada por grupos de edades del público al que está destinada, mediante resolución del Director del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales previo informe de la Comisión de Calificación o por los órganos competentes de aquellas Comunidades Autónomas que ostenten competencias para la calificación de las películas y los materiales audiovisuales. Se exceptúan las obras audiovisuales que, de acuerdo con su normativa específica, sean objeto de autorregulación.

Así mismo, el Artículo 9 de la misma ley establece la obligación de informar de estas calificaciones, así como normas especiales para las denominadas películas X:

Artículo 9. Publicidad de la calificación de las películas y obras audiovisuales.

1. Las calificaciones de las películas y demás obras audiovisuales deben hacerse llegar a conocimiento del público, a título orientativo, por los medios adecuados en cada caso. A este fin, el órgano competente regulará las obligaciones de quienes realicen actos de comunicación, distribución o comercialización.

2. Las películas y demás obras audiovisuales de carácter pornográfico o que realicen apología de la violencia serán calificadas como películas X. La exhibición pública de estas películas se realizará exclusivamente en las salas X, a las que no tendrán acceso, en ningún caso, los menores de 18 años, debiendo figurar visiblemente esta prohibición para información del público. Las demás obras audiovisuales calificadas X no podrán ser vendidas ni alquiladas a menores de edad ni podrán estar al alcance del público en los establecimientos en los que los menores tengan acceso.

3. En la publicidad o presentación de las películas y demás obras audiovisuales calificadas X únicamente podrá utilizarse su título y los datos de la ficha técnica y artística de la misma, con exclusión de toda representación icónica o referencia argumental. Dicha publicidad sólo podrá ser exhibida en el interior de los locales donde se proyecte o comercialice la película, o incluida en las carteleras informativas o publicitarias de los medios de comunicación. En ningún caso el título de la película podrá explicitar su carácter pornográfico o apologético de la violencia.

Llama la atención la forma en la que se debe hacer la publicidad en las películas calificadas X, que sólo podrán publicitarse utilizando su título (nunca imagen gráfica o sinopsis), siempre y cuando dicho título no explique su carácter pornográfico o apologético de la violencia. Su publicidad no cabe en lugares expuestos al público, limitándose únicamente al interior de locales y en las carteleras informativas de los medios de comunicación, con la limitación establecida anteriormente del título no descriptivo y de la no representación icónica de la misma. No cabe la menor duda de que esta ley se hizo pensando en la comercialización física de este tipo de material, incluso habiéndose aprobado hace apenas 6 meses, y conociendo todos esa máxima de que “The Internet is for Porn“.

Aún así, entiendo que la misma es perfectamente aplicable en cuanto habla de “actos de comunicación, distribución o comercialización”, y no únicamente de distribución.

El incumplimiento de estas obligaciones de información serán consideradas sanciones leves, según el artículo 39 de la misma ley, que establece en su punto 3.c:

3. Son infracciones leves:

c. Los incumplimientos, por acción u omisión, de lo previsto en el artículo 9.1 relativo a la publicidad de la calificación de las películas y obras audiovisuales.

Con sanciones establecidas en el artículo 40:

Artículo 40. Sanciones.

1. Las infracciones se sancionarán:

  1. Las leves, con apercibimiento o multa de hasta 4.000 euros.

Consecuentemente, el ICAA está facultado para iniciar un procedimiento sancionador contra todas las páginas web que no informen según obliga la ley, pudiendo ser su resolución un apercibimiento instándoles a dejar de incumplir la presente ley, o incluso una multa de hasta 4.000 euros por cada infracción cometida. Si multiplicamos el número de películas que ahí se ponen a disposición por esta cantidad, creo nos daría una suma de dinero nada despreciable.

A ver en qué queda todo, Gonzalo 😉

Sobre Wikisubtitles y otras webs con subtítulos | Wednesday 21 May 2008

AVISO: Este blog no guarda relación alguna ni con Wikisubtitles.net ni con sus administradores. Este post es mi punto de vista jurídico de este asunto, sin que implique en ningún momento asesoramiento legal de cualquier tipo.

El lunes me envió Miguel Ángel (Sergio también ha escrito sobre ello) un enlace a este blog en el que se informaba que Wikisubtitles, una web en la que se facilitaban subtítulos de obras cinematográficas y televisivas, había recibido un requerimiento de la FAP para que cesara su actividad infractora (una famosa cease and desist letter), y se preguntaba el autor de dicho blog que “¿cómo puedes hacer piratería produciendo subtítulos?”.

Parece que la noticia ha tenido repercusión en la blogosfera, Microsiervos, Antonio y Enrique Dans, entre otros, han hablado sobre ello alegando al principio de “las puertas del campo”, y también parece que el responsable de Wikisubtitles ha decidido echarle un órdago a la FAP y ha vuelto a poner online su sitio web, intándoles a que le demanden, tras haber consultado con un famoso abogado.

En los comentarios de la entrada de Alt1040 ya expliqué en qué se basa la FAP para enviar semejante requerimiento, pero dada la trascendencia que ha tenido la noticia en Internet, quiero explicarlo con más detenimiento.

La Ley de Propiedad Intelectual protege a todas las obras literarias, artísticas o científicas originales y creativas, y confiere al autor derechos exclusivos (y esta palabra es importante) sobre cualquier reproducción, distribución, comunicación pública o transformación que se realice de la obra. Esta enumeración no es caprichosa, viene establecida y definida cada uno de ellos en la ley por lo que siempre que veamos que se realiza una determinada utilización de una obra debemos ver si ese acto está enmarcado dentro de cualquiera de estos derechos exclusivos.

Aunque en los comentarios de Alt1040 se dudaba de la existencia de una obra en el caso particular, es incuestionable que los diálogos de una obra cinematográfica pueden estar protegidos por propiedad intelectual, sin importar que falten el resto de elementos que integran un guión o una escaleta televisiva. Estando ante una obra, deberemos entonces abstenernos de realizar aquellos actos que la ley sólo autoriza a su autor.

Es sin lugar a dudas admirable la labor de cientos de personas que, a las pocas de horas de emisión de una serie en la televisión americana, ya ponen a disposición de toda la comunidad internauta los subtítulos de la misma, incluso traducidos a diferentes idiomas, todo ellos por su pasión por la serie y, generalmente, sin interés comercial alguno. Como digo, al “utilizar” una obra protegida debemos siempre ver si nuestra utilización se podría enmarcar dentro de cualquiera de los derechos de explotación que establece la ley, y en este caso vemos que:

1. Los diálogos son transcritos, bien para traducirlos, bien para ponerlos directamente como subtítulos. Esta mera transcripción supone una reproducción de la obra (en tanto en cuanto se “copia” parte de la obra), lo cual requiere autorización del titular de derechos según el artículo 18 de la LPI.

2. Los diálogos transcritos son traducidos a otro idioma. La Ley de Propiedad Intelectual establece en su artículo 21 que el autor tendrá el derecho exclusivo para autorizar cualquier transformación de la obra, y en este sentido dice:

1. La transformación de una obra comprende su traducción, adaptación y cualquier otra modificación en su forma de la que se derive una obra diferente.

Es indudable que cuando se traducen los subtítulos se comete una infracción no sólo del derecho de reproducción sino también del derecho de transformación de la obra, derecho éste último que va muy ligado a los derechos morales del autor, y en especial al derecho a exigir el respeto de la integridad de la obra (sobretodo si la traducción no es demasiado buena…).

3. Una vez traducidos los diálogos, son puestos a disposición de toda la Red, acto para lo que es igualmente necesaria la autorización del autor ya que el artículo 20.2.i de la Ley establece que es un acto de comunicación pública que requiere la autorización del autor:

La puesta a disposición del público de obras, por procedimientos alámbricos o inalámbricos, de tal forma que cualquier persona pueda acceder a ellas desde el lugar y en el momento que elija.

Entonces vemos que cuando se realizan subtítulos de serie, por muy buena voluntad que tenga el fan de la misma, se producen varias infracciones, las principales las del derecho de transformación y la del derecho de comunicación pública, en su modalidad de puesta a disposición.

Se habla mucho del término “ánimo de lucro” y de que esta página no tenía ni banners ni el administrador se lucraba por ella. No entiendo por qué, pero parece que en Internet se ha extendido la falsa leyenda de que todo aquello que se haga sin ánimo de lucro está permitido; por esa regla de tres yo podría poner en mi servidor, en vez de podcast, cientos de canciones o películas y ser este acto legal siempre y cuando no pusiese ningún banner. Nada más lejos de la realidad.

El ordenamiento jurídico español ofrece dos vías para reclamar cualquier vulneración de derechos de propiedad intelectual: La vía Penal y la vía Civil. Para iniciar un procedimiento por la vía penal sí hace falta tanto la existencia de “ánimo de lucro” como de “perjuicio de tercero”, elementos que no son necesarios en las acciones por vía civil. De nuevo, el artículo 17 de la Ley dice:

Corresponde al autor el ejercicio exclusivo de los derechos de explotación de su obra en cualquier forma y, en especial, los derechos de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación, que no podrán ser realizadas sin su autorización, salvo en los casos previstos en la presente Ley.

Y esos casos previstos en la ley son los límites del Capítulo II del Título III. Si comprobamos estos límites, sólo el de copia privada podría ser invocado, aunque esa copia dejaría de ser “privada” en el mismo momento en el que se pusiese a disposición en Internet, pasando a ser por lo tanto una copia colectiva, en cuyo caso necesitaría la autorización del autor.

En este sentido, el afectado de todo este tema afirma en su blog:

Pero como no hay ánimo de lucro, si queréis ir a juicio, vayamos, y allí tendréis que demostrar que existe un perjuicio a terceros, cosa que dudo mucho que seáis capaces de demostrar.

Desconozco cómo ha llegado a semejante conclusión, pero reiterar que dicho perjuicio de terceros sólo es exigible por vía penal, como así lo establece el artículo 270.1 del Código Penal, aunque nada dice de este elemento la Ley de Propiedad Intelectual; la mera infracción, provoque o no daños y perjuicios, ya es perseguible por la vía civil.

Otro comentarista del blog Alt 1040 decía:

Al mismo tiempo, el artículo 21, en su punto 2, parece indicar que los derechos sobre las obras derivadas corresponden a las personas que las realicen. Aunque a lo mejor lo estoy leyendo mal.

Efectivamente, lo estaba leyendo mal, o más bien incompleto, ya que el punto segundo de ese artículo dice:

2. Los derechos de propiedad intelectual de la obra resultado de la transformación corresponderán al autor de esta última, sin perjuicio del derecho del autor de la obra preexistente de autorizar, durante todo el plazo de protección de sus derechos sobre ésta, la explotación de esos resultados en cualquier forma y en especial mediante su reproducción, distribución, comunicación pública o nueva transformación.

De este modo, es el autor de la obra preexistente quien tiene que autorizar la explotación (reproducción, distribución, comunicación pública y transformación) de la obra derivada, teniendo el autor de esta última derechos sobre su aportación, junto con los derechos del autor originario, a lo cual y en el mundo real, se suele llegar tras un proceso de negociación.

En definitiva, por muy admirable que sea la labor que realiza el fan de la serie, por muchos argumentos que se puedan esgrimir sobre la no disponibilidad de esos subtítulos, que son “creados por los propios usuarios partiendo desde 0 y en base a su propia interpretación libre de los diálogos”, que no se provoca ningún daño a los titulares de derechos… lo cierto es que dicha actividad supone una infracción de derechos de propiedad intelectual. Sería deseable que los titulares de derechos, en vez de restringir este tipo de movimientos, lo utilizasen para abrir nuevas vías de negocio, pero lo cierto es que ni esa parece la tendencia, ni creo que lo sea a corto plazo.

Fin de la huelga de guionistas | Monday 11 February 2008

Ayer domingo nos levantamos con el fin de la huelga de guionistas que durante 3 meses ha tenido paralizado medio Hollywood. Como hice una especie de cobertura de la crisis, quería describir el fin de la misma, aunque el excelente análisis de Gonzalo (al que me remito) me impide aportar poco más.

Aunque en un principio se estimaba que la huelga duraría entre 9 y 10 meses, la proximidad de la gala de los Oscar y el fiasco de los Globos de Oro han acelerado las cosas, llegando a un acuerdo in extremis. Esos son los motivos oficiales, aunque me ha llamado la atención que los medios de comunicación no se hayan cuestionado el fracaso de la huelga; los objetivos conseguidos por la WGA son parciales (y poco fructíferos, desde mi punto de vista) y aunque han usado los Oscar como excusa, no creo que les hubiese dolido mucho dejar a la Academia por el camino si realmente hubiesen creído que iban a conseguir algo prolongando la huelga.

Durante estos meses, los índices de la televisión americana no habían caído en exceso, los telespectadores se había refugiado en programas sin guión (especialmente reality shows) y no se echaban de menos a los guionistas tanto como se había creído en un principio. Además, los efectos de la huelga en el cine no se estaban notando tanto como en la televisión, y creo que ha sido el miedo de la WGA a que sus asociados pierdan aún más dinero (¡270 millones durante estos 3 meses!) el que ha provocado el fin de la huelga.

La WGA intenta destacar, más que los números, el hecho de sentar precedentes y conseguir por vez primera, residuals para los nuevos medios (Internet y telefonía). Era evidente que tarde o temprano las majors terminaría otorgando regalías por la explotación online y mediante móviles, por lo que creo que hay que cuestionarse los objetivos logrados, más aún cuando vemos que estos números parece que no van a compensar las pérdidas sufridas por los guionistas durante los meses de huelga.

Patric Verrone (presidente de WGA West) se lamenta por no haber conseguido que los guionistas de reality shows (sí, la telerrealidad también está dirigida por guionistas) y de animación entraran dentro de la negociación, pero entendían que se trataba de beneficiar a la comunidad, aunque se tuviese que sacrificar a un colectivo más o menos minoritario.

Muchos analistas destacan que, al igual que la huelga de 1988 inició un nuevo tipo de programas basados en la telerrealidad (como Cops), esta huelga de 2007 supondrá una nueva forma de explotar obras de forma independiente por Internet; Verrone cree que a partir de ahora nacerán nuevas compañías que expandan los límites del entretenimiento más allá de los siete grandes conglomerados. Viendo la situación en la que han quedado muchos guionistas y los ingresos que han perdido, creo que esto sólo será posible si las grandes deciden seguir apostando por unscripted shows, lo que obligaría a los guionistas a buscarse la comida por otros medios (léase, independientes en Internet). Si no es así, los guionistas seguirán yendo a trabajar a Culver City, a Burbank y a los otros enclaves de las majors.

Es curioso que, aunque generalmente se suele resaltar lo diferente que son los sistemas anglosajón y continental, a la hora de la verdad ambos se parecen más de lo que se cree. Mientras que el derecho continental reconoce determinados derechos morales, el anglosajón ha llegado a ellos a través de pactos intersectoriales (los acuerdos de la WGA es uno de ellos); nuestros derechos remuneratorios son los residuals norteamericanos, aunque de lo que sí adolecemos aquí es de un sector autoral agrupado que reivindiquen sus intereses, sobretodo a la hora de negociar sus contratos, ya que los acuerdos aquí distan mucho de los conseguidos en EE.UU.

Sensación de victoria para algunos, la industria que no se pronuncia, y nos queda por ver si los daños colaterales de esta huelga será el mayor empobrecimiento de la triste situación de la cultura en nuestros días. Podéis encontrar un resumen del acuerdo aquí.

Basado en hechos reales (y II) | Monday 21 January 2008

El viernes me fui de fin de semana hablando sobre la “ficcionalización” de hechos reales utilizando los nombres e identidades de personas reales y dejando en el aire la pregunta de si es posible realizar una obra audiovisual basada en personajes y hechos reales, sin la autorización de estos. Iban me insta a que resuelva la ecuación, aunque sabemos que en el derecho no hay nunca un “sí” o un “no”; todo es relativo.

La Ley Orgánica 1/1982 de Protección Civil del Derecho al Honor, a la Intimidad Persona y Familiar y a la Propia Imagen protege a cualquier persona ante intromisiones ilegítimas contra su intimidad y a su honor, así como contra el uso de su propia imagen. Aunque es una ley bastante importante, su articulado se extiende en apenas nueve puntos en los que la jurisprudencia debería haber jugado un papel rector que nunca ha hecho. Hay, por lo tanto, tres ámbitos completamente protegibles: el honor, la intimidad personal y la propia imagen. Son interesantes para estudiar este asunto, los siguientes preceptos:

Artículo Séptimo:

Tendrán la consideración de intromisiones ilegítimas en el ámbito de protección delimitado por el artículo segundo de esta Ley:

Tres. La divulgación de hechos relativos a la vida privada de una persona o familia que afecten a su reputación y buen nombre, así como la revelación o publicación del contenido de cartas, memorias u otros escritos personales de carácter íntimo.

Seis. La utilización del nombre, de la voz o de la imagen de una persona para fines publicitarios, comerciales o de naturaleza análoga.

Artículo Octavo:

Uno. No se reputará, con carácter general, intromisiones ilegítimas las actuaciones autorizadas o acordadas por la Autoridad competente de acuerdo con la Ley, ni cuando predomine un interés histórico, científico o cultural relevante.

Y poco más; con el análisis de estos artículos debemos deducir si realizar una obra basada en hechos reales y con la utilización de nombres reales es legal según la legislación de nuestro país.

La ley considera que revelar hechos relativos a la vida privada de una persona es una intromisión ilegítima, así como la utilización de su nombre, voz o imagen para fines publicitarios, comerciales o análogos. La discusión estaría entonces en considerar si la realización de una obra audiovisual cumple esta finalidad comercial del 7.6 y cómo debe ser interpretado este artículo cuando entre en conflicto con otros preceptos legales, como el de libertad de información del 20 de la Constitución Española.

Después de leer esto podría tener una idea más precisa del asunto, aunque como dijimos, la jurisprudencia no ha ayudado a esclarecer la cuestión. José mencionaba en el anterior post una sentencia que pensaba traer hoy aquí y que es casi la única jurisprudencia de nuestro país, aparte de la de “Pídele cuentas al Rey” que ya comenté en el anterior post.

La sentencia que comentaba José es la 33/2004 de la Audiencia Provincial de las Islas Baleares, en la que se juzgaba al autor de una novela y a la editorial de la misma por vulneración del derecho al honor y a la intimidad de varias personas (los demandantes) que entendían que en la novela se habían infringido sus derechos al relatar unos hechos con unos personajes coincidentes a otros ocurridos en la realidad.

En el asunto en cuestión existían multitud de similitudes entre la novela y los hechos: pueblos con nombres con similitudes y localizados en la misma región, personajes con análogo parentesco, similitud en la descripción física de ellos, así como otros datos que  -según la sentencia- hacían plenamente identificables los personajes del libro con los demandantes. El principal problema de este caso es que el autor del libro había realizado en el libro manifestaciones que se declararon posteriormente como injuriosas, insultantes y ofensivas, las cuales atentaban contra el derecho al honor de los demandantes.

La Ley prohíbe la divulgación de hechos relativos a la vida privada de una persona, pero en este caso no se hablaba de una persona sino de un personaje identificable con una persona; la sentencia lo consideró suficiente para fallar en contra del demandado.

Este tema lo tuve que analizar hace unos meses ante una cuestión planteada por una productora y cuando lo discutíamos varios compañeros del despacho, las justificaciones que se daban en uno y otro sentido eran varias. Un compañero argumentaba que el ordenamiento jurídico no debería permitir que en una obra audiovisual, un actor interpretase el papel de una persona real sin su autorización, que sería una especie de suplantación de la personalidad (usurpación del estado civil del art. 401 CP, que no sé hasta qué punto podría entrar dentro del tipo penal); otro compañero argumentaba que sí se podría hacer una película utilizando el nombre real de una persona siempre y cuando los hechos relatados fueran veraces y no supusiesen una violación de su intimidad (apelando a la libertad de expresión); otro compañero… había opiniones para todos los gustos.

En EE.UU. la situación es un poco más clara (no mucho más) gracias a la jurisprudencia que ha habido al respecto y a que la Primera Enmienda (freedom of speech) ha sido interpretada de forma poco restrictiva por los tribunales de este país. La utilización del nombre o imagen de una persona está permitida siempre y cuando tenga una finalidad artística o de información de la actualidad; en cambio, la utilización infringe los “publicity rights” de la persona cuando se pretende explotar su imagen más que usarla con esta finalidad artística o informativa.

¿Mi punto de vista? Será la contaminación recibida tras estudiar y trabajar en EE.UU., pero creo que la postura americana tiene lógica, permitir la utilización del nombre e imagen de una persona siempre y cuando ésta tenga una finalidad específica y no se atente contra su intimidad, honor y propia imagen. Aquí, el artículo 7.6 de la Ley 1/82 hace que la respuesta no esté tan clara.

Me gustaría conocer vuestro punto de vista sobre el tema, tanto en base a la legislación y jurisprudencia existente, como en base a vuestro juicio.

Basado en hechos reales | Friday 18 January 2008

Esta semana hemos podido disfrutar por partida doble la historia de uno de los atracadores de bancos más famosos de los últimos tiempos: “El Solitario”. Y digo por partida doble porque Jaime Jiménez Arbe, alias “El Solitario” ha estado esta semana prestando declaración ante un juez de Tudela en relación al asesinato de dos guardias civiles en 2004, al tiempo que hemos visto en Antena 3 la miniserie “Soy el Solitario” (con una excelente producción, por cierto), que según la propia web de la cadena:

“Soy el Solitario” está inspirada en los hechos delictivos y la posterior detención en Portugal de Jaime Jiménez Arbe, un vecino de la localidad madrileña de Las Rozas, presunto autor de estos hechos, que pasará a la historia como los del atracador de bancos más buscado de España.

Los hechos reales aún no han sido juzgados. Sin embargo, la producción no profundiza tanto en la vida de El Solitario, como en investigación desarrollada durante varios años, primero por partes de la Guardia Civil y luego también, por la Policía Nacional.

Llama mucho la atención el tono que le han dado a la producción, a medio camino entre la ficción y el documental. El nombre del protagonista es Jorge Martínez Báez; coincide con el nombre real en que ambos empiezan por J, el primer apellido es bastante común, palabra aguda, acentuada y terminada en “nez“, y el segundo apellido comparten tres de sus cuatro letras. Además, no sólo presentan la serie como una “inspiración” en hechos reales, sino que los rasgos físicos del presunto ladrón son evidentes:

el-solitario1.jpg

A la izquierda, “El Solitario” de la ficción; a la derecha, el real.

El personaje de ficción es perfectamente identificable con la persona real.

La única diferencia que, creo, tienen ambas historias son las licencias creativas que se han tomado los guionistas con la trama policial y el transcurso interno de las investigaciones. Al final de la miniserie aparecía una leyenda que, grosso modo, indicaba que ésta estaba inspirada en hechos reales, aunque con personajes y nombres ficticios y que en ningún momento querían poner en duda la presunción de inocencia de la persona cuyos hechos se relataban en la misma (¡ja!, y eso te lo decían después de que “El Solitario” de la ficción matase a dos guardias civiles, coincidiendo con los hechos que se le imputan y que sigue sin reconocer, un grave atentado, creo yo, contra la presunción de inocencia del artículo 24 de la Constitución Española, sobretodo porque los hechos no han sido juzgados aún.).

Esta miniserie me ha recordado una discusión que tuvimos varios compañeros del sector sobre la legalidad de hacer obras de ficción basadas en hechos reales, y lo cierto es que había opiniones para todos los gustos.

Las leyes de propiedad intelectual no protegen los hechos o los acontecimientos de la actualidad, sino la forma creativa en la que éstos pudiesen estar plasmados. No cabe la menor duda de que la vida de una persona no está protegida por derechos de autor a no ser que la plasme en un libro y éste sí cumpla los requisitos que impone la ley.

En este sentido, una de las sentencias más famosas en nuestro país en relación a este tema se produjo tras la película “Pídele cuentas al Rey”, en la que se relataba la experiencia (más o menos real) de una familia de mineros asturianos que, tras quedarse en el paro, deciden peregrinar hasta Madrid para pedirle un trabajo al Rey. El largometraje se realizó sin autorización de la familia en cuestión y, aunque en primera instancia ganaron, la Audiencia Provincial de Madrid revocó la misma considerando que no había enriquecimiento injusto ya que la idea de ir andando de un lugar a otro para solicitar un puesto de trabajo no era protegible, más aún cuando ello no había sido plasmado en formato alguno. Además, consideró que sus derechos de imagen no se habían vulnerado ya que sus personas no eran identificables con los personajes de la película.

Tenemos ejemplos de películas realizadas con y sin autorización de las personas cuyas vidas relataban; entre las primeras están Camarón, Ray Charles, o “A beautiful mind”, mientras que entre las segundas, “Lola”, o las innumerables películas sobre Lady Di.

¿Se puede realizar una obra de ficción basada en personajes reales sin autorización de estos?

Ahora me tengo que ir, pero el lunes prometo arrojar más reflexiones y casos reales.  Mientras tanto, podéis ir dejando vuestras opiniones. Buen fin de semana a todos.

Una industria cambiante | Tuesday 8 January 2008

Uno de las cosas que más me gustan de mi profesión son los desafíos a los que nos somete el mercado y la tecnología a diario.

Las dos noticias más importantes del sector en lo que va de año, la comercialización de música de Sony BMG sin DRM y la apuesta de Warner por el Blu-ray, son sin duda un indicativo de por dónde irán los tiros los próximos meses, aunque en una industria tan cambiante, mirar a meses vista quizá es demasiado atrevido.

La industria discográfica es quizá la que más tarde está llegando a todas partes y cuando lo hace es porque alguien les ha indicado el camino. Hollywood intentó poner sus barbas a remojar cuando vio a las del vecino pelar, apoyando tecnologías que aportan de una u otra forma valor añadido a los consumidores. Pero ¿es este el valor añadido que quieren los consumidores? Sin duda que la HD presenta grandes ventajas frente a la SD, pero (y os lo dice alguien amante de la alta fidelidad) ¿hasta qué punto necesita el usuario medio un plasma de más de 50”, con sonido en PCM 5.1 y cables por todo el salón, cuando está acostumbrado a vídeos en DivX con una calidad de imagen bastante pobre? ¿no habrá que ofrecerles lo que piden?.

Sobre la música, a pesar de que se pone a iTunes como muestra de modelo de negocio exitoso, el ejemplo sólo es válido si lo hacemos en conexión con el iPod y en el mercado americano. ¿Cuántos de los que hablan de iTunes como modelo de negocio han comprado en ella alguna vez?

Os voy a contar una anécdota: las pasadas navidades, aprovechando que a mi hermana adolescente le iban a regalar un iPod, fui a El Corte Inglés a comprarle una tarjeta de recarga de iTunes. Estas tarjetas, como cualquier otra tarjeta de regalo, debía ser previamente activada por el dependiente en el terminal de punto de venta correspondiente. Pues bien, no sólo yo era el primero que compraba este tipo de tarjetas (me lo dijo el encargado), sino que tardaron más de 15 minutos en comprobar cómo se hacía el proceso (hasta 3 dependientes -incluido el jefe de sección- acudieron para ayudar al pobre dependiente al que habían pedido una tarjeta para comprar música por Internet). Tanto a mi cuñado como a mí nos dio la sensación de que el dependiente estuvo apunto de decirnos que si no sabíamos que la música era gratis en Internet, y darnos así unas cuantas direcciones recomendables.

Esta experiencia es indicativa de lo difícil que es ir “por lo legal” en Internet, más aún cuando, para poder usar la tarjeta de descarga y autentificar el ordenador correspondiente (requisitos del DRM de Apple, que aunque se diga lo contrario, iTunes sigue estando repleta de medidas tecnológicas), Apple te pide que te registres y, entre otros datos, te piden la tarjeta de crédito. ¿Cómo puede un adolescente español -de esos sin tarjeta de crédito desde nacimiento- comprar música legal en Internet? El problema lo solventamos utilizando mi cuenta en iTunes, aunque ¿cuántos padres estarían dispuestos a dar su tarjeta de crédito para registrarse en un sitio cuando ya han adquirido una tarjeta de regalo para descargarse música?

Una vez pasadas tantas trabas, y después de dos semanas de uso, mi hermana me comenta que le gusta más iTunes que el eMule porque le da más sensación de seguridad, y porque la capacidad de escucha previa de los álbumes está muy bien. Demasiados obstáculos deben saltear los usuarios para tener una buena experiencia con un servicio.

A pesar de que a algunos nostálgicos nos gusta contemplar una estantería llena de discos -originales-, existe una generación que considera cualquier soporte un engorro, que generalmente se encuentra fuera de sus cajas y que la única vez que lo utiliza es para importarlo al ordenador. Una generación a la que la industria cultural no se lo pone nada fácil para conseguir contenidos como ellos lo desean y de forma legal.

Sony, que sabe mucho de fracasos, parece que está mirando por fin a los consumidores cara a cara, no sólo por la comercialización de música sin DRM (lo que no quiere decir que lo vaya a abandonar completamente, prueba de ello es iTunes) sino porque en el CES ha anunciado que en futuras ediciones de discos Blu-ray, la película también se encontrará en una copia portable, para ser disfrutada en dispositivos como la PSP. Una excelente idea que podrían llevar más allá abriendo una tienda online tanto para la PS3 como para la PSP. Además, con la conexión a Internet de los aparatos reproductores de Blu-ray, la diferencia entre el contenido plasmado en el disco y el visualizado online será cada vez más imperceptible.

Pero claro, nos topamos con el complejo mundo de las ventanas de explotación que tan bien desgranó Gonzalo el pasado domingo. Cómo mantener el status quo actual, cuando los usuarios pueden disfrutar de tus contenidos no cuando tú elijas, sino cuando ellos deciden. Y al hilo de todo esto, la Comisión Europea anunció la semana pasada que va a “animar” a la industria cultural a poner todos sus contenidos en Internet, a través de licencias transfronterizas y con DRM interoperables. Casi nada.

Desde luego y volviendo a la frase con la que comencé este errático post, todas estas noticias son excelentes para el consumidor y hacen que todos los que trabajamos en este sector estemos atentos a ellas a la hora de negociar los contratos. Lo cierto es que cada vez que cojo un nuevo formato o contenido, leo detenidamente la cláusula de cesión de derechos, analizo el contenido en cuestión y hago un ejercicio de futurología para intentar prever cualquier tipo de explotación que pudiera surgir de la obra en cuestión (móvil, Internet, TDT, juegos de mesa, iTunes… la oferta, en principio, es infinita).

Lo que está claro es que ahora los usuarios no nos movemos al son de la industria, sino que es ésta la que tiene que analizar cómo queremos disfrutar de los contenidos. Es evidente que la disponibilidad de cualquier contenido en la Red, sin DRM y sin limitación territorial ni temporal es lo que deseamos, pero ¿hasta qué punto estará dispuesta a transigir la industria?.

Californication ¿marca registrada? | Wednesday 21 November 2007

Leo en la chicadelatele que la banda de rock Red Hot Chilli Peppers ha demandado a la cadena de televisión Showtime por producir una serie con el nombre de uno de sus discos (su mejor, diría yo): Californication.

Al igual que la chicadelatele, cuando leí sobre la existencia de esa serie me vino a la cabeza el excelente álbum de los Red Hot Chilli Peppers, no porque sea una denominación que fuese acuñada por ellos, sino porque es indudable que ellos le dieron una repercusión como nunca antes tuvo esa palabra. Cuando la escuché por primera vez pensé que era otro ejemplo de la creatividad americana a la hora de inventar palabras (inclúyasen verbos como to google, to xerox, to fedex, etc.), algo que parece confirmar la Wikipedia; “californication” es un híbrido que une “California” con “fornication” para expresar el desarrollo descontrolado hacia el sur de California y hacia otros estados occidentales de EE.UU.

Dicho esto y sabiendo que los chicos de Red Hot Chilli Pepper no inventaron la palabra ¿pueden impedir que se comercialice una serie de televisión con dicha denominación? Según la legislación española, el artículo 10 de la Ley de Propiedad Intelectual establece que “el título de una obra, cuando sea original, quedará protegido como parte de ella“. Podríamos discutir si “Californication” es original en conexión con una obra creativa, pero lo que no cabe duda es que la protección sería más adecuada si procediésemos a su registro como marca en la Oficina Española de Patentes y Marcas. De hecho, es una práctica habitual en nuestro país registrar el nombre de series de televisión, títulos de discos, nombres de famosos y pseudónimos, para evitar la explotación abusiva de dichas denominaciones por parte de terceras personas.

Pero la realidad en EE.UU. es muy diferente. Cuando estudié “Trademarks” en EE.UU., lo primero que me llamó la atención de esta disciplina es que allí, para tener un monopolio sobre una denominación, no era absolutamente necesario el registro de la misma, sino que el mero uso en el comercio ya otorgaba derechos al explotador. Además, trabajando en Sony Pictures comprobé que en EE.UU. no era práctica habitual registrar denominaciones en conexión con series y películas, ni siquiera en países donde el registro es declarativo, lo que acarreaba numerosos problemas legales.

En la demanda presentada ante el Superior Court of the State of California, la acusación no sostiene que sean los inventores de esa palabra, sino que el público la identifica con las actividades comerciales de Red Hot Chilli Peppers gracias al enorme éxito que alcanzó su disco del mismo nombre (detallan los méritos, premios y ventas que ha obtenido el mismo desde entonces). Además, especifican que un personaje del show se llama “Dani California”, curiosamente igual a el de una persona que aparece en tres canciones del citado disco, incluyendo una canción con su nombre.

La representación de la banda argumenta que el título de la canción “Californication” es intrínsecamente distintiva (“inherently distinctive“), famosa, ha sido objeto de abundante promoción y publicidad, y es reconocida por los consumidores en conexión con el álbum y con la canción del mismo título. En base a todo esto, los demandantes consideran que “Californication” ha adquirido secondary meaning, lo que le otorga un derecho exclusivo con respecto a dicha denominación ya que el uso de la misma por terceras personas podría provocar “false designation of origin“, “likelihood of confusion, mistake, and deception as to source, sponsorship, affiliation, and/or connection in the minds of the public“. Además reclaman disminución de la capacidad distintiva de la marca para identificar bienes, servicios, o afiliación a los mismos (“dilution“).

El caso es ciertamente interesante tanto desde la perspectiva del derecho marcario como de la competencia (de hecho, en nuestro país un caso así iría probablemente por competencia desleal) y pone en evidencia las enormes diferencias que existen entre la tradición continental y la anglosajona en esta materia, aunque ambas posturas se van acercando cada día más.

Este caso me ha recordado a otro que estudié, Harlem Wizards Entertainment, Inc. v. NBA Properties, Inc., en el que los Harlem Wizards (fundados en 1962) demandaron a la NBA porque su franquicia de Washington había cambiado recientemente su nombre de Bullets a Wizards, creando confusión en el público. La jurisprudencia americana en materia marcaria tiene muy en cuenta la defensa de los consumidores y las expectativas que estos tienen en relación a la procedencia de un bien o servicio. En este caso, el tribunal (en base a la teoría del “reverse confusion“) consideró que dado que ambos equipos “competían” para públicos diferentes (los Harlem Wizards hacían shows de exhibición al estilo de los Globetrotters, mientras que los Washington Wizards competían en la NBA), no había posibilidad de lesión de los intereses de los Harlem Wizards (sobretodo por la escasa “fuerza” que tenía ésta ante todo el territorio nacional), por lo que ambas marcas podrían coexistir pacíficamente (como lo hacen en la actualidad).

Aunque con diferencias, este caso creo que cuenta con similitudes. Todos coincidimos en que es un caso interesante, que Red Hot Chilli Peppers no deberían poder apropiarse de la palabra “Californication”, aunque reconocemos que cuando oímos esa palabra nos acordamos del disco de la banda californiana, y lo hacemos porque esa palabra ha adquirido “secondary meaning” gracias a la explotación que está realizando Red Hot Chilli Peppers. ¿Ha querido Showtime aprovecharse de esa asociación que hace el público?

Siento tanto anglicismo y tecnicismo, pero creo que el caso lo requería.

Seguiré atento a este bonito asunto.

De vuelta con los guionistas (y de viaje) | Saturday 10 November 2007

Recién aterrizado en Madrid, quisiera en primer lugar agradecer a Franz Ruz que tuviese la deferencia de dejar sus impresiones en este blog; a pesar de no haber podido asistir a la Conferencia, siempre es positivo saber qué se dijo allí y estoy de acuerdo con las reflexiones que dejó Franz en su post.

Como dije hace unos días, la semana pasada estuve disfrutando de Nueva York, una ciudad que me recarga las pilas y que, cada vez que voy, consigue enamorarme aún más si cabe. Además, en esta visita tuve la oportunidad de cumplir con uno de mis sueños ya que conocí e intercambié unas palabras con una de las personas cuyo arte hicieron que me dedicase a esto de la Propiedad Intelectual; esa persona es Woody Allen, autor que ocupa un lugar preferente en mi videoteca. Os dejo una foto que realicé durante su actuación en el Hotel Carlyle.

Woody Allen

Siguiendo con el tema de mi último post, la huelga de los guionistas americanos, el hecho de estar en EE.UU. hizo que siguiese la misma de forma directa y, a priori, me sorprendió sobremanera la amplia cobertura que los medios le han dado a esta huelga, aunque, por otro lado, no es para menos. The New York Times y USA Today dedicaban todos los días un artículo al seguimiento de la huelga y a sus consecuencias, y en la televisión americana (Fox News, CNN, entre las que pude ver), también ofrecían espacios exclusivos con entrevistas y análisis sobre los efectos que tendrá este parón para la industria del cine y la televisión (y en la economía americana en general, que depende en gran medida de estas industrias).

EE.UU. no es un país acostumbrado a huelgas por la poca fuerza que tienen los trabajadores y sus sindicatos, así que siempre llama la atención una protesta laboral de este tipo, más si cabe cuando la misma afecta al entretenimiento diario de los norteamericanos.

Los gremios de guionistas (WGA, del este y del oeste) han llamado a la huelga a más de 12.000 escritores de cine y televisión, organizando piquetes en la mayoría de los estudios de las majors de Hollywood y manifestaciones en el Rockefeller Center; desgraciadamente, y aunque pasé por este lugar en muchas ocasiones, no tuve oportunidad de verlas, aunque sí vi por casualidad en una calle entre la 10ª y la 11ª Avenida, una rata hinchable gigante que utilizaron para llamar la atención. Como ya comenté en el post anterior, las reclamaciones de los guionistas se basan en mayor participación en los beneficios por la venta de DVD’s y la explotación online e interactiva de sus creaciones.

Las estimaciones iniciales de las productoras es que la huelga sea duradera, entre 9 y 10 meses, casi el doble de la última gran huelga de guionistas americanos en 1988, que duró 5 meses, duración motivada por la complejidad de las negociaciones, según J. Nicholas Counter III, presidente de la asociación de productores. Además, aunque parece que la huelga no es comprendida por la mayoría de los ciudadanos (llama la atención ver a personas manifestándose con “ropa cara”, según decían algunas personas en televisión), sí está contando con el apoyo del candidato demócrata a la Casa Blanca, Barack Obama, así como de productores-guionistas de renombre, como James L. Brooks, Shonda Rhimes (“Grey’s Anatomy” y “Private Practice”) y Greg Berlanti (“Dirty Sexy Money”).

El efecto más inmediato de este parón es la cancelación de varios late-nights, entre ellos los de Jon Stewart, Jay Leno y David Letterman, que se graban en semi-directo y en los que el papel de los guionistas es más importante de lo que parece. Aunque en un primer momento la mayoría de productoras manifestaron que tenían suficiente material para soportar una huelga durante uno o dos meses, ya han anunciado la suspensión de la producción de varias series, entre ellas 24 (en el comunicado Fox decía que “hemos hecho un pacto con los fans; este es un show que se disfruta mejor sin interrupciones”), House (tiene seis episodios grabados), Grey’s Anatomy, la divertida The Office (cuyo guionista y actor, Steve Carell, es miembro de la WGA), Las Vegas, Nip/Tuck, Friday Night Lights y Desperate Housewives (todas estás últimas apenas tienen 2 ó 3 episodios grabados).

Las productoras también han comunicado que remplazarán estas series con repeticiones y con reality-shows, un duro golpe para los aficionados a las series que estamos disfrutando en los últimos años de una “época dorada” en la ficción televisiva americana. En España, y aunque el desfase entre la emisión americana y la española es cada vez menor, parece que no vamos a notar a priori esta huelga, aunque todo dependerá de la duración de la misma.

Lo cierto es que el tema es más complejo de lo que parece, sobretodo en la situación de recoversión de una industria que todavía está intentado adivinar por dónde irán los tiros los próximos años. Es indudable que Internet y la IPTV es el futuro, nadie lo discute, pero no están dispuestos a dar mayor porcentaje a los guionista primero, porque ello podría servir de precedente para que el resto de elementos de una producción audiovisual reivindicase aumentos, y segundo porque aunque todo el mundo está de acuerdo en que la distribución online es el futuro, no está del todo claro ni el modelo de negocio ni si el público pagaría por algo que podría obtener de forma gratuita (y sin publicidad).

Me interesa este tema tanto desde un punto de vista personal como profesional, así que iré haciendo un seguimiento de los acontecimientos a medida que se vayan produciendo. Mientras tanto y a la espera de los efectos de esta huelga en nuestro país, me quedo disfrutando con las series que he adquirido recientemente: Dexter, The Wire y las dos primeras temporadas de The Sopranos.

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