Podcast Interiuris Especial Día de la Propiedad Intelectual | Saturday 26 April 2008

Hoy, como cada 26 de abril, se celebra a nivel mundial el Día de la Propiedad Intelectual.

Por ello, el podcast que pongo a disposición es un tanto especial, no sigo la estructura habitual del mismo ya que a cambio, he grabado la charla que di ayer en la Universidad Carlos III en el marco de la jornada que se celebró para conmemorar este día.

Mi charla se titulaba “Bases para una Nueva Regulación“, en la que comento la situación actual de la propiedad intelectual y de la industria de los contenidos y ofrezco los cambios que creo que se deben acometer para volver al equilibrio rector que debe imperar en esta materia del derecho.

equilibriopi.jpg

Siempre me ha gustado mucho este gráfico, que pretende ilustrar la forma en la que deben estar configuradas las leyes de propiedad intelectual. Si creamos las leyes de tal forma que tendemos hacia la izquierda, tendremos un escenario con una escasa protección de obras y prestaciones (lo que impediría al autor beneficiarse del fruto de su trabajo y, por lo tanto, tendría dificultades para seguir creando); mientras que si tiramos hacia la derecha, habrá una gran protección a los autores, aunque con escasas garantías de acceso a la cultura y al ocio por parte de los ciudadanos. Por eso es importante configurar unas leyes que garanticen un correcto acceso a la cultura, al tiempo que se otorga suficiente protección a los titulares de derechos para que sigan su labor de creación, la cual redundará en un futuro en favor de la sociedad.

Sé que las afirmaciones y las propuestas que ofrezco en el podcast pueden no gustar a muchos (o a nadie), aunque las considero necesarias si queremos asegurarnos en el futuro obras y contenidos de calidad.

Texto de la ponencia, aquí.

Feliz día de la Propiedad Intelectual.

 
icon for podpress  Podcast Interiuris - Especial Día de la Propiedad Intelectual [50:53m]: Play Now | Play in Popup | Download

8 comentarios

  1. Blog Interiuris - Andy Ramos » Blog Archive » Día de la Propiedad Intelectual | permalink | 26.4.2008 a las 5:36 pm:

    [...] año, a través del podcast, he querido hacer un breve resumen del estado en el que se encuentran las leyes, la industria y los [...]

  2. Gonzalo Martín | permalink | 4.5.2008 a las 12:08 am:

    He escuchado tu post con muchísimo interés. Tengo algunos comentarios y dudas. Creo que las “obras y contenidos de calidad” ocurren independientemente del régimen jurídico que las ampare. Lo que llaman cultura va por un lado y lo que quieren los juristas va por otro. La música en directo y grabada es más accesible que nunca. La nueva “calidad” trabaja en otros ámbitos. ¿Hay menos obras? ¿De qué? Los videojuegos van a su aire y no quieren estar en esta guerra. Los videos de los particulares ¿son cultura o no? ¿Menos contenidos? Los producimos nosotros. A lo mejor estamos encaminados a una sociedad donde la “obra” deja de tener el concepto actual.

    Dices en el post que nadie discute la duración de los plazos de explotación. Si no recuerdo mal, el mismo Richard Stallman en Free Software, Free society hacía sugerencias sobre esto.

    De todas formas, toda tu argumentación sigue residiendo en un supuesto, que es el que genera toda la crispación de fondo: sólo tiene sentido la protección cuando hay un éxito. Cuando no lo hay, al autor le interesa cualquier difusión. Pero los éxitos son un porcentaje muy reducido. Por eso seguramente Radiohead dice que no vuelve a “regalar” música, porque los márgenes clásicos del éxito no son repetibles en el mundo digital o con los modelos de negocio nuevos.

    Asimismo, yo no creo en la denominación “industria cultural”. Creo que sólo podemos hablar de “industria del entretenimiento”. La cultura es algo que dice el tiempo. El empleo de los términos hace engañoso el debate, pues parece que es la cultura lo que está en crisis y lo que está en crisis es la industria del entretenimiento tal y como estaba concebida. Yo suelo decir que a Chaplin no le pagaron por hacer cultura, sino porque llenaba cines.

    Me ha gustado mucho que expliques como es imposible el control de la obra en la sociedad digital. Eso va a abocado a nuevos modelos de negocio, se diga lo que se diga. Y no va a ser la venta de copias, es imposible en el momento en que algo se digitaliza. No tengo claro que por el hecho de que la industria tecnológica y las telecos vivan de que existe el contenido haya que responsabilizarles. Es como culpar a los restaurantes de la escasez de caviar o de la abundancia de patatas.

    El gratis total es insostenible si las obras se conciben para vender copias y no como aliciente para otras cosas.

    Para terminar, conviene reflexionar sobre algo: durante años, por ejemplo, la televisión ha sido gratis. Cuando se pudo grabar, nadie puso el grito en el cielo porque yo llamara a mi padre y me grabara lo que no podía ver. O yo se lo grabara a mi vecino. Siempre hemos podido compartir. Cuando eso se hizo digital, entonces me dicen que soy un delincuente por hacer lo que ya hacía. Más: me han vendido varias veces el mismo disco al cambiar de soporte. Es difícil explicarle a la gente que debe volver a pagarlo.

    En fin: el creador ya sabe cuáles son las nueva reglas del juego. Es imposible impedir las copias. Hagas lo que hagas. Así que deben crear para otros fines comerciales. Todas tus propuestas sobre P2P o limitación de generaciones de copias pecan de lo mismo: son imposibles de controlar. Lo digital tiene un coste marginal cero a partir de la segunda copia. Es imparable, querer limitarlo no sirve para nada, eso sin contar con que los archivos se pueden encriptar.

    Aunque parezca crítico, en realidad pienso que tu podcast tiene argumentos y elementos interesantísimos. Pero yo pienso que lo que realmente haces es encontrar salidas para maneras del derecho y los negocios de un mundo que muere. Y hablamos de algo que tiene origen en el siglo XIX. Pienso también que ninguna medida basada en la “concienciación” sirva para nada. Las decisiones de los individuos se basan en el coste beneficio en el largo plazo, una “concienciacón” o “información” que fuera en contra de la realidad no tiene ninguna posibilidad.

    P.D.: el ejemplo de itunes no es bueno. Más del 90% de lo que hay dentro de ellos no procede de la venta de la tienda.

    P.D.2: creo que segun las leyes españolas, las descargas sin ánimo de lucro no son ilegales. Lo ha dicho hasta la policía.

    (he llegado al final :-)

  3. Andy Ramos | permalink | 4.5.2008 a las 6:09 pm:

    Hola Gonzalo,

    Ante todo, gracias por dejar aquí tu opinión; como tu crítica es larga, iré por partes :-)

    Aunque por un lado, las “obras de calidad” se crean independientemente del régimen jurídico que las proteja (eso es evidente, la mayoría de los autores desconocen las leyes de propiedad intelectual y crean igualmente), también considero que la existencia de un marco jurídico adecuado propicia una mayor inversión económica de aquellos que ponen su dinero para producir obras. Soy consciente de que gracias a las nuevas tecnologías, actualmente es muy barato producir obras con una calidad razonable (no excelente), aunque creo que esto no es suficiente para crear una obra de calidad, hace falta dinero, promoción, y que un autor se dedique únicamente a crear.

    Hasta hace unos años las discográficas consideraban la carrera de un artista como una “carrera de fondo”, invertían en un artista pensando que pudiese ser rentable con el tercer o cuarto disco. Actualmente, las discográficas buscan el éxito inmediato, de tal forma que si un artista no es rentable desde el principio, no siguen apostando por él. No creo que en la actualidad hubiesen salido grupos como Queen, U2 o The Police…

    Ahora (y dentro de lo que cabe) se corren menos riesgos porque hay menos margen de error, y no hablo de las majors cuyas cuentas siguen siendo positivas, sino de las indies, que son las que generalmente descubrían a buenos grupos y que en la actualidad producen el 80% de la música que hay en el mercado (aunque su cuota es del 20%). Las indies no están invirtiendo en nuevos artistas como hacían antes lo que, inevitablemente, repercute en el número de obras musicales disponibles.

    Sobre tu pregunta de si hay o no menos obras que antes (y si éstas son “cultura”), no seré yo quien diga qué es y qué no es obra (desde un punto de vista jurídico, que creo que son las realmente interesantes), pero considero que si tomamos la lista de lanzamientos (musicales o cinematográficos) de cualquier año de la década de los 60, 70, 80 ó 90 y la comparamos con la lista de estrenos de los últimos años, el resultado sería bastante triste.

    Hay más contenidos que nunca, y sobretodo en más lugares, pero en los últimos años ha habido un empobrecimiento de los mismos, no en términos de cantidad sino de calidad; los usuarios son (somos) una pieza clave de la creación del siglo XXI, pero todavía las obras creadas por profesionales son las que dan valor a las redes p2p, los iPods y los discos duros con cientos de gigas.

    No creo que la industria de los videojuegos “vaya a su aire” ni esté al margen de “esta guerra”; todas las consolas de videojuegos tienen múltiples medidas anticopia, y de hecho, en España, esta industria es mucho más litigante que la del cine y de la música juntas. Lo que sí es esta industria es muy silenciosa y hermética, mientras que la RIAA prodiga a los cuatro vientos sus acciones, ellos pelean a hurtadillas.

    Sobre la duración de los plazos de protección, me refería a su discusión en entornos jurídico. Aunque es un auténtico gurú en determinados ámbitos, no lo considero parte de la doctrina jurídica. Lessig sí lo ha discutido, y en este sentido estoy de acuerdo con él.

    Creo que una obra que no haya tenido éxito merece la misma protección que una obra que se haya vendido como rosquillas; en ese sentido, toda obra debe merecer la misma protección.

    De nuevo, no entro a valorar qué es cultura y qué es entretenimiento; yo también suelo decir que me gusta más el pragmatismo de los americanos que en este sentido denominan, al igual que tú, a todo esto “entretenimiento” y no tanto “cultura”. La terminología, como sabes, es diferente en Europa. Cultura o Entretenimiento, al fin y al cabo es una industria que invierte dinero por crear, cuyo fruto, considero, debe estar protegido, estemos en un plano o en otro.

    Dices: “El gratis total es insostenible si las obras se conciben para vender copias y no como aliciente para otras cosas.”

    Ese es uno de las bases de este problema, y es que creo que las obras musicales y audiovisuales han perdido el valor que deberían tener; como su obtención hoy en día es prácticamente gratuita, existe la percepción de una disminución de su valor. Una obra, en la medida en que permite entretener, aportar cultura, etc. tiene un valor de por sí, no necesita ser un aliciente para un producto o servicio secundario y en ese sentido creo que se ha perdido el valor que hace unos años tenía un buen disco o una buena obra cinematográfica. Porque el acceso ahora es ahora cero, el valor del mismo se ha reducido igualmente, lo cual considero injusto.

    Estoy de acuerdo en que desde que existen los aparatos reproductores se ha compartido, todos lo hemos hecho en la era de los cassettes y los VHSs, pero este “intercambio” ha adquirido una dimensión mayor (enorme) en la era digital, en la que las reproducciones son casi perfectas y en la que no existe degradación en la misma. Antiguamente, las copias no eran sustitutivas del original, del cual se sacaba como mucho 4 ó 5 copias; actualmente, las copias sustituyen al original, del cual se obtienen miles de copias. Esto, inevitablemente, tiene una trascendencia jurídica y económica. El pasado y el presente no son comparables desde el momento en el que la copia es la norma en lugar de la excepción.

    Y no creas que estoy en contra de la copia, todo lo contrario, como dije en el discursillo creo que la copia se debe permitir y “proteger”, pero asegurando una justa retribución a los que hicieron posible ese primer original, algo que a día de hoy no se produce.

    Y como escuchaste en el podcast, creo que la industria también tiene mucha culpa de esta guerra que están perdiendo, la avaricia rompe el saco, y determinadas estrategias de ésta son más que reprobables (como sacar CDs con contenidos extras a los pocos meses de lanzar una primera edición, para “obligar” a los fans a comprar ambas…), aunque no creo que sea hora de hacer leña del árbol caído, sino de ofrecer verdaderos modelos de negocio. Llevamos años hablando de un “business model” que a día de hoy no parece ni estar próximo de llegar.

    En el podcast no dije en ningún momento que se limitase la capacidad de copia, justo al revés, que se permitiese, pero que se articulasen mecanismos para retribuir justamente a los titulares de derechos por el uso y disfrute de sus obras y prestaciones.

    No me gustan las campañas de adoctrinamiento, pero sí considero necesario volver a una época en la que el fonograma y el videograma tenía un valor, en el que había un respeto a unos autores que, por X o por Y, actualmente son denostados y denigrados hasta la saciedad por determinados sectores. Y creo que las decisiones de los individuos actualmente se basan en la conveniencia, podemos acceder de forma gratuita a millones de obras que han costado miles de millones de euros en producirse, busquemos el argumento para sostener ese acceso gratuito. Porque el argumento de acceso a la cultura… demasiado pobre desde mi punto de vista.

    Tampoco voy a entrar en la discusión de si las descargas sin ánimo de lucro son o no legales; ya he dicho muchas veces que yo lo considero un ilícito civil (y fuera del tipo penal). Que lo diga la Policía no es un indicativo para mí (ni para cualquier jurista, que por otro lado, se refería a un ilícito penal, no civil), yo daré credibilidad a las resoluciones judiciales que haya (si las hay).

    De nuevo gracias por generar el diálogo y a ver coincidimos algún día para compartir nuestras opiniones en persona.

    Un saludo.

  4. Gonzalo Martín | permalink | 11.5.2008 a las 11:19 am:

    :-) A ver si llega el día, algo inventaremos.

    Yo es que creo que, en el fondo, es verdaderamente irrelevante el asunto del numero de obras producidas desde un punto de vista jurídico. Intentaré argumentarlo. Creo que nos falta tiempo para evaluar la trascendencia de lo que está ocurriendo y que se verá con más claridad en unos años. Por eso las respuestas son tan difíciles. Hago un microensayo: las palabras autor y obra adquieren su sentido metafísico, déjame que haga esta interpretación sociológica-literaria y no jurídica, en un mundo de escasez. Para ser autor, hacía falta un mínimo talento, una voluntad férrea, en la mayoría de los casos un grado elevado de educación comparativamente al de la población y encontrar quien empleara medios carísimos para generar el soporte en el que pudiera reproducirse. Esto es así desde la imprenta: para el autor el riesgo era el tiempo invertido en la obra, para el editor la inversión era económica. Al final, el derecho de autor se inventa frente al “abuso” del intermediario que una vez satisfecho su riesgo no compensa al autor en una proporción acorde a sus méritos: sin él, no hay obra.

    Pero vamos al presente: el nivel de educación de la población es alto y con menos diferencia comparada entre los más educados y los menos que nunca. Hasta el punto de que cualquier persona puede escribir un libro. El libro, grial sagrado de la cultura, en el momento en que puede hacerlo cualquiera hace que el nivel de irrelevancia aumente en valor absoluto a medida que se edita más. El libro es un soporte (excelente, además), pero nada más, lo que sucede es que en nuestra mente es un objeto sagrado. Y repugna pensar que se ensucia lo sagrado con autores banales. Pero es así, al igual que hay uvas malas, buenas y regulares y a nadie le impiden plantar viñas (o sí, por el estado, pero eso es otro tema) hay obras intelectuales buenas, malas, regulares e infectas: a nadie le impiden hacerlas. El mero hecho de decir “he escrito un libro” pasa de ser un mérito en sí mismo a “a ver qué has escrito”. Son percepciones basadas en la escasez y no en la abundancia.

    Lo mismo está sucediendo hasta con la música, donde personas sin conocimientos musicales formales pueden hasta componer y arreglar con cierta dignidad con ayuda de sistemas informáticos y algo de gracia. Rod Stewart alguna vez tarareaba algo e inventaba una letrita y con un músico hacia un éxito. Ahora puede que sin el músico: aunque el músico tiene toda la ventaja y, como en el caso anterior, no precisa de un inversor para hacer el soporte.

    Al vídeo le está pasando lo mismo. Se invertía para generar un soporte. Como bien dices, el soporte se degradaba, luego el fundamento económico de la industria del entretenimiento (pocas veces cultural) se basaba en la inversión y conservación de un soporte de aquellos artistas en los que el propietario de los medios de producción estimaba que merecía correr un riesgo. Todo eso ha estallado por los aires: el soporte no se degrada. Es más, el coste de producir una unidad adicional es… cero. La lógica económica que sustenta todo el constructo jurídico del derecho de autor, simplemente, ha desaparecido. Lo que hemos descubierto, es que estábamos pagado por soportes y no retribuyendo al talento: el hecho de que me haya tenido que comprar Lawrence de Arabia tres veces lo dice todo. Y los creadores reales, esos que se dice proteger (guionista, director y músico) ven verdaderamente poco de lo que genera: gana mucho más el dueño de la furgoneta que los lleva, y gana mucho más la tienda que los almacena. Y gana más el que sabe mover toda esa maquinaria. Por no hablar de las delimitaciones de quien es autor y quién no: los directores de fotografía de cine, van a ser o ya son autores para las leyes españolas. Dentro de poco vendrá el montador (a ver cuántos directores salvaban los muebles sin un montador, responsable del ritmo - ¿del éxito? - de una película), o vendrá el autor de la portada de un libro al que nadie paga por la ventas generadas por su labor de enriquecimiento y mejora de la percepción de la obra. Simplemente, las obras, hemos descubirto también, tienen un componente cooperativo y colectivo mucho mayor del que concedíamos con esa sacralización del autor, tan nefasta en el cine por ejemplo.

    Detengo un momento esta reflexión para introducir otra. En el mundo académico, el autor (que no tiene esa consideración hasta que escribe un libro) compartía la información científica a través de revistas que no le pagaban un duro por sus escritos, el valor residía en ser aceptado por la comunidad científica como un hallazgo. Y la ciencia ha progresado porque el uso de la información producida no estaba sujeto a restricciones de uso por los lectores. Se produce más ciencia que nunca. Las revistas científicas encargadas para su difusión han estallado también por la red. Pero también tiende a desaparecer el sistema tradicional de filtrado que eran los comités de lectura: cualquiera puede publicar colgando en la red. Es decir, en un mundo de soportes escasos, existían filtros para decidir en qué gastar el preciado y lujoso papel, vinilo y celuloide. Porque no podía acceder cualquiera. El filtrado que hacían las indies, ahora lo hace myspace: tiene una lógica económica aplastante, no cuesta dinero, no hay más riesgo que el del tiempo del artista. Ojo: debe advertirse que nadie obliga a nadie a ser artista y arriesgarse a un medio de vida tan difícil. La lucha de todos los tiempos ha sido, más bien, la contraria, que no te lo impidieran.

    En llegando aquí, ¿en qué estamos?: en que el valor que concede el soporte es cero (y, por tanto, pagarlo es ridículo si no imposible de exigir) y que en la naturaleza propia de la creación intelectual ha predominado el valor basado en la reputación que concede la creación más que en la creación en sí. Mozart estaba a sueldo del Rey. Un profesor mantiene su sueldo y cobra porque tenerle permite cobrarle dinero a los alumnos, que acuden porque allí pueden aprender. También porque cobra sus conferencias: un soporte que sí es escaso. Tu añoranza del fonograma y el videograma son propias de nuestra generación, que hemos crecido en la escasez de disponiblidad de las obras y acariciábamos discos y libros con reverencia, los mimábamos porque se degradaban y estropeaban (¿te lo grabo?). Pero sólo es un mecanismo melancólico: el valor estaba en las palabras y en el sonido, no en el soporte. El soporte ya no muere, no vale nada, ¿por qué me lo cobra?

    Contenidos de reconocimiento masivo son pocos. No quiero decir que no merezcan protección (veremos qué protecciones) las obras de no éxito. Pero vayamos al grano: la mayoría de los autores no tienen difusión como para generar un ingreso que no sea anecdótico (los autores que conozco, siempre viven de otra cosa). Sin embargo, siguen escribiendo y componiendo. ¿Por qué? Porque su vocación es superior al éxito que alcanzan. Realmente lo que más espera el autor es el reconocimiento de su trabajo. Su reputación. En el mundo de la venta de soportes, mucho éxito les hace ricos, ¿pero sólo por la venta de soportes o porque alrededor del personaje se crea una industria personal en la que generalmente se ingresa dinero por muchísimos motivos ajenos a la propia producción?

    En definitiva: sólo en espacios escasos, tiene sentido reclamar valor para el vendedor de soportes. El libro, un soporte no superado, y a pesar de las fotocopias, todavía puede proteger su condición de soporte escaso para poder seguir cobrando. Lo pago con entusiasmo, no tengo una experiencia mejor. Pero seguramente empezaré a pagárselo directamente al autor, que crea un soporte electrónico y de él encargo un libro. Me dejará leerlo digitalmente si quiero, o sólo varios capítulos para que lo pruebe y ganará más que si se lo lleva un editor, con sus furgonetas y sus estanterías y sus almacenes.

    Dos: las canciones y los textos son anuncios del talento de un creador (un autor) que los va explotar por vías en el fondo tradicionales: porque la gente pagará por compartir experiencias personales con ellos. Las actuaciones, son claras. En el caso del mega-éxito literario, serán otras. Si el exito es menor, será el circuito de conferencias, artículos pagados, encargos, etc. El vídeo tiene un problema, pero se superará con el cambio del mercado de financiación, que evoluciona hacia el branding, la explotación del streaming con publicidad y a la explotación de catálogos completos más merchandising.

    Así que la cultura no se empobrece porque no haya inversión en soportes. La cultura florece porque está al acceso de cualquiera y cualquiera puede ser autor. Simplemente, no tiene valor pagar por soportes y ni por la distribución (vinilo y furgonetas destruidas por los bits, casi todo lo que pagábamos y que no iba al autor). Así, son los que han vivido del soporte los que tienen un problema, no los autores que siguen sufriendo igual. Es decir, ahora “la industria” (que no es necesariamente “la cultura” pero que coincide a veces aunque sólo se sabe después: Chaplin ganó dinero porque vendía entradas) deberá invertir en extraer dinero del talento puro y duro allá donde exista una escasez y debe dar gracias a que se difunde libremente, porque ante tal abundancia ningún consumidor puede derrochar lo que tiene por verdaderamente escaso: su atención. Así, déjame probar tu libro, tu canción o lo que tengas, a ver si me da la gana dedicarle tiempo. Y, si me gusta, consumiré otras cosas tuyas. ¿Difícil? Pues anda que no es difícil hacerlo ahora vendiendo libros o canciones.

    Claro: si has invertido en catálogos cuya razón de ser es el soporte, aunque ellos (no sé si tú) digan que es la obra, tienes un problema, porque tu inversión ha pasado a valor ¿cero? Todavía no,pero casi. Es como si hubiera pasado a dominio público súbitamente. Para estos, es un problema gravísimo, claro está. ¿Pero qué sucede para el que empieza su carrera artística o intelectual basándose desde el principio en otras reglas del juego? Después de todo, lo único que sucede con esos catálogos protegidos, es que tarde o temprano serán dominio público, tampoco se podrán explotar de la misma forma. Reducido a lo más simple, ¿qué hacemos con los que hicieron sus obras destinadas a una explotación que ya no puede ser? La respuesta maléfica es el cánon.

    La cuestión es que un autor efectivamente debe tener derecho a controlar el uso de su obra, pero para lo que debe estar preparado es para que no existe barrera física para su difusión. Es imposible. No se puede. Es como impedir que llueva (provocar la lluvia, a lo mejor se puede, pero que llueva no). O la fuerza de la gravedad: las cosas se caen si las sueltas. En esto consiste entender que no vendes un soporte. Pero tienes derecho a cobrar si otros ganan dinero con lo que has hecho: la comunicación pública se basa en esto, una orquesta toca una partitura tuya y cobra por ello. Ergo, algo te mereces. El editor de la partitura, en cambio, es simplemente un intermediario inútil. Genera valor cero. Así que difusión y uso son dos cosas distintas: tocar en un sitio público, ponerle la sintonía a un anuncio comercial son usos lucrativos de terceros, escuchar sentado en tu casa no.

    Con ello llegamos a la pregunta de si las redes de telecomunicaciones deben pagar a los autores por el hecho de que ganan dinero, supuestamente, porque la gente intercambia archivos. Mi respuesta es no. Los proveedores de telecomunicaciones sólo hacen autopistas de peaje para que pasen camiones con carga. Pero no te cobran por la carga, te cobran por pasar. La gente usa mucho de su ancho de banda para ejecutar contenidos multimedia o para intercambiar archivos. Eso ocurre porque, en el fondo, tenemos ancho de banda muy pequeño. Al ritmo que vamos, la descarga de películas dejará de ser interesante y todo se ejecutará en streaming sin necesidad de almacenar. La música se escuchará igual. El almacenamiento lo será para determinadas condiciones de movilidad y puede que ni eso. El de la furgoneta que lleva los libros te ha cobrado históricamente por llevarlas, pero no te ha dado nada porque él haga negocio llevando libros de un sitio a otro. Fíjate que nadie le pedía canon al de la furgoneta porque los inversores en soportes tenían un modelo de negocio detrás soportable: todo lo más, se quedaban con la empresa de distribución, capturando su valor pero… el autor tampoco veía nada de eso.

    En definitiva, el autor debe dar las gracias porque exista una distribución gratuita que no le resta valor, si no que la da la oportunidad de generarlo. Porque ahora, si precisa de un intermediario, deberá ser un experto en márketing de su marca personal y no de mover libros en camiones: eso eran los agentes, que ahora en vez de discutir restricciones de difusión y soportes buscarán la forma de monetizar a su AUTOR, SL con nuevos mecanismos publicitarios y con nuevos espacios de escasez. Es decir debe plantearse que cuando pone una obra a disposición del público no va a poder evitar su difusión y, si quiere ganar dinero con ello, debe organizar su vida y su estrategia de una forma que no esté basada en la venta de soportes. Psicológicamente es duro. Pero fíjate como tiene que ser para el corte inglés el día que deje de vender discos y películas: puestos de trabajo eliminados, metros de tienda que tendrán que rentabilizarse de otra manera… ¿Los dueños de las furgonetas? No tienen derecho a reclamar porque la difusión libre que-no-se-puede impedir les deja sin los ingresos que tenían? Cambiarán sus camiones para llevar vino o personas.

    La inversión en “obras culturales” (entretenimiento, sólo sabemos si es “cultura” cuando ha pasado el tiempo) se evitará o se evita ya el tener que invertir en cosas de alto riesgo, porque los autores lo hacen solos. Sólo cuando el propio mercado filtra el talento se sabe por quién se pagaría y por quien no. Pero para el dueño de un catálogo de 6000 películas que ha ido comprando y atesorado en almacenes ignífugos, para el que ha gastado un montón de dinero en grabar orquestas (debe estar grabada ya toda la historia de la música) es un problema… para seguir cobrando: ¿qué porcentaje de la inversión ha sido cubierto ya? No hablemos del cien, sino del doscientos o trescientos y aún teniendo en cuanta los fracasos, pues hay que verlo como una cartera de inversión donde unos valores ganan y otros pierden. No creo que la cultura se empobrezca, porque no sabemos aún qué parte de la producción actual pasa a ser cultura, ese poso que alimenta nuestros espíritus. O sólo el de algunos, porque no veo bofetadas por descargarse el acorazado potemkin y sí a julia roberts, por no hablar del porno. El arte electrónico es ignorado por el público, pero veremos qué dicen los libros (perdón los archivos) de texto de los nietos de mi sobrina.

    En resumen: todo el problema consiste en tres cosas. A) no toda la sociedad consume digital, hay partes de ellas que siguen viviendo en el analógico B) Esto hace que no existan modelos maduros para explotar el talento de forma diferente C) pero como es una transición, el poseedor de derechos cuya inversión y expectativa de retorno se ha hecho en función de un sistema de explotación y distribución que, cada día, aporta menos valor y reclama que se lo devuelvan. Pero el coche eléctrico llegará y los especialistas en motores de explosión tendrán que hacer otra cosa: nadie les compensará por su stock de conocimiento sobre cómo mejorar el rendimiento de la explosión de la gasolina en el cilindro. ¿Injusto? ¿Empobrecedor? La sociedad habrá mejorado: el aire será más limpio. Ahora: crear y disfrutar de lo creado es plenamente “democrático” si queremos. Cobrar por unidad distribuida, simplemente, no. No sólo no tiene sentido sino que es imposible. La sociedad también ha mejorado: el dinero que genere lo cultural será para el autor y con quien ÉL quiera repartirlo, pero no para furgonetas, imprentas, almacenes, expertos en merchandising, fabricantes de plástico, de cartón, conductores y bedeles de las sedes de editoriales. Es otro mundo. La abundancia ha sustituido a la escasez. Toda abundancia genera una nueva escasez. De esas vivirán los autores que puedan vivir de ello (como ahora), pero no de la mera difusión (que es diferente al éxito).

  5. Andy Ramos | permalink | 19.5.2008 a las 9:26 am:

    Bueno, Gonzalo, impresionante comentario, tanto en calidad como en extensión, creo que es, hasta la fecha, el comentario más largo de este blog ;-)

    Desgraciadamente no tengo demasiado tiempo para contestarte punto por punto, y aunque estoy al 80% de acuerdo con lo que dices, reitero mi convicción de que la obra en sí (sin importar el soporte en el que está fijada o la forma en la que se ha difundido) tiene un valor. Estoy de acuerdo en que debemos adaptarnos a las nuevas tecnologías, a que la escasez es una cosa del pasado y ahora nadamos en la abundancia, pero es también obvio que hay una pérdida de valor a la obra de por sí.

    En definitiva, muchas gracias por el comentario aunque creo que nuestras posturas van a seguir estando un 20% separadas.

    ¡Un saludo!

  6. Blog Interiuris - Andy Ramos » Blog Archive » La Semana de la Polémica (y II): La Coalición | permalink | 25.6.2008 a las 8:59 am:

    [...] (título, por otro lado, desafortunado), con un perfecto análisis que apuesta por la búsqueda del equilibrio entre la libertad del consumidor y las necesidades del [...]

  7. Marcial Cambronero: Propiedad Intelectual y mas... | permalink | 12.7.2008 a las 8:38 am:

    [...] caso de las patentes), en el caso de las obras derivadas o de contenido no totalmente innovador,  Andy Ramos ha dicho en su podcast que se debe prescindir de la protección de las obras que no aporten contenido original, en mi caso [...]

  8. Blog Interiuris - Andy Ramos » Blog Archive » Tercer Aniversario | permalink | 4.8.2008 a las 6:28 pm:

    [...] extender un mensaje de coherencia y de entendimiento entre todas las partes; una vez más, ese equilibrio del que siempre he [...]

Dejar un comentario