La Protección de los Diseños de Moda | Tuesday 31 March 2009

(Este artículo ha sido creado por encargo para elblogdemoda.com, aunque lo reproduzco aquí por su relación con la temática de mi blog)

Todos tenemos claro qué es una falsificación, aunque a veces creemos estar comprando algo legítimo cuando adquirimos una réplica, un clon o una prenda que es un “homenaje” a otra de un determinado diseñador. La moda forma un sector industrial que genera miles de millones de dólares al año y lo hace sobre la base de unos diseños que en ocasiones son imitados por los competidores. Pero ¿protege la Ley estos diseños y hasta qué punto son legales otras prendas que imitan a las de los diseñadores famosos?

Por supuesto que el diseño de un bolso, traje, zapato o complemento de moda determinado puede estar protegido por nuestras normas; la Ley de Competencia Desleal o la Ley de Propiedad Intelectual podrían ser utilizadas para evitar que un competidor imitase unos diseños específicos, pero es la Ley de Diseño Industrial la que tiene un régimen especial para este tipo de obras tan características.

El último mes ha sido muy movido en varios blogs especializados en moda, que se hacían eco de las enormes coincidencias que existían entre varios modelos de prendas y zapatos de la firma Zara con otros de diseñadores más caros y exclusivos:

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Diseños de Zara y Balmain. Fuente: Moda y Tendencia

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Zapatos de Zara y Louis Vuitton. Fuente: Fashionisima 1.0

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Diseños de Zara y Balmail. Fuente: El Rincón de Moda

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Zapatos de Balmain y de Zara. Fuente: Fashionisima 1.0

Todos estos modelos tienen una cosa en común: han sido diseñados por un modisto o por una firma de prestigio (que invierte tiempo, dinero y talento en crear), para luego ser modificados levemente por un competidor, que lo comercializará por un precio (en ocasiones) muy inferior al original (por diversos motivos: coste de fabricación y calidades inferiores, no tienen que amortizar la inversión en diseño e investigación, etc.). Esta práctica es tan común que nos hemos acostumbrado a ver en las pasarelas unos exclusivos diseños que luego son copiados por las principales cadenas internacionales de ropa.

Y aunque esta práctica habitual nos pudiera hacer pensar que los diseños de moda no se pueden proteger, lo cierto es que las leyes españolas y europeas ofrecen diversas soluciones para que los diseñadores puedan impedir estas copias que, aunque hace la delicia de los consumidores que no pueden permitirse vestir como sus estrellas favoritas, hacen mucho daño a un importante sector comercial y sobre todo penaliza a los diseñadores que invierten su dinero y talento en crear moda y tendencias.

¿Todo diseño de moda se puede proteger? ¿hasta los leggings de vinilo que tan de moda están esta temporada?

La respuesta es, obviamente, no. La Ley de Diseño Industrial establece determinados requisitos que debe cumplir una prenda para poder estar protegida, pudiendo evitar así su diseñador que terceras marcas le copien, y son los siguientes:

1. El diseño de la prenda tiene que ser novedoso, lo que quiere decir que el mismo no puede ser idéntico a otro diseño dado a conocer con anterioridad. Fijaos que la ley dice (artículo 6) que el diseño no puede ser idéntico, aunque más adelante matiza que se consideran igualmente iguales aquellos cuyas características difieran sólo en detalles irrelevante. Por lo tanto, tomar un diseño de Amaya Arzuaga y cambiarle un par de matices insignificantes podría implicar una infracción del diseño de la modista burgalesa.

2. El diseño tiene que tener carácter singular, y esto ¿qué quiere decir?. Pues la Ley precisa (artículo 7) que tendrá carácter singular cuando una prenda produzca una impresión general a un usuario informado diferente de la impresión general producida en dicho usuario por cualquier otro diseño. Me diréis ¿qué definición más vaga e imprecisa? y lo cierto es que tenéis razón, pero el Derecho está repleto de este tipo de definiciones que permite adaptar una norma a diferentes realidades sociales y situaciones, y así los abogados podemos defender tanto una postura como otra (o incluso a veces, ninguna).

La clave aquí es que el “look-and-feel” o la sensación que le da una prenda a un usuario informado (es decir, alguien con cierto conocimiento en la materia) es similar al que le da otra prenda similar. Esta norma no nos puede llevar a pensar que se puede proteger un estilo o la “personalidad” de un determinado modisto, sino únicamente las prendas que éste crea (hace unos meses, Custo Barcelona amenazó a Desigual con demandarles por las “similitudes de los productos comercializados”, alegando que el estilo de sus diseños se parecían mucho, algo que, como hemos visto, tendría pocas posibilidades de éxito si acude por esta vía, aunque habría otras alternativas más difíciles de probar).

3. El diseño tiene que estar registrado en la Oficina Española de Patentes y Marcas, en su Registro de Diseños. Ésta es una gran diferencia entre la protección de la música, el cine o la literatura y la de los diseños industriales, ya que mientras la primera no requiere inscripción en registro alguno, la Ley de Diseño Industrial sí obliga a los diseñadores a registrar sus colecciones si quieren impedir a otras empresas que comercialicen diseños idénticos a los suyos.

Este requisito tan importante que obliga nuestra ley suele ser conocido por los diseñadores cuando se dan cuenta que un competidor les ha copiado, van a un despacho de abogados para defender sus intereses y estos le comentan que debería haber registrado su diseño antes de presentar la colección. Incluso en este punto se podría demandar a un imitador (por competencia desleal, por diseño comunitario no registrado o por marcas), aunque las probabilidades de éxito son mucho menores que si se hubiese registrado el diseño.

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Llegados a este punto, ya tengo mi colección creada y registrada en la Oficina de Patentes y Marcas (o en la OAMI, si quiero una protección en toda la Unión Europea), ¿cuántos años estará protegido mi diseño y qué puedo evitar y qué no?

La Ley de Diseño Industrial concede (art. 43) un plazo de protección de 5 años desde la presentación de la solicitud, con la posibilidad de renovación hasta un máximo de 25 años. Esto implica que si el diseñador lo desea, su prenda estará protegida durante todo este tiempo, pudiendo evitar que cualquier competidor realice en estos años una prenda idéntica a la suya (recordad la definición de “idéntico” que dije antes).

¿Esto quiere decir que puedo imitar los modelos de Coco Chanel, o el clásico bolso Speedy de Louis Vuitton?

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Sí y no (en Derecho, las cosas no son blancas ni negras, sino que hay una infinidad de elegantes tonos grises). Puede que el derecho sobre el diseño haya pasado ya al dominio público, pero lo más probable es que determinados elementos del mismo seguirán estando protegidos por otras leyes, como la Ley de Marcas (en el caso del Speedy, el logo y marca de Louis Vuitton o incluso la forma, como marca tridimensional).

Las leyes son textos complejos (de eso vivimos los abogados) y hay que estudiar cada caso concreto para no vernos envueltos en problemas legales (por ejemplo, nada de lo aquí dicho sirve para EE.UU.), así que antes de falsificar (o hacer réplicas o clones, que resulta mas glamouroso) prendas clásicas de los grandes modistos, acudid a un buen abogado especializado en estos temas para que os asesore correctamente (a la larga os ahorraréis problemas).

En resumidas cuentas, la ley permite que un diseño se “inspire” en otro, o que siga una tendencia, o incluso que rinda un profundo homenaje a un diseño clásico; el problema se genera cuando dicha prenda o accesorio toma prestadas demasiadas características de un original protegido de tal forma que un consumidor pudiera pensar que se trata de la misma prenda.

Por eso, la recomendación que siempre les hago a los creadores que pasan por mi despacho es que intenten ser originales (labor harta complicada), dejándose influir lo menos posible por otros creadores, aunque puestos a copiar, hazlo bien: toma cuantos menos elementos coincidentes mejor, inspírate o toma diseños que estén en el dominio público y, el cualquier caos, acude a un abogado de confianza para evitar problemas legales. Si eres consumidora, no compres imitaciones; es la forma de respetar a aquellos que innovan en el diseño y el estilo.

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Mamen: Andy, muchísimas gracias por tu explicación, me ha encantado tu análisis y, sobre todo, el hecho de ver que, además de Propiedad Intelectual (en este caso industrial), también sabes algo de moda. Tus ejemplos han sido muy ilustrativos. Sólo me queda una pregunta en el tintero: ¿Qué pasa con empresas como Zara, en su caso Inditex, que se sabe que se dedican a “traer al gran público” lo visto en colecciones de grandes (y en algunos casos no tan grandes) diseñadores? ¿Cómo pueden dedicarse a hacerlo abiertamente y con total impunidad?

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Esa es una pregunta que seguramente se hace todo el mundo a estas alturas del post (o por lo menos los que hayan llegado hasta aquí). Como he explicado, el ordenamiento jurídico es complejo: prohíbe determinadas copias de diseños registrados cuyo plazo de protección no haya expirado, aunque si no están registrados se podría reclamar protección a través de la Ley de Competencia Desleal, de Propiedad Intelectual o incluso por Diseño Comunitario No Registrado, aunque todo esto sólo sería posible en Europa, ya que en EE.UU. no existe esta protección, debiendo acudir los diseñadores al tradicional “copyright” o a las patentes de diseño.

Si no habéis entendido nada del párrafo anterior, no os preocupéis, simplemente intentaba resaltar la complejidad del sistema, que implica que las empresas deban tener una estricta política de protección de sus activos inmateriales controlada por especialistas en la materia. Además, la inexistencia de una protección global a los diseños (que contrasta con un mercado internacional) hace que muchas de las prendas que vemos en los desfiles y en las revistas no estén protegidos por la Ley de Diseño Industrial.

Más motivos para justificar tanta imitación y tan pocas sentencias son que, si os fijáis en las fotografías del inicio del post, ninguno de los modelos son exactamente iguales, sino que guardan determinadas semejanzas (algunos más que otros), y en esa frontera entre lo novedoso y lo reproducido circulan empresas como Zara o Mango. Es evidente que si alguna prenda se pone de moda una temporada, todas las marcas de masas intentarán imitarla; si es algo básico (y clásico) como unos leggings de vinilo, todos podrán hacerlo sin problema, mientras que si es algo más novedoso, los competidores (asesorados por abogados) intentarán hacer suficientes modificaciones a la prenda para evitar caer en la copia, aunque con las similitudes que reclaman los consumidores.

La cuestión, como digo, es la delgada línea que separa la copia de la inspiración.

Año Nuevo y Colisión de Derechos | Saturday 3 January 2009

Dos cosas antes de empezar con el post:

1. Feliz Año 2009 a todos; entre mis propuestas de año nuevo están mantener el blog y el podcast con mayor regularidad (no es fácil cumplir con todos los compromisos) y terminar varios asuntos inacabados, de los que iré dando cuenta en su debido momento.

2. Relacionado con lo anterior, siento no haber escrito más los últimos días, pero los cierres de año son terribles para un despacho de abogados y, en general, para cualquier humano español con numerosa familia.

Hace exactamente un año escribí un post titulado “Año Nuevo y Dominio Público“, haciendo un breve resumen y análisis de los autores cuyas obras cayeron en el dominio público hace un año, espacio común que no me cansaré de repetir que creo que está preocupantemente desaprovechado (aunque hay interesantes iniciativas que intentan relanzarlo, aunque de eso ya hablaré otro día).

Este año pretendía también hacer ese post-resumen, pero David Maeztu se me ha adelantado, haciendo una llamada de atención de un error del Diario ABC y que me parece grave para un periódico de tirada nacional, y es que afirmaba que los derechos sobre el personaje Popeye pasaban al dominio público en Europa por haber muerto su autor, Elzie Segar, hacía 70 años. Como resaltó David, esta afirmación no era del todo cierta ya que como expliqué hace un año, los derechos de autores fallecidos antes de 1987 duraban en aquella época 80 años tras su muerte, fecha que se mantiene en la actualidad para dichos autores en virtud de la Disposición Transitoria Cuarta de la LPI.

Pero la propiedad intelectual no es la única que ha protegido durante estos años al famoso personaje de Segar, ya que King Features Syndicate, Inc, la administradora del personaje, ostenta numerosas marcas sobre el mismo y sobre la denominación “Popeye” tanto en EE.UU. como en Europa, como la siguiente para la clase 25, registrada en la Oficina Española de Patentes y Marcas:

Marca denominativa con gráfico M 1154807

Los conflictos o colisiones entre derechos de marca y de propiedad intelectual me parecen interesantes, al comprobar cómo se puede llevar más allá la protección de una obra (generalmente un personaje, como Betty Boop o Flash Gordon, ambos gestionados también por King Features) cuyos derechos de propiedad intelectual hubiesen caído ya en el dominio público, manteniendo su protección como marca y por lo tanto, con una protección ilimitada en el tiempo.

Esta estrategia de alargar derechos también fue utilizada por los titulares de “El Principito”, siendo un claro ejemplo de cómo perpetuar unos derechos que en principio deberían estar a disposición de todos al cabo de unos años.

De este modo, y aunque los derechos sobre las tiras cómicas de Segar hayan caído ya en el dominio público en ciertos países de Europa, hay que tener cuidado con la utilización de esta denominación y gráfico con validez en España, aunque me encantaría ver una resolución judicial que plantease la extensión de esta compatibilidad de derechos.

El Principito: Colisión entre Derechos de Propiedad Intelectual y Derechos Marcarios | Thursday 17 April 2008

Esta semana ha sido muy prolífica en el sector marcario, numerosas resoluciones desde diferentes partes del mundo, aunque de entre todas hoy quiero hablar (después de dos semanas sin postear ¡el trabajo me está absorbiendo!) de una batalla legal que se está desarrollando en Corea del Sur por los derechos de “El Principito”, incluyendo el diseño del nombre y las ilustraciones de Antoine de Saint-Exupéry.

Antoine de Saint-Exupéry falleció en acto de servicio en 1944 y, desde entonces SOGEX, la fundación creada por su familia, se ha encargado de gestionar los derechos inmateriales sobre sus obras, especialmente sobre su libro más famoso, “El Principito”.

Leo en “The Korea Times” que la fundación SOGEX ha iniciado acciones contra una serie de editoriales literarias por la publicación del libro “El Principito” junto con las ilustraciones que realizó el propio autor, y no lo ha hecho por vulneración de derechos de propiedad intelectual, sino por infracción de su derecho de marca. Según SOGEX, el diseño de la denominación de “El Principito” es una marca registrada, así como los dibujos creados por de Saint-Exupéry.

Como sabéis, los derechos de propiedad intelectual protegen obras creativas del ingenio humano, mientras que las leyes de marcas hacen lo propio sobre todo signo susceptible de representación gráfica. Del mismo modo, los diseños de las letras, o caracteres tipográfícos, pueden ser protegidas mediante la Ley de Diseño Industrial, aunque su protección está limitada en el tiempo (un mínimo de 5 y un máximo de 25 años).

En este sentido, la Ley de Propiedad Intelectual, en su artículo 3.2, se encarga de especificar que los derechos de autor son independientes, compatibles y acumulables a los derechos de propiedad industrial (entre ellos, el marcario y del de diseño industrial), que puedan existir sobre la obra.

Esta independencia, compatibilidad y acumulabilidad permite, por ejemplo, que se pueda registrar como marca el título de una película, de un libro o un determinado dibujo (como si de un logo de una empresa se tratase). Así están registradas multitud de obras que a priori parecerían del intelectual humano, como Mickey Mouse, el Pato Donald y prácticamente todos los personajes Disney.

Creo que es tremendamente interesante esta compatibilidad de derechos, principalmente porque a diferencia de los derechos de autor que caducan al cabo de unos años, la marca podría existir a perpetuidad, condicionada a que el titular registral siguiese abonando las tasas de la oficina correspondiente. Y es interesante sobretodo por el conflicto que se produce una vez que la obra (por ejemplo, un dibujo, una tipografía o un personaje) ha pasado al dominio público, pero se mantiene un registro válido sobre el mismo como marca, que confiere a su titular el uso exclusivo de la misma en el tráfico económico.

Conflictos reales serían utilizar el nombre y el dibujo de Mickey Mouse una vez que el mismo pasase a dominio público, o realizar películas o remakes de James Bond, considerando que esta denominación está registrada como marca. ¿Hasta qué punto se podría explotar una obra del dominio público protegida como marca?

En el caso de “El Principito”, SOGEX reclama que no pueden publicar la obra en cuestión con la tipografía y los dibujos realizados por el propio de Saint-Exupéry, puesto que todos ellos son marcas válidamente registradas. No hay ningún problema con publicar la obra, pero sin los dibujos ni la tipografía creada por de Saint-Exupéry.

¿Hasta qué punto se debe permitir esta compatibilidad de derechos? ¿No se debería limitar a la propia duración de los derechos de propiedad intelectual?

Espero vuestros comentarios.

The Beach Boys y su marca registrada | Monday 24 March 2008

Hace unas semanas hablé de las marcas registradas en conexión con los nombres propios; hoy, a través de Efe Eme, leo que los legendarios The Beach Boys han finalizado una batalla legal sobre la utilización de su marca por parte de los miembros de la banda. Remontémonos unos años atrás:

The Beach Boys es una banda de rock-surfero formada por Al Jardine, Mike Love, Brian Wilson, Carl Wilson y Dennis Wilson; en 1967, los cinco miembros de la banda crearon una sociedad, Brother Records, Inc., que se iba a encargar de gestionar todos los derechos de propiedad intelectual e industrial del grupo, entre ellos de la marca “The Beach Boys”.

Una vez muerto Dennis y Carl Wilson, y mostrado el deseo del resto de la banda de no seguir realizando giras juntos ¿qué ocurría con el nombre del grupo? ¿quién tendría derecho a utilizarlo, considerando que la marca pertenecía una sociedad cuyos propietarios eran los antiguos integrantes de la banda o sus herederos?

En 1998, Mike Love negoció con Brother Records una licencia para utilizar la marca “The Beach Boys” junto con su propia banda en una serie de conciertos alrededor de EE.UU., licencia otorgada de forma no exclusiva y con la aprobación del consejo de administración de la sociedad, en la que estaba Al Jardine. Una particularidad de esta licencia era que el licenciatario (Love) debía elegir a cualquiera de los manager que le ofrecía la sociedad, con el objetivo de preservar el “valor de la marca” The Beach Boys.

La polémica se produjo cuando Al Jardine comenzó, en 1998, una gira subtitulada “Beach Boys Family and Frieds”, con su propia banda y con agentes y managers que no estaban en la lista propuesta por Brother Records. Empezaron las negociaciones y lo máximo que consiguieron de Jardine fue su oposición férrea y una oferta económica de regalías inferior a la impuesta a Love. A pesar de que rechazaron la “oferta” de Jardine, éste siguió utilizando la marca para la realización de conciertos, provocando confusión entre los organizadores de los mismos, que contrataba a Jardine pensando que con él iba el resto de la banda, así como otros artistas invitados, llegando incluso muchos a cancelar la contratación cuando descubrían que Jardine era el único de los miembros que estaba contratado.

Brother Records presentó la consiguiente demanda y Jardine contestó en base a la prescripción de la acción, doctrina de los actos propios, “uso justo” de la marca, y malicia, al tiempo que reconvino por incumplimiento de contrato del demandante, solicitando una sentencia declarativa permitiendo el uso de la marca.

Sin entrar a analizar las doctrinas sobre marcas mencionadas en la sentencia (classic fair use doctrine y nominative fair use doctrine), el caso se resolvió a favor de los demandantes (Brother Records) al considerar el tribunal que la utilización de la marca “The Beach Boys” por Jardine no se utilizaba con la finalidad de describir un producto o servicio relacionado con la marca, al tiempo que la utilización de la marca en mayúsculas provocaba confusión entre el público, que contrataba a una persona con un caché superior pensando que todo el grupo estaba detrás.

La decisión completa de este caso de 2003, que se estudia en todas las universidades americanas, la podéis encontrar aquí.

El acuerdo extrajudicial al que han llegado ahora evita la celebración de una vista que estaba programada para abril por una demanda iniciada por Love y los herederos de Carl Wilson contra Jardine reclamando los gastos legales incurridos durante el primer procedimiento, valorados en 2.2 millones de dólares (lo mismo que aquí…).

No se han revelado los detalles de este acuerdo pero parece que tras años de interesantísimas batallas legales, el mismo podría abrir la puerta a una futura gira de los supervivientes “Beach Boys”, esta vez como banda.

A los que le interese este tema le recomiendo la lectura de la sentencia de 2003 referenciada arriba, como digo, sentencia obligada en todo estudio en la materia.

Marcas y nombres propios | Friday 15 February 2008

Semana absolutamente cansina y frenética (aunque parece que no soy el único) que me ha obligado a dejar en el tintero digital varios asuntos y noticias de los que quería hablar aquí. Quizá por mi manía por buscar conflictos de derechos, he querido comentar un poco esta noticia leída en Boing Boing en la que se anunciaba que Yoko Ono había denunciado a la cantante Lennon Murphy para que no utilizase la denominación “Lennon”, aunque haciendo una lectura más comprensiva, vemos que el titular era erróneo.

Los hechos: Lennon Murphy, cantante norteamericana, solicitó el registro de varias denominaciones conteniendo su nombre, principalmente las marcas “Lennon” y “Lennon Murphy”, aunque abandonó el uso de esta última en 2003. El registro de un nombre propio como marca es una práctica habitual cuando un persona adquiere repercusión pública.  Lennon Murphy es el nombre real de la cantante; se lo pusieron, afirma, no por el músico sino por la persona de John Lennon y lo ha estado utilizando desde hacía años, aunque desde que firmó con Arista en 2000, decidieron por motivos de marketing utilizar su nombre de pila “Lennon”.

Según datos del US Patent and Trademark Office, hay numerosas denominaciones consistentes en “Lennon” o que contienen esta palabra, registrados por la propia Lennon Murphy, por Yoko Ono y por el hijo del beatle Julian Lennon.

Yoko Ono se opone al registro de Lennon basándose en su prioridad de registro, en la posibilidad de confusión (al poder pensar el público que existe relación entre la cantante y el artista fallecido) y por dilución del carácter distintivo de la marca “John Lennon”. Ono argumenta que no está en contra de que ella utilice su nombre de forma comercial, sino de que intente acaparar la exclusividad de la marca “Lennon”; afirma que, en su momento, sus abogados se pusieron en contacto con los abogados de la joven cantante para que renunciasen al registro de la marca, asumiendo los costes que le hubiese podido ocasionar, propuesta que fue rechazada por Lennon Murphy.

El tema de la protección de los nombres personales como marca no es una cuestión pacífica ya que para que una marca se pueda considerar “viva”, se debe utilizar en el mercado para el que se ha solicitado su protección. Célebre es el caso de “El Cordobés” (padre), a quien el Tribunal Supremo español le denegó la protección de su marca por caducidad, al no haber hecho uso de la misma durante al menos 5 años antes del inicio de la acción.

Especial interés tiene esta materia en el mundo artístico, deportivo y taurino, donde las carreras suelen ser de corta duración, aunque sus efectos suele extenderse más allá del fin de la actividad de la persona. Manolete, Nino Bravo o Pichichi son parte de nuestra historia estando aún en el mercado, aunque hace años que dejaron de desempeñar la actividad que les hicieron famosos.

En el caso de los artistas musicales, la no explotación de su “nombre comercial” se ve parcialmente cubierta porque, aunque hayan fallecido o se hayan retirado, sus discos y actuaciones pueden estar aún en el mercado y ser de interés para los consumidores.

A pesar de ello, la protección de una marca registrada podría ocasionar que una persona no pudiese actuar bajo su nombre propio si éste es similar o coincidente con el de otro artista, lo que puede tener sentido si el objetivo es proteger los intereses de los consumidores y su derecho a reconocer la procedencia de un determinado producto o de un servicio. Aún así, ¿dónde está el límite? Elvis Costello, The Dandy Warhols y muchos otros grupos o solistas pueden de alguna forma establecer conexiones con artistas célebres, aprovechándose de su notoriedad.

Ahí dejo la noticia para el fin de semana.

Homenajes, parodias, infracciones | Thursday 7 February 2008

Aunque no soy un experto en arte plástico (que como se decía en una sentencia, no es el realizado con plástico, sino el relativo a las artes pictóricas o escultóricas), por contaminación familiar siempre me ha interesado esta forma de expresión. De entre todos los estilos, el arte pop siempre me ha llamado mucho la atención tanto por su expresión como por su virtud de rozar siempre la legalidad.

Andy Warhol es quizá el máximo exponente de este movimiento del siglo XX, con cuadros en los que retrataba a celebridades y a latas de sopas de renombradas compañías.

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No cabe duda de que estas dos creaciones son auténticas obras de arte, o así se considera internacionalmente, aunque es más discutible si la utilización de la marca “Campbell’s” y del diseño de su lata (que podría estar perfectamente protegido), o el uso de la imagen de Marilyn Monroe, estén dentro de la legalidad.

Más interesante (desde un punto de vista legal) me parece la obra de Antonio de Felipe, artista español que se hizo conocido gracias a sus inFantas y a su colección CinemasPop (esta colección me provocó un gran shock profesional, cuando la vi expuesta no dejaba de analizar cada detalle legal de los cuadros y esculturas)

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En estas ilustraciones vemos la utilización de marcas registradas con sus respectivos logos (Kleenex, Apple, Fanta), y uso de obras creativas protegidas por derechos de propiedad intelectual (la Mujer Llorando de Picasso, la Blancanieves de Disney y una Menina de Velázquez – aunque esta última ya ha pasado al dominio público). ¿Son legales estos usos?

Hoy veo a través de The Trademark Blog un post con un sugerente título: Creative Piracy, haciendo referencia a Russell Connor, un artista plástico que “se inspira”, “utiliza”, “homenajea” a otros autores a través de sus obras; una de ellas es ésta:

 

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Creo que no hace falta decir que en esta obra se transforma el Guernica de Picasso, reproduciéndolo parcialmente en el fondo de esta pintura.

Si acudimos a la Ley de Propiedad Intelectual española, poco se podría argumentar para defender la legalidad de la reproducción de cualquiera de estas obras; no es una copia privada porque tiene una finalidad colectiva y lucrativa (vende y exhibe los cuadros), no es una cita o reseña porque no cumple la finalidad docente o de investigación,  no son trabajos sobre temas de la actualidad, no son obras situadas en la vía pública, y si acaso se pudiera plantear alguna sería la de la parodia, aunque de todos los casos expuestos, sólo el de la Mujer Llorando creo que podría entrar dentro de este límite. El resto de reproducciones entiendo que requeriría la autorización de sus legítimos titulares de derechos.

En EE.UU. es un tanto diferente por la doctrina del fair use, aunque después del estudio de sus cuatro puntos, el resultado creo que sería similar al español: requiere autorización.

Respecto al “publicity right” o el “derecho a la propia imagen” de los famosos retratados, la ley y la jurisprudencia en EE.UU. permite su uso cuando tenga finalidades artísticas, mientras que la ley española se limita a permitirla cuando se realizan caricaturas de acuerdo al uso social. Antonio de Felipe ha realizado retratos de celebridades que creo que no alcanzan el grado de caricaturas, por ejemplo éste de Claudia Schiffer:

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Puede que la realización de este cuadro parezca inocua, aunque es indudable que su repercusión e impacto visual no sería el mismo si, en vez de utilizar la imagen de una top model, se hubiese usado la de una persona no famosa. ¿Debería participar la persona retratada en los beneficios que obtuviese la obra? ¿Dónde está el límite?

Con respecto a las marcas, es curioso cómo Disney, tan celosa siempre de sus derecho, no haya denunciado utilizaciones como ésta, en la que Catwoman aparece apunto de comerse a Mickey Mouse. ¿Se está parodiando al personaje Mickey Mouse o se está utilizando para parodiar un hecho ajeno al mismo?

Me gustaría saber vuestra opinión jurídica y social.

Californication ¿marca registrada? | Wednesday 21 November 2007

Leo en la chicadelatele que la banda de rock Red Hot Chilli Peppers ha demandado a la cadena de televisión Showtime por producir una serie con el nombre de uno de sus discos (su mejor, diría yo): Californication.

Al igual que la chicadelatele, cuando leí sobre la existencia de esa serie me vino a la cabeza el excelente álbum de los Red Hot Chilli Peppers, no porque sea una denominación que fuese acuñada por ellos, sino porque es indudable que ellos le dieron una repercusión como nunca antes tuvo esa palabra. Cuando la escuché por primera vez pensé que era otro ejemplo de la creatividad americana a la hora de inventar palabras (inclúyasen verbos como to google, to xerox, to fedex, etc.), algo que parece confirmar la Wikipedia; “californication” es un híbrido que une “California” con “fornication” para expresar el desarrollo descontrolado hacia el sur de California y hacia otros estados occidentales de EE.UU.

Dicho esto y sabiendo que los chicos de Red Hot Chilli Pepper no inventaron la palabra ¿pueden impedir que se comercialice una serie de televisión con dicha denominación? Según la legislación española, el artículo 10 de la Ley de Propiedad Intelectual establece que “el título de una obra, cuando sea original, quedará protegido como parte de ella“. Podríamos discutir si “Californication” es original en conexión con una obra creativa, pero lo que no cabe duda es que la protección sería más adecuada si procediésemos a su registro como marca en la Oficina Española de Patentes y Marcas. De hecho, es una práctica habitual en nuestro país registrar el nombre de series de televisión, títulos de discos, nombres de famosos y pseudónimos, para evitar la explotación abusiva de dichas denominaciones por parte de terceras personas.

Pero la realidad en EE.UU. es muy diferente. Cuando estudié “Trademarks” en EE.UU., lo primero que me llamó la atención de esta disciplina es que allí, para tener un monopolio sobre una denominación, no era absolutamente necesario el registro de la misma, sino que el mero uso en el comercio ya otorgaba derechos al explotador. Además, trabajando en Sony Pictures comprobé que en EE.UU. no era práctica habitual registrar denominaciones en conexión con series y películas, ni siquiera en países donde el registro es declarativo, lo que acarreaba numerosos problemas legales.

En la demanda presentada ante el Superior Court of the State of California, la acusación no sostiene que sean los inventores de esa palabra, sino que el público la identifica con las actividades comerciales de Red Hot Chilli Peppers gracias al enorme éxito que alcanzó su disco del mismo nombre (detallan los méritos, premios y ventas que ha obtenido el mismo desde entonces). Además, especifican que un personaje del show se llama “Dani California”, curiosamente igual a el de una persona que aparece en tres canciones del citado disco, incluyendo una canción con su nombre.

La representación de la banda argumenta que el título de la canción “Californication” es intrínsecamente distintiva (“inherently distinctive“), famosa, ha sido objeto de abundante promoción y publicidad, y es reconocida por los consumidores en conexión con el álbum y con la canción del mismo título. En base a todo esto, los demandantes consideran que “Californication” ha adquirido secondary meaning, lo que le otorga un derecho exclusivo con respecto a dicha denominación ya que el uso de la misma por terceras personas podría provocar “false designation of origin“, “likelihood of confusion, mistake, and deception as to source, sponsorship, affiliation, and/or connection in the minds of the public“. Además reclaman disminución de la capacidad distintiva de la marca para identificar bienes, servicios, o afiliación a los mismos (“dilution“).

El caso es ciertamente interesante tanto desde la perspectiva del derecho marcario como de la competencia (de hecho, en nuestro país un caso así iría probablemente por competencia desleal) y pone en evidencia las enormes diferencias que existen entre la tradición continental y la anglosajona en esta materia, aunque ambas posturas se van acercando cada día más.

Este caso me ha recordado a otro que estudié, Harlem Wizards Entertainment, Inc. v. NBA Properties, Inc., en el que los Harlem Wizards (fundados en 1962) demandaron a la NBA porque su franquicia de Washington había cambiado recientemente su nombre de Bullets a Wizards, creando confusión en el público. La jurisprudencia americana en materia marcaria tiene muy en cuenta la defensa de los consumidores y las expectativas que estos tienen en relación a la procedencia de un bien o servicio. En este caso, el tribunal (en base a la teoría del “reverse confusion“) consideró que dado que ambos equipos “competían” para públicos diferentes (los Harlem Wizards hacían shows de exhibición al estilo de los Globetrotters, mientras que los Washington Wizards competían en la NBA), no había posibilidad de lesión de los intereses de los Harlem Wizards (sobretodo por la escasa “fuerza” que tenía ésta ante todo el territorio nacional), por lo que ambas marcas podrían coexistir pacíficamente (como lo hacen en la actualidad).

Aunque con diferencias, este caso creo que cuenta con similitudes. Todos coincidimos en que es un caso interesante, que Red Hot Chilli Peppers no deberían poder apropiarse de la palabra “Californication”, aunque reconocemos que cuando oímos esa palabra nos acordamos del disco de la banda californiana, y lo hacemos porque esa palabra ha adquirido “secondary meaning” gracias a la explotación que está realizando Red Hot Chilli Peppers. ¿Ha querido Showtime aprovecharse de esa asociación que hace el público?

Siento tanto anglicismo y tecnicismo, pero creo que el caso lo requería.

Seguiré atento a este bonito asunto.

Diseño Industrial: copiando el diseño | Monday 19 November 2007

Dentro de la protección de lo intangible, la propiedad intelectual, las patentes y las marcas ocupan un lugar privilegiado, aunque no son las únicas disciplinas a las que se puede acudir para proteger una creación humana. Desde mediados del siglo pasado hasta nuestros días, el diseño ha visto aumentar su importancia, primero en prendas de vestir y poco a poco en otro tipo de objetos, desde vehículos hasta muebles, pasando por utensilios de cocina, etc. El diseño está en todos los rincones de nuestra vida, desde que suena el despertador hasta que nos ponemos el pijama para irnos a la cama; resulta paradójico entonces comprobar lo desconocida que resulta la protección del diseño (incluso para profesionales del sector) y, según mi punto de vista, lo infrautilizada que está la Ley de Protección Jurídica del Diseño Industrial.

Conozco a través de El Blog de Moda otro blog (El Diablo viste de Zara) de esta temática, pero dedicado casi íntegramente a indicar a sus lectores dónde encontrar en las tiendas que abarrotan cada centro comercial de nuestras ciudades esos vestidos inasequibles de marcas exclusivas, es decir, cómo conseguir un diseño Chanel a precio de Zara.

Vestidos de Chanel, de Zara y de Asos (fuente: Devil wears Zara)

El ordenamiento jurídico español protege el diseño por diferentes vías ya que tanto la Ley de Propiedad Intelectual como la Ley de Protección del Diseño Industrial reconocen el carácter de independientes, acumulables y compatibles de tales derechos; esto quiere decir que una creación podría estar protegida al mismo tiempo por propiedad intelectual (como una creación artística) y por diseño industrial (como objeto con determinadas características, contorno, color, etc.).

Pero la configuración de ambas protecciones son muy diferentes: la duración que ofrece la LPI es, como norma general, de 70 años tras la muerte del autor, mientras que el diseño industrial se protege por periodos renovables de 5 años, hasta un máximo de 25. Además, para que una obra pueda estar protegida, se requiere creatividad y originalidad, mientras que las notas características de un diseño industrial son la novedad y la singularidad. Pero quizás la mayor diferencia de ambas protecciones es que mientras que el ordenamiento protege una obra artística, literaria o científica desde su creación, los diseños industriales se deben registrar en el Registro de Diseños Industriales de la OEPM para que estén protegidos, aunque la reciente ley de 2003 permite que la solicitud se realice en el plazo de 12 meses desde la divulgación del diseño (si se publica o comercializa un diseño y posteriormente se solicita su protección, ya no tendría esa novedad que exige la Ley).

Como expuse anteriormente, el diseño industrial no es la única vía para proteger determinadas creaciones ya que sería perfectamente compatible registrar el diseño de, por ejemplo, una lámpara, al mismo tiempo que se considerase protegida por derechos de autor por su diseño artístico. Así mismo, es importante decir que el registro de un diseño sólo otorga protección al conjunto de líneas, trazos, colores y contornos del mismo, no así a la mejor funcionalidad que estos puedan tener. Para proteger la funcionalidad de un diseño deberemos acudir a la Ley de Patentes.

Recientemente me he comprado dos gorras y una etiqueta en su interior llamaron mi atención; ambas ponían que determinado elemento de la misma tenía una patente comercializada por A-Flex con número 6493880.

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Esta patente de 2001 protege una gorra con tiras que dan sensación de ajuste, que forman una pieza completa que se ajusta a la cabeza. Me pareció un buen ejemplo de cómo un mismo objeto podía contener una patente, una marca (la de la gorra), una obra protegida por propiedad intelectual (el dibujo de la gorra), así como un diseño industrial (el conjunto de la gorra, aunque para ser sinceros, desconozco si está registrado este diseño).

Volviendo al tema de las “copias” en el sector de la moda, éste es otro claro ejemplo de la tolerancia a la vulneración de derechos de terceros que puede regir un sector industrial. Rara vez una empresa denuncia a otra por vulneración de su diseño industrial ya que es consciente que alguno de sus modelos tampoco pasarían el filtro de un juez.

 Chanel (laterales), Sfera (centro)(fuente: Devil wears Zara)

Se suele decir que “la moda no incomoda”, aunque en ocasiones la ley sí.

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