Derechos de Propiedad Intelectual y Tauromaquia | Wednesday 19 April 2017

Reconozco que una buena faena taurina me apasiona y también asumo que este tipo de espectáculo pueda contar con detractores. En cualquier caso, la plasticidad, estética, movimientos y sonidos de una plaza de toros me emociona tanto como cuando disfruto de otro tipo de Artes (y aquí ya estoy prejuzgando), en concreto de los enunciados en el artículo 10 de la Ley de Propiedad Intelectual.

El mundo del toreo lleva años reivindicando la existencia de derechos de autor (y conexos) en una faena taurina, principalmente (dicen) a los efectos de recuperar un control que (argumentan) ahora tienen los empresarios respecto a sus derechos de imagen, que generalmente se ceden/autorizan (excepto singulares excepciones) al ser contratado en una plaza. Mezclan derechos de imagen con derechos de propiedad intelectual, lo cual es bastante común.

La estrategia que ha seguido el diestro extremeño Miguel Ángel Perera para tratar de conseguir este reconocimiento legal ha sido curiosa: solicitar la inscripción en el Registro de la Propiedad Intelectual de Extremadura de su faena del 22 de junio de 2014 con el toro “Curioso” (del que cortó dos orejas) para, una vez denegada por el Registro por adolecer de los requisitos legales, ejercitar una acción declarativa tendente a dejar sin efecto dicha resolución denegatoria.

La sentencia del Juzgado de lo Mercantil 1 de Badajoz resolviendo esta cuestión se ha publicado hace apenas una semana (el compañero David Maeztu también ha escrito sobre ella) y desestima las pretensiones del diestro, afirmando lo siguiente:

“(…) aunque el demandante tiene derecho a oponerse al uso de su imagen no consentida en retransmisiones televisivas, a través de redes sociales, y demás, ello no ha de ser al socaire de la inscripción de una faena como obra de propiedad intelectual, a la vista de la legislación actual, pues una faena no se concibe como obra original protegible por la propiedad intelectual. “

La sentencia (con cuyo resultado estoy de acuerdo) comienza realizando una descripción de las diferentes teorías de originalidad subjetiva y objetiva para, en su Fundamento Jurídico Segundo, analizar específicamente la obra (o no obra) en cuestión del matador, descrita en la sentencia de esta forma: “mano izquierda al natural cambiándose de mano por la espalda sin moverse. Luego liga pase cambiado por la espalda y da pase por la derecha. El toro sale suelto y el torero va hacia él dando pase por alto con la derecha“. Entiendo que la obra que se intentó inscribir estuvo más desarrollada porque si se limitó a tratar de proteger parte de la faena completa, consistente en 5-6 movimientos, su protección sería un desafío (imposible), por su simplicidad, como si se pretende proteger 5 notas musicales o 5 palabras.

Me gustan los casos de laboratorio, los que nos obligan a los abogados a ser creativos (sin perder tecnicidad) y a armar una defensa (o ataques) sin fisuras, y por eso voy a intentar defender que las faenas taurinas, en excepcionales ocasiones, pueden ser susceptibles de protección por derechos de propiedad intelectual. Para ello, lo primero creo que es buscar un punto de referencia, algún otro Arte que se pudiese comparar a los pases que realizan los toreros y creo que lo más sencillo es acudir al baile, a la coreografía y a las pantomimas (que sí aparecen en el artículo 10 LPI).

Imaginemos que en una escena de una obra teatral aparece un torero simulando una faena taurina y, durante la misma, realiza determinados gestos y movimientos sin emplear palabras (definición de pantomima) o un conjunto de pasos y figuras de un espectáculo de danza (definición de coreografía). Si estos pasos o movimientos fuesen, en su conjunto, originales y creativos, estarían perfectamente protegidos por derechos de autor, al igual que su ejecución por derechos conexos. Individualmente cada uno de ellos no lo estarían por cuanto las ideas, técnicas o métodos de operación (como recuerda la sentencia) no están protegidos por propiedad intelectual, pero sí la concatenación de gestos y movimientos con un estructura original y creativa.

Si un torero, en una faena, ejecuta los mismos movimientos que un actor en una obra teatral, simulando la lidia de un toro, no veo por qué podemos plantearnos la protección por derechos de propiedad intelectual del segundo, mientras que del primero los negamos de raíz.

La juez se centra principalmente (en exceso, en mi opinión) en desmontar las pretensiones del demandante en base a argumentos que, desde mi punto de vista, no son definitivos. El primero es que “no existe obra o creación sino ejecución de unos determinados pases ya predeterminados“, lo cual, si se acepta, implicaría negar la protección a cualquier tipo de coreografía que, en general, no son más que unos pases ya predeterminados, presentes en el dominio público.

También se basa la juez en la existencia del Reglamento Nacional Taurino de 1996, que contiene normas de obligado cumplimiento para los toreros, lo cual implica (según el juzgador) que “carece el torero de la suficiente libertad creativa para estar amparado por la Ley de Propiedad Intelectual“. Es decir, se basa en la existencia de un reglamento para negar de lleno que un torero pueda llevar a cabo una secuencia que, desde el punto de vista de la propiedad intelectual, tenga carácter original y creativo (de nuevo, valorada en su conjunto y no de forma aislada cada uno de los movimientos). Esta afirmación es ridícula ya que, si así fuese, no sería protegible, por ejemplo, una obra literaria presentada a un certamen sometido a reglas.

Otro argumento que alega la juez es que no existen precedentes respecto a la protección de faenas taurinas ni en nuestro país, ni en otros con tradición taurina (como Portugal, Francia o México), lo cual, de nuevo, creo que es una justificación endeble, ya no solo porque nuestro sistema continental no está basado en la existencia de precedentes (como el Common Law, aunque esta afirmación la hago a medias), sino porque tampoco es un criterio a la hora de proteger creaciones originales.

Recuerda el juzgador que los Tratados OMPI de 1996 establece que las ideas no son protegibles, como tampoco lo son los procedimientos o métodos de operación (subrayando estos dos últimos puntos), tratando de sustentar que lo que pretende proteger el demandante es una idea. Obviamente no puesto estar en desacuerdo con este principio básico de la propiedad intelectual, pero tampoco creo que realmente lo que pretendía proteger Perera es una idea, sino más bien una serie de movimientos que por su simplicidad y falta de altura creativa, no pueden ser protegidos por derechos de propiedad intelectual.

También incluye la juez la figura del toro y las capacidades del torero para negar la posible existencia de una obra, diciendo que “no es una creación humana, al menos exclusivamente, pues interviene en gran medida el animal, dependiendo el resultado de las características y condiciones de éste, y por último, que no procede, tampoco exclusivamente, del ingenio humano, sino, sobre todo y fundamentalmente, de la habilidad del torero”. De nuevo, creo que la existencia de un toro en la creación de una obra que no condiciona la existencia de esta, como la calidad de una pieza de mármol no afecta en absoluto (a efectos jurídicos) el resultado de una escultura; así como la habilidad o capacidad del torero, como la de un pintor, influirá en la técnica y calidad del trabajo final, pero no en la existencia de la obra en sí, que dependerá de su originalidad y creatividad.

Finalmente, termina afirmando que la posible inscripción de la faena “lleva aparejadas consecuencias indeseables como la posibilidad de ejercer los derechos contra cualquiera“, que entiendo que es “indeseable” si protegemos algo tremendamente básico o simple, pero no si de lo que se trata es de proteger la creación, que para esto está la Ley de Propiedad Intelectual (y no es indeseable dotar de exclusividad al creador de una obra).

En resumidas cuentas, creo que la juez, de forma correcta, ha desestimado la demanda, pero no utilizando argumentos correctos, habiendo bastado la inexistencia de una altura creativa suficiente para tal negar tal protección.

Y, como decía, defendiendo lo que parece que es indefendible, creo que una faena taurina podría protegerse por derechos de propiedad intelectual, aunque anticipo que sería tremendamente difícil. En esencia, debería haber un proceso creativo; el matador, previa a la faena, tendría que vislumbrar, bosquejar y depurar la obra, fijándola (aunque no es obligatorio) de alguna forma (un video con un toro de carretilla, con dibujos o fotografías -por cierto, hubo un célebre caso en EE.UU. donde se discutió si se explotaba una coreografía al publicar imágenes estáticas de la misma, con resultado afirmativo-) a los efectos de demostrar la existencia de ese proceso y de que el resultado (la obra) no es fruto de la casualidad ni del azar. Dicha faena tendría que diseñarse como una coreografía, que fuese original y tuviese claros componentes artísticos y creativos.

La dificultad estaría en reproducirla posteriormente con un toro, aunque ayudaría que el torero pudiese conocer y seleccionase a priori al animal que participaría en la ejecución de la faena (casi para diseñarla casi a medida para este).

Otra cuestión es, como dice David (con quien estoy de acuerdo), la practicidad de esta lucha que, dicen, tiene como objetivo que los toreros recuperen el control de sus faenas frente a los empresarios. Incluso aunque un juez considerase que una faena en su conjunto, por su secuencia compleja, original y creativa de movimientos, merece protección de derechos de propiedad intelectual, tal decisión afectaría a cualquier reproducción exacta de dicha concatenación de gestos, pero no a otros ni, por supuesto, a cualquier tipo de faena. Prácticamente todas las faenas taurinas, al igual que los pases de una sevillana o los movimientos básicos de ballet, ni están protegidos ni se pueden proteger, por lo que la hipotética obtención de una resolución favorable únicamente afectaría a esa obra, y no produciría un efecto en cadena que implicase la protección por derechos de autor de cualquier faena, incluso las más simples.

Por tanto, por su escaso efecto práctico, no entiendo bien (quizá porque me faltan elementos que no aparecen en la sentencia) la estrategia seguida por el diestro extremeño, al igual que me sorprende que no se hubiese centrado en las coreografías y las pantomimas para, por analogía, intentar llevar por ahí su argumentación.

Sinceramente, hubiese disfrutado más con una sentencia mejor fundamentada, pero estoy seguro de que este debate no terminará aquí.

Películas y Cesiones de Derechos de Imagen | Friday 19 September 2008

Hace casi dos años comentaba el caso de varios estudiantes universitarios que habían demandado a la productora de Borat por la utilización de su imagen en la película, incluso cuando lo habían autorizado expresamente mediante el correspondiente contrato.

Esta semana leo que estas personas no fueron las únicas en demandar los productores de Borat, ya que hasta 7 personas que aparecían en la cinta iniciaron acciones legales por entender que se dañaba su imagen en la misma.

La primera fue Michael Psenicska, profesor de autoescuela a quien entregaron el típico contrato de cesión de derechos de imagen antes de iniciar la grabación y, según el demandante, sin haberlo podido leer ya que le metieron mucha prisa y además no había llevado las “gafas de cerca” porque no le dijeron que debía firmar nada. El resto se vio en la película: conducción irresponsable y comentarios sexistas y denigrantes contra judíos, mujeres y personas de raza negra, todo ello mientras que él intentaba lidiar con Borat.

La siguiente fue Cindy Streit y cinco amigos que asistieron a una cena de etiqueta organizada por ella y solicitada por Borat, en la que ella, profesora de protocolo, debía mostrar al falso reportero kazajo cómo debía comportarse en una mesa. En este caso, el contrato también fue entregado in extremis justo antes de la llegada de Cohen.

Y finalmente está Kathie Martin, igualmente profesora de etiqueta y a la que Borat le deleitó con un repertorio de chistes sexistas, racistas y antisemitas. En este caso, los productores de la cinta cambiaron el día de la reunión cuando, a última hora, descubrieron que el marido de Martin conocía el personaje de Sasha Baron Cohen, “Ali G”, trasladando la cita al día siguiente para que Borat no coincidiese con esta persona.

Todas estas personas tienen en común que firmaron un contrato autorizando la explotación de su imagen en la “película de estilo documental” (“documentary-style… motion picture“), por el cuál también renunciaban a iniciar cualquier tipo de acción contra la Productora en relación a la utilización de su imagen en la película.

Los perjudicados decidieron demandar por considerar que el contrato no era válido por varios motivos, entre ellos, cláusulas ambiguas (entienden que película Borat no es una “documentary-style… motion picture” , por lo que no habrían autorizado a explotar su imagen en ella), y que le habían inducido a firmar el contrato de forma fraudulenta, existiendo un vicio en el consentimiento prestado.

¿El resultado? Todas las alegaciones rechazadas, por lo que el contrato era perfectamente válido y la explotación de su imagen en la película-documental completamente lícita. Es complicando demostrar en un caso así un vicio en el consentimiento por error o dolo, máxime cuando todo este embrollo se podría haber solucionado si hubiesen firmado cuando debían firmar, una vez se hubiese grabado todo y supiesen qué estaban cediendo, pero claro, eso no le interesaba a la productora.

Tenéis una copia de la sentencia aquí.

Un par de off-topic para terminar: Lo primero, hace unos días se comentaba mucho la EULA del nuevo navegador Google Chrome, y a raíz de eso, el blog jurídico IPKat publicaba un concurso para conocer cuál era el mejor aviso legal que habías leído. El mío lo leí ayer en el libreto del nuevo disco de REM, Accelerate (aunque parece que también está en “Around the Sun”):

Temporary Music administered in all worlds, now known and hereafter devised, by Warner/Tamerlane Publishing Corp.

Que quiere decir que “Temporary Music -la editorial de REM- es administrada en todos los mundos, ahora conocidos o que se inventen en el futuro, por Warner/Tamerlane Publishing Corp”. La frase “now known and hereafter devised” se utiliza frecuentemente pero en conexión con la cesión de derechos para medios o soportes que se inventen en el futuro; se ve que aquí a alguien se le fue el “copiar y pegar” y ha previsto que en el futuro se inventen otros mundos. Con esto del cambio climático, nunca se sabe…

Y el segundo off-topic, me pasan del Master de Propiedad Intelectual de la Universidad Pontifícia Comillas información sobre el mismo, que empieza dentro de unos días. Nunca es tarde para especializarse en una materia tan apasionante como la Propiedad Intelectual, sobretodo en una universidad con este prestigio.

50 Centavos dan para mucho | Thursday 24 July 2008

Y sigo con juicios y demandas (no sé qué me ha dado últimamente, o mejor dicho, que le ha dado a todo el mundo por demandar…). Al rapero 50 cent, apodado así por ser una metáfora del cambio (léase en sus diferentes acepciones) y de que él es la misma persona que cuando tenía sólo este dinero (aunque luego hiciese un biopic titulado “Get Rich or Die Tryin’“), no le ha gustado nada la última campaña viral de moda en EE.UU., por lo que ha decidido demandar a su promotora, Taco Bell.

Según el escrito de demanda, Greg Creed, presidente de Taco Bell, escribió una falsa carta -siendo en realidad una campaña publicitaria según 50 Cent- que envió primero a los medios de comunicación para que se hiciesen eco de la misma -ahorrándose millones por el impacto mediático producido- y así publicitar la nueva promoción de la cadena de restaurante “79-89-99 Why Pay More!”. La carta decía lo siguiente (la traducción es mía):

Querido Mr. Jackson:

Sabemos que usted adoptó el nombre de 50 Cent hace años como una metáfora del cambio. Nosotros, en Taco Bell, también somos grandes defensores del cambio. De hecho, por algunas monedas sueltas, damos a los consumidores más variedad por menos dinero con nuestro nuevo Menú 79-89-99 Why Pay More. ¿Dónde si no puedes obtener un Cheesy Double Beef Burrito por solo $.89?

Así que ésta es nuestra oferta de cambio para ti: Durante un día este verano, cambia tu nombre por 79 Cent, 89 Cent o 99 Cent al ir a cualquiera de nuestras 5.600 tiendas y rapea tu pedido en el drive thru con tu nuevo apodo.

Serviremos a los clientes de dicha tienda mogollón de artículos del menú Why Pay More. Y premiaremos a más que a los clientes – haremos una contribución de $10.000 a la organización caritativa que elijas, que la podrán recoger directamente del banco.

Podrás encontrar inspiración para tu rap en www.tacobell.com/valuemenu con nuestro “Why Pay Mo’ Rhyme Generator”. Simplemente sube tu foto y mira como el cambio puede ocurrir. Le animamos a “Think outside the bun” (n.d.a.: es el slogan de Taco Bell), y esperamos que acepte nuestra oferta.

En la demanda, 50 Cent (o mejor dicho, sus abogados) afirman que la carta ha tenido una gran repercusión tanto en los medios como en la blogosfera, pensando muchos de ellos que había algún tipo de acuerdo entre el rapero y la cadena de comida rápida, que de haber ocurrido (lo cual dudan los abogados) hubiese sido a cambio de un contrato multimillonario.

La demanda se fundamenta, básicamente, en vulneración de derechos de propia imagen (publicity rights) y de derechos marcarios (la denominación “50 Cent” es una marca registrada, práctica habitual entre los famosos); reclaman daños y perjuicios y las costas del procedimiento, lo cual valoran en varios millones de dólares (piden al tribunal una sanción ejemplarizante).

Este caso me ha recordado a otras campañas publicitarias en las que se utiliza de forma (in)directa la imagen de un famoso, como la de Ryanair en la que se utilizó la popularidad de Carla Bruni y Nicolas Sarkozy para publicitar vuelos baratos:

O la más reciente y flagrante de Yoigo, que también utiliza la imagen de Luis Aragonés y de Raúl González Blanco para anunciar sus servicios de telefonía, sin que tenga constancia de reclamación alguna, lo cuál no alcanzo a comprender:

Me gustan estos casos de utilización no directa de la imagen de una persona; muchos de ellos nos obligan a plantearnos dónde está el límite.

Hala, feliz puente (para los que lo tengáis).

Tom Waits, imagen y personaje | Tuesday 15 July 2008

El genial compositor e intérprete californiano Tom Waits anda por España estos días (por vez primera en su carrera) para hacer una serie de conciertos dentro de su gira “Glitter and Doom”; caprichos del Dios y de PEHDTSCKJMBA (no os perdáis la rueda de prensa de presentación de la gira), Waits no actuará en Madrid, para desgracia de muchos que admiramos cada golpe de herradura que aparece en sus discos.

Tom Waits es un tipo raro, una de esas personas que han sido tocadas por la varita del talento y es capaz de construir música donde el resto de los mortales sólo vemos cacharros, tornillos y óxido. Su voz es absolutamente inconfundible, y suena tal y como describió el crítico Daniel Durchholz “como si se hubiese empapado en una cuba de bourbon, colgado durante meses de una chimenea, luego sacado al exterior y atropellado por un coche”. Es sin duda uno de esos casos en los que la voz es parte inseparable de su imagen.

Waits nos ha dado además varios de los más interesantes casos sobre propiedad intelectual y derecho de la propia imagen, no sólo en Estados Unidos, sino también en Alemania e incluso en España. Hace unos meses, hablando del caso de Guitar Hero comenté de pasada uno de los casos más importantes de la historia judicial de EE.UU. y que se estudia en todas las universidades, el que mantuvo Waits con Frito-Lay por la utilización de una voz similar a la suya en un anuncio de Doritos.

Tom Waits es conocido por ser reacio a cualquier tipo de patrocinio o vinculación de un artista con una marca comercial, ya sea directamente o a través de su música. De hecho, su canción “Step Right Up” es una crítica -a través de la parodia- a esta práctica, lo cual parece que, irónicamente, atrajo a Frito-Lay a utilizar la misma como inspiración para componer otra que grabaría un artista que imitaba a Waits. La respuesta del genio no se hizo esperar y unos días después de lanzar la campaña, Waits demandó a Frito-Lay por “voice misappropiation“, y por “falsa designación de productos”, lo que sería en nuestro país, grosso modo, una vulneración de sus derechos de imagen. Resulta interesante el análisis de todos y cada uno de los puntos del procedimiento, especialmente el que estudia la diferencia entre la “voz” y el “estilo”, algo que intentaron alegar los demandados y que fue fue rechazado por el jurado que entendía que el fallo a favor del artista no implicaba proteger un estilo, sino la apropiación de la “voz” de Waits.

La sentencia de apelación confirmaba casi íntegramente la de primera instancia, concediendo a Waits una indemnización de cerca de 2.5 millones de dólares.

En 2005 Waits emprendió una acción parecida en Alemania contra el fabricante de coches Opel por el mismo motivo, llegando finalmente a un acuerdo en 2007.

España también ha sido territorio de juicios para el californiano, que en 2005 demandó a varias empresas, entre ellas Volkswagen-Audi España, SA, por infracción de sus derechos morales y patrimoniales. La historia es la siguiente: Audi, para el lanzamiento del A4 de 2000 contactó con una agencia de publicidad, la cual ofreció un proyecto que ellos aceptaron; en dicho anuncio debía aparecer la canción de Tom Waits “You’re Innocent When You Dream”, para lo que contactaron con la editorial que tenía los derechos de esta canción en España, Hans Kusters Music, S.A., y así recabar los correspondientes derechos de sincronización de la misma.

“You’re innocent when you dream” de Tom Waits

Hans Kusters Music les comunicó que podrían llegar a un acuerdo para la sincronización de la canción por unos 36.000 €, aunque posteriormente les comunicaron que su utilización sería imposible ya que el autor de la misma, el Sr. Waits, no permitía la utilización de ninguna de sus canciones o de su imagen en conexión con una marca publicitaria, por lo que se denegó la autorización. La agencia de publicidad decidió seguir adelante, contratando a un compositor para que crease una canción sustancialmente similar a la deseada, que titularon “Audi, ¿y si las cosas soñaran una vida mejor?” y que registraron en la Sociedad General de Autores y Editores. Su acción no se limitó a la mera composición de una obra parecida, sino a grabarla con una voz muy similar a la de Waits (tanto que yo pensaba que era suya) y a sincronizarla dentro del anuncio del Audi A4.

“Audi ¿y si las cosas soñaran una vida mejor?”

El fallo, ratificado por la Audiencia Provincial de Barcelona en sentencia de 17 de noviembre de 2005, estimaba las pretensiones en materia de propiedad intelectual (tanto por vulneración de derechos patrimoniales como morales, aunque no se alegó infracción de derechos de imagen -estoy deseando que se inicie algún procedimiento en España en el que se mezcle este derecho con la interpretación musical-), y denegaba las aducidas sobre competencia desleal (con lo que discrepo, sobretodo por el art. 11 de esta ley que sanciona los actos de imitación que generen un riesgo de asociación en los consumidores). El resultado fueron 36.000 € por daños patrimoniales y 30.000 € por daños morales, algo insignificante para un autor como Tom Waits que se niega rotundamente a que ninguna de sus creaciones (a las que considera como lo único que tiene un músico) aparezca asociada a una marca comercial.

Waits no sólo ha sabido darnos placer a través de su música sino también nos ha ofrecido varias sentencias que han enriquecido la escasa jurisprudencia en la materia, para el gozo de los que amamos esta especialidad del derecho. Es lo que tienen los Dioses…

Propiedad Intelectual en campaña electoral | Monday 3 March 2008

La campaña electoral que estamos viviendo estas semanas está siendo influenciada, de una u otra forma, por la Propiedad Intelectual. Es curioso porque si hace tres años una persona me hubiese afirmado que en las futuras elecciones, el canon digital iba a ser uno de los caballos de batallas de los partidos políticos, hubiese recomendado su internamiento en una institución psiquiátrica. Los torturados electores hemos descubierto ahora que el canon digital no es lo único que inquieta la “tranquila” campaña, ya que uno de los autores más revolucionarios y activistas va a reivindicar sus derechos de propiedad intelectual en contra del Partido Popular.

Hoy leí primero en Blogespierre y después en otros sitios, que Manu Chao quiere denunciar al PP Asturiano por utilizar su canción “La Trampa” (de su último disco “Última estación, Esperanza”) en uno de sus vídeos electorales.  La canción, parece, habla de la decepción de los autores con el actual presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, ya que “cayeron en la trampa de ser su amigo“.

Motivos sentimentales aparte, el caso es interesante porque hace que se estudie la ley desde diferentes perspectivas, analizando igualmente el uso que se ha realizado de la obra, y los posibles cauces que podría tener un autor para evitar que su obra se relacione con un partido político que promulga ideales muy diferentes a los suyos.

Cuando el autor ha encomendado la gestión de sus derechos a una entidad de gestión, la autorización para la comunicación pública de su repertorio viene necesariamente por esta vía y este tipo de actos en mítines políticos entrarían dentro de la licencia que tiene SGAE para estos fines; 91,13 € para capitales de provincia, hasta un mínimo de 36,46€ para poblaciones de hasta 3.000 habitantes (todo ello, sin perjuicio de los derechos remuneratorios de artistas, intérpretes y productores de fonogramas). En este caso, si queremos impedir la comunicación pública de una canción en este tipo de actos, tendríamos que ir al artículo 14 LPI (derechos morales) o a la Ley 1/1982, de Protección Civil del Derecho al Honor, a la Intimidad Personal y Familiar y al a Propia Imagen, cuyo artículo 7.2 dice:

Tendrán la consideración de intromisiones ilegítimas en el ámbito de protección delimitado por el artículo segundo de esta Ley:

Seis. La utilización del nombre, de la voz o de la imagen de una persona para fines publicitarios, comerciales o de naturaleza análoga.

Ambas preceptos podrían darnos una cobertura legal parcial, aunque está por ver si un juez considera las mismas aplicables a un caso de este tipo, donde hay varios derechos que confluyen.

Pero este caso es diferente, la utilización de la música no era sólo en un mitin electoral, sino sobretodo incorporado a un vídeo editado por el propio partido. En este caso, la autorización general otorgada por SGAE no ampara este tipo de explotaciones y habría que ir directamente al autor o a su editorial para solicitar una autorización expresa a través del llamado “derecho de sincronización” (el que se produce cuando se incorpora -reproduce- una obra -musical- en otra -audiovisual-).

Aunque las noticias hablan de que Manu Chao “denuncia” al PP, una fuente cercana al caso me indica que no se ha interpuesto reclamación judicial alguna, aunque se están tomando los pasos para ello si no se llegase a una resolución amistosa.

Sería interesante que prosperase la demanda para comprobar sobretodo si es posible argüir derechos morales o derechos a la propia imagen para asociaciones de obras con partidos políticos. La propiedad intelectual no descansa ni en campaña.

Homenajes, parodias, infracciones | Thursday 7 February 2008

Aunque no soy un experto en arte plástico (que como se decía en una sentencia, no es el realizado con plástico, sino el relativo a las artes pictóricas o escultóricas), por contaminación familiar siempre me ha interesado esta forma de expresión. De entre todos los estilos, el arte pop siempre me ha llamado mucho la atención tanto por su expresión como por su virtud de rozar siempre la legalidad.

Andy Warhol es quizá el máximo exponente de este movimiento del siglo XX, con cuadros en los que retrataba a celebridades y a latas de sopas de renombradas compañías.

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No cabe duda de que estas dos creaciones son auténticas obras de arte, o así se considera internacionalmente, aunque es más discutible si la utilización de la marca “Campbell’s” y del diseño de su lata (que podría estar perfectamente protegido), o el uso de la imagen de Marilyn Monroe, estén dentro de la legalidad.

Más interesante (desde un punto de vista legal) me parece la obra de Antonio de Felipe, artista español que se hizo conocido gracias a sus inFantas y a su colección CinemasPop (esta colección me provocó un gran shock profesional, cuando la vi expuesta no dejaba de analizar cada detalle legal de los cuadros y esculturas)

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En estas ilustraciones vemos la utilización de marcas registradas con sus respectivos logos (Kleenex, Apple, Fanta), y uso de obras creativas protegidas por derechos de propiedad intelectual (la Mujer Llorando de Picasso, la Blancanieves de Disney y una Menina de Velázquez – aunque esta última ya ha pasado al dominio público). ¿Son legales estos usos?

Hoy veo a través de The Trademark Blog un post con un sugerente título: Creative Piracy, haciendo referencia a Russell Connor, un artista plástico que “se inspira”, “utiliza”, “homenajea” a otros autores a través de sus obras; una de ellas es ésta:

 

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Creo que no hace falta decir que en esta obra se transforma el Guernica de Picasso, reproduciéndolo parcialmente en el fondo de esta pintura.

Si acudimos a la Ley de Propiedad Intelectual española, poco se podría argumentar para defender la legalidad de la reproducción de cualquiera de estas obras; no es una copia privada porque tiene una finalidad colectiva y lucrativa (vende y exhibe los cuadros), no es una cita o reseña porque no cumple la finalidad docente o de investigación,  no son trabajos sobre temas de la actualidad, no son obras situadas en la vía pública, y si acaso se pudiera plantear alguna sería la de la parodia, aunque de todos los casos expuestos, sólo el de la Mujer Llorando creo que podría entrar dentro de este límite. El resto de reproducciones entiendo que requeriría la autorización de sus legítimos titulares de derechos.

En EE.UU. es un tanto diferente por la doctrina del fair use, aunque después del estudio de sus cuatro puntos, el resultado creo que sería similar al español: requiere autorización.

Respecto al “publicity right” o el “derecho a la propia imagen” de los famosos retratados, la ley y la jurisprudencia en EE.UU. permite su uso cuando tenga finalidades artísticas, mientras que la ley española se limita a permitirla cuando se realizan caricaturas de acuerdo al uso social. Antonio de Felipe ha realizado retratos de celebridades que creo que no alcanzan el grado de caricaturas, por ejemplo éste de Claudia Schiffer:

antoniodefelipe4.jpg

Puede que la realización de este cuadro parezca inocua, aunque es indudable que su repercusión e impacto visual no sería el mismo si, en vez de utilizar la imagen de una top model, se hubiese usado la de una persona no famosa. ¿Debería participar la persona retratada en los beneficios que obtuviese la obra? ¿Dónde está el límite?

Con respecto a las marcas, es curioso cómo Disney, tan celosa siempre de sus derecho, no haya denunciado utilizaciones como ésta, en la que Catwoman aparece apunto de comerse a Mickey Mouse. ¿Se está parodiando al personaje Mickey Mouse o se está utilizando para parodiar un hecho ajeno al mismo?

Me gustaría saber vuestra opinión jurídica y social.

Basado en hechos reales (y II) | Monday 21 January 2008

El viernes me fui de fin de semana hablando sobre la “ficcionalización” de hechos reales utilizando los nombres e identidades de personas reales y dejando en el aire la pregunta de si es posible realizar una obra audiovisual basada en personajes y hechos reales, sin la autorización de estos. Iban me insta a que resuelva la ecuación, aunque sabemos que en el derecho no hay nunca un “sí” o un “no”; todo es relativo.

La Ley Orgánica 1/1982 de Protección Civil del Derecho al Honor, a la Intimidad Persona y Familiar y a la Propia Imagen protege a cualquier persona ante intromisiones ilegítimas contra su intimidad y a su honor, así como contra el uso de su propia imagen. Aunque es una ley bastante importante, su articulado se extiende en apenas nueve puntos en los que la jurisprudencia debería haber jugado un papel rector que nunca ha hecho. Hay, por lo tanto, tres ámbitos completamente protegibles: el honor, la intimidad personal y la propia imagen. Son interesantes para estudiar este asunto, los siguientes preceptos:

Artículo Séptimo:

Tendrán la consideración de intromisiones ilegítimas en el ámbito de protección delimitado por el artículo segundo de esta Ley:

Tres. La divulgación de hechos relativos a la vida privada de una persona o familia que afecten a su reputación y buen nombre, así como la revelación o publicación del contenido de cartas, memorias u otros escritos personales de carácter íntimo.

Seis. La utilización del nombre, de la voz o de la imagen de una persona para fines publicitarios, comerciales o de naturaleza análoga.

Artículo Octavo:

Uno. No se reputará, con carácter general, intromisiones ilegítimas las actuaciones autorizadas o acordadas por la Autoridad competente de acuerdo con la Ley, ni cuando predomine un interés histórico, científico o cultural relevante.

Y poco más; con el análisis de estos artículos debemos deducir si realizar una obra basada en hechos reales y con la utilización de nombres reales es legal según la legislación de nuestro país.

La ley considera que revelar hechos relativos a la vida privada de una persona es una intromisión ilegítima, así como la utilización de su nombre, voz o imagen para fines publicitarios, comerciales o análogos. La discusión estaría entonces en considerar si la realización de una obra audiovisual cumple esta finalidad comercial del 7.6 y cómo debe ser interpretado este artículo cuando entre en conflicto con otros preceptos legales, como el de libertad de información del 20 de la Constitución Española.

Después de leer esto podría tener una idea más precisa del asunto, aunque como dijimos, la jurisprudencia no ha ayudado a esclarecer la cuestión. José mencionaba en el anterior post una sentencia que pensaba traer hoy aquí y que es casi la única jurisprudencia de nuestro país, aparte de la de “Pídele cuentas al Rey” que ya comenté en el anterior post.

La sentencia que comentaba José es la 33/2004 de la Audiencia Provincial de las Islas Baleares, en la que se juzgaba al autor de una novela y a la editorial de la misma por vulneración del derecho al honor y a la intimidad de varias personas (los demandantes) que entendían que en la novela se habían infringido sus derechos al relatar unos hechos con unos personajes coincidentes a otros ocurridos en la realidad.

En el asunto en cuestión existían multitud de similitudes entre la novela y los hechos: pueblos con nombres con similitudes y localizados en la misma región, personajes con análogo parentesco, similitud en la descripción física de ellos, así como otros datos que  -según la sentencia- hacían plenamente identificables los personajes del libro con los demandantes. El principal problema de este caso es que el autor del libro había realizado en el libro manifestaciones que se declararon posteriormente como injuriosas, insultantes y ofensivas, las cuales atentaban contra el derecho al honor de los demandantes.

La Ley prohíbe la divulgación de hechos relativos a la vida privada de una persona, pero en este caso no se hablaba de una persona sino de un personaje identificable con una persona; la sentencia lo consideró suficiente para fallar en contra del demandado.

Este tema lo tuve que analizar hace unos meses ante una cuestión planteada por una productora y cuando lo discutíamos varios compañeros del despacho, las justificaciones que se daban en uno y otro sentido eran varias. Un compañero argumentaba que el ordenamiento jurídico no debería permitir que en una obra audiovisual, un actor interpretase el papel de una persona real sin su autorización, que sería una especie de suplantación de la personalidad (usurpación del estado civil del art. 401 CP, que no sé hasta qué punto podría entrar dentro del tipo penal); otro compañero argumentaba que sí se podría hacer una película utilizando el nombre real de una persona siempre y cuando los hechos relatados fueran veraces y no supusiesen una violación de su intimidad (apelando a la libertad de expresión); otro compañero… había opiniones para todos los gustos.

En EE.UU. la situación es un poco más clara (no mucho más) gracias a la jurisprudencia que ha habido al respecto y a que la Primera Enmienda (freedom of speech) ha sido interpretada de forma poco restrictiva por los tribunales de este país. La utilización del nombre o imagen de una persona está permitida siempre y cuando tenga una finalidad artística o de información de la actualidad; en cambio, la utilización infringe los “publicity rights” de la persona cuando se pretende explotar su imagen más que usarla con esta finalidad artística o informativa.

¿Mi punto de vista? Será la contaminación recibida tras estudiar y trabajar en EE.UU., pero creo que la postura americana tiene lógica, permitir la utilización del nombre e imagen de una persona siempre y cuando ésta tenga una finalidad específica y no se atente contra su intimidad, honor y propia imagen. Aquí, el artículo 7.6 de la Ley 1/82 hace que la respuesta no esté tan clara.

Me gustaría conocer vuestro punto de vista sobre el tema, tanto en base a la legislación y jurisprudencia existente, como en base a vuestro juicio.

Basado en hechos reales | Friday 18 January 2008

Esta semana hemos podido disfrutar por partida doble la historia de uno de los atracadores de bancos más famosos de los últimos tiempos: “El Solitario”. Y digo por partida doble porque Jaime Jiménez Arbe, alias “El Solitario” ha estado esta semana prestando declaración ante un juez de Tudela en relación al asesinato de dos guardias civiles en 2004, al tiempo que hemos visto en Antena 3 la miniserie “Soy el Solitario” (con una excelente producción, por cierto), que según la propia web de la cadena:

“Soy el Solitario” está inspirada en los hechos delictivos y la posterior detención en Portugal de Jaime Jiménez Arbe, un vecino de la localidad madrileña de Las Rozas, presunto autor de estos hechos, que pasará a la historia como los del atracador de bancos más buscado de España.

Los hechos reales aún no han sido juzgados. Sin embargo, la producción no profundiza tanto en la vida de El Solitario, como en investigación desarrollada durante varios años, primero por partes de la Guardia Civil y luego también, por la Policía Nacional.

Llama mucho la atención el tono que le han dado a la producción, a medio camino entre la ficción y el documental. El nombre del protagonista es Jorge Martínez Báez; coincide con el nombre real en que ambos empiezan por J, el primer apellido es bastante común, palabra aguda, acentuada y terminada en “nez“, y el segundo apellido comparten tres de sus cuatro letras. Además, no sólo presentan la serie como una “inspiración” en hechos reales, sino que los rasgos físicos del presunto ladrón son evidentes:

el-solitario1.jpg

A la izquierda, “El Solitario” de la ficción; a la derecha, el real.

El personaje de ficción es perfectamente identificable con la persona real.

La única diferencia que, creo, tienen ambas historias son las licencias creativas que se han tomado los guionistas con la trama policial y el transcurso interno de las investigaciones. Al final de la miniserie aparecía una leyenda que, grosso modo, indicaba que ésta estaba inspirada en hechos reales, aunque con personajes y nombres ficticios y que en ningún momento querían poner en duda la presunción de inocencia de la persona cuyos hechos se relataban en la misma (¡ja!, y eso te lo decían después de que “El Solitario” de la ficción matase a dos guardias civiles, coincidiendo con los hechos que se le imputan y que sigue sin reconocer, un grave atentado, creo yo, contra la presunción de inocencia del artículo 24 de la Constitución Española, sobretodo porque los hechos no han sido juzgados aún.).

Esta miniserie me ha recordado una discusión que tuvimos varios compañeros del sector sobre la legalidad de hacer obras de ficción basadas en hechos reales, y lo cierto es que había opiniones para todos los gustos.

Las leyes de propiedad intelectual no protegen los hechos o los acontecimientos de la actualidad, sino la forma creativa en la que éstos pudiesen estar plasmados. No cabe la menor duda de que la vida de una persona no está protegida por derechos de autor a no ser que la plasme en un libro y éste sí cumpla los requisitos que impone la ley.

En este sentido, una de las sentencias más famosas en nuestro país en relación a este tema se produjo tras la película “Pídele cuentas al Rey”, en la que se relataba la experiencia (más o menos real) de una familia de mineros asturianos que, tras quedarse en el paro, deciden peregrinar hasta Madrid para pedirle un trabajo al Rey. El largometraje se realizó sin autorización de la familia en cuestión y, aunque en primera instancia ganaron, la Audiencia Provincial de Madrid revocó la misma considerando que no había enriquecimiento injusto ya que la idea de ir andando de un lugar a otro para solicitar un puesto de trabajo no era protegible, más aún cuando ello no había sido plasmado en formato alguno. Además, consideró que sus derechos de imagen no se habían vulnerado ya que sus personas no eran identificables con los personajes de la película.

Tenemos ejemplos de películas realizadas con y sin autorización de las personas cuyas vidas relataban; entre las primeras están Camarón, Ray Charles, o “A beautiful mind”, mientras que entre las segundas, “Lola”, o las innumerables películas sobre Lady Di.

¿Se puede realizar una obra de ficción basada en personajes reales sin autorización de estos?

Ahora me tengo que ir, pero el lunes prometo arrojar más reflexiones y casos reales.  Mientras tanto, podéis ir dejando vuestras opiniones. Buen fin de semana a todos.

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